Iniciamos el mes de abril, el cuarto de este año 2014 y al dar un vistazo a la prensa escrita, audiovisual y digital, nos damos cuenta de varios procesos que se viven más allá de nuestras fronteras: persisten los enfrentamientos entre el gobierno y la oposición en Venezuela donde no cesan las manifestaciones organizadas tanto por los opositores como por los chavistas, mientras que las tensiones entre Ucrania y Rusia, a raíz de la anexión de Crimen al segundo, generan desencuentros entre los líderes de las principales potencias del planeta.

    Mientras tanto, al interior de nuestras fronteras, los costarricenses debemos decidir por segunda vez en nuestra historia política reciente, a la persona que ejercerá la Presidencia de la República mediante una segunda ronda electoral en la que participan Johnny Araya Monge, por el Partido Liberación Nacional, candidato oficialista que se retiró hace unas semanas de la campaña electoral y Luis Guillermo Solís Rivera, candidato del Partido Acción Ciudadana, historiador de profesión.

    Esta segunda ronda se produce en la recta final de la administración de Laura Chinchilla Miranda, cuya gestión ha sido objeto de diversas críticas que han enfatizado más sus desaciertos que sus aciertos, lo que se evidenció en la pérdida del apoyo al Partido Liberación Nacional y el ascenso del Partido Acción Ciudadana y particularmente del Frente Amplio en la primera vuelta en el pasado mes de febrero. Además, los debates televisados y la participación de la ciudadanía en la contienda política a través de las redes sociales, evidenció también el clamor por un cambio en el manejo de los asuntos públicos que se ha venido dando en el país en las últimas décadas.

   Independientemente de quién resulte ganador en la segunda ronda, la nueva administración tendrá una gran responsabilidad de brindar propuestas que contribuyan a solucionar o brindar una respuesta a los principales problemas que enfrenta el país en materia fiscal, laboral, económica, social, de seguridad y de infraestructura vial, en el marco de una situación mundial caracterizada por los efectos de una de las crisis económicas más severas que ha experimentado el mundo desde la década de 1930. 

   El nuevo gobierno deberá también buscar consensos que eviten la parálisis en la Asamblea Legislativa, cuya nueva legislatura estará compuesta por diputados procedentes de nueve partidos políticos, que sustentas diversos puntos de vista, inclusive contrapuestos, sobre la solución que debe darse a los problemas del país. Además, brindar respuestas para disminuir la corrupción, una de las principales quejas de la ciudadanía que sin duda han incrementado el descontento hacia la clase política y el desinterés de no pocos ciudadanos en participar los procesos políticos que ha incrementado el porcentaje del abstencionismo en el país, así como brindar respuestas a las demandas que han planteado los diversos movimientos sociales que se han manifestado en las calles de nuestro país en los últimos años, los cuales están canalizando también el descontento por la falta de acciones para atacar los problemas sociales y económicos que los
costarricenses enfrentamos día a día.

   Sin duda, muchos retos enfrentarán las nuevas autoridades una vez que asuman las riendas del gobierno al interior del país. Sin embargo, no menos importante es la posición que debe asumir Costa Rica en el marco internacional, teniéndose en cuenta que el nuevo presidente recibirá de la mandataria Laura Chinchilla la presidencia pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), cargo que ostentará a lo largo del presente año y hasta enero del próximo, una oportunidad que sin duda potenciará la participación del país en los procesos de integración latinoamericana. Además, queda pendiente para la nueva administración la solución de las disputas limítrofes con Nicaragua que se ventilan en la Corte Internacional de Justicia de La Haya y la posibilidad de replantear su papel en un mundo cada vez más multipolar y caracterizado por una mayor participación de los diversos bloques económicos que se han constituido a lo
largo y ancho del planeta.

    Finalmente, los costarricenses debemos contribuir en la construcción de un nuevo país, dejando de lado nuestras diferencias políticas, ya que todos nos beneficiamos o perjudicamos de las decisiones que tomen quienes nos representan, además que es una responsabilidad de tanto del gobierno como de la ciudadanía, trabajar juntos para sacar adelante a nuestro país y posicionarlo de nuevo como un referente entre los pueblos latinoamericanos, disminuyendo la creciente brecha social, generando una participación más equitativa de la riqueza que se genera en el país, mejorar la condición socioeconómica que atraviesan miles de familias, generar una política eficaz en materia ambiental para la protección de nuestra biodiversidad, un aprovechamiento más racional de nuestros recursos y aprovechar las posibilidades que la ciencia y la tecnología ofrecen para hacer de Costa Rica un país mejor para todos sus habitantes.  

Cátedra de Historia de la UNED