Por Mag. Marco Antonio Santamaría Vizcaíno*

“La ignorancia mata a los pueblos, por eso es preciso matar la ignorancia” (José Martí)

Los resultados de la pasada campaña electoral, desnudaron la grave crisis política, económica y social, que vive el país. Todas las personas y las naciones podemos entrar en una crisis, el asunto es no caer en enojos absurdos, respuestas místicas o enfrentamientos ideológicos; sino, todo lo contrario, asumir nuestra cuota de responsabilidad y buscar soluciones, según el nivel que nos corresponda, con responsabilidad, madurez, inteligencia, verdadero fervor patriótico, actitud ética, profundo sentido crítico y apego a los valores de respeto, tolerancia, sensatez y honestidad.

El conocimiento de la historia, también juega un papel importante en la interpretación y enfoque de la situación actual, razón tenía el filósofo, político y educador Confucio, cuando dijo hace miles de años: Estudia el pasado si quieres construir el futuro.”. Lamentablemente los costarricenses nos caracterizamos por nuestra flaca memoria histórica y el olvido de individuos y hechos que marcaron aspectos, positivos y negativos, de nuestro pasado. La historia se ha convertido en una aburrida actividad de clase y no en la valiosa experiencia de aprendizaje para el futuro.

Debemos aclarar antes, que esta crisis no es gratuita, ni producto de un castigo divino, ni se fraguó en los últimos años, ni es culpa de un solo grupo político. Todos, absolutamente todos los hombres y mujeres de este país, tenemos una cuota, mayor o menor, de responsabilidad, ya sea por apatía, ignorancia, fanatismo, miopía política, deseo de poder, complicidad silenciosa o calculo electorero. No hemos tenido, en la época reciente, una manifestación, categórica y masiva, para pedir cuentas a una figura pública, acusada de nepotismo, tráfico de influencia o corrupción; más bien, se ha seguido votando por líderes y partidos políticos cuestionados y sin cumplimiento de promesas hechas en campañas.

Como explicar que las tres provincias más empobrecidas y excluidas del país y algunos sectores marginales de la gran área metropolitana, que por décadas les dieron el poder a caudillos y colores tradicionales, hayan obtenido a cambio de esa sumisa lealtad, solo migajas y ahora le hipotequen su capital político a una secta electorera religiosa, que incluso en el pasado confabuló, con diputados de los partidos tradicionales, para la aprobación de leyes injustas que aumentaron su condición de pobreza. ¿Cómo llamarle a eso: ignorancia, conformismo, ingenuidad política o manipulación social?

Todavía en el siglo pasado, se escogían para diputados de la República, a  personas con destacada tradición, capacidad intelectual y visión progresista. Sólo para citar un ejemplo de apellido común, recordaremos a Alejandro Alvarado Quirós, escritor, abogado, educador, diplomático y un intelectual con una larga trayectoria política, con una actitud de compromiso social y un convencimiento que la función pública, no se pueden mezclar como posiciones extremas o dogmatismos religiosos.

Como entender ahora, que una buena parte de la población costarricense, de orígenes y tradición republicana, decidieran llevar a uno de los poderes de la República, a un grupo de personas, sin experiencia en la función pública, sin atestados políticos y con una visión de mesianismo religioso, intolerante y sectario, tan alejada de la realidad, que la mayoría de sus decisiones, particulares y públicas, están fundamentadas en ese intangible orden imaginado, que con gran propiedad describe el historiador hebreo, Yuval Noah Harari, en su interesante libro “Sapiens de animales a dioses” (2014).

En el pasado, los partidos políticos surgían alrededor de una ideología política, poseían una hoja de ruta consecuente con esos principios, hacían periódicamente congresos ideológicos y tenían líderes comprometidos con esa visión de mundo. Hoy, los partidos surgen como abejones de mayo, con diferentes colores, sus ideologías solo son de nombre y carecen de programas serios que respondan a las necesidades de los ciudadanos. Incluso algunos han surgido al inquietante amparo del alero religioso, a pesar de que nuestra Constitución política en su artículo 28 señala: “No se podrá, sin embargo, hacer en forma alguna propaganda política por clérigos o seglares invocando motivos de religión o valiéndose, como medio, de creencias religiosas”.

Se sabe que la proliferación de las sectas fundamentalistas en toda América Latina, fue una estrategia política, planeada y financiada desde el norte, para contrarrestar el avance de la Teología de la Liberación, esa doctrina humanística surgida en los años sesenta en América del Sur, con figuras como Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Rubem Alves,  todos destacados pensadores cristianos, comprometidos con una nueva interpretación de los textos bíblicos en favor de los más desposeídos. Por lo tanto, pareciera que un partido de esencia fundamentalista como Restauración Nacional, es la antítesis de la Teología de la Liberación, máxime que su candidato a la presidencia, está ligado con figuras y grupos religiosos de gran poder, que manejan cuentas en millones de dólares.

¿Y cuál es la responsabilidad de la educación? De mucho peso. Es una realidad que todos los educadores del país, en todos los niveles, tenemos un buen grado de culpa, por esa ausencia de madurez cívica, compromiso ciudadano y juicio crítico. Se nos olvidó que la educación no es solo la transferencia de conocimientos, sino que la formación integral del individuo. A finales del siglo pasado, una destacada educadora, Luisa Gonzalez Gutiérrez, poseedora de una enorme sensibilidad social y un decidido compromiso político dijo: “Me preocupa ver una juventud que no está organizada para enfrentar el siglo XXI. ¿Qué nos espera entonces? ¿Por qué no se oyen las Universidades? ¿Por qué callan los maestros?”

¿Y los medios de comunicación?  También tienen un buen grado de responsabilidad, pues salvo algunas excepciones, su labor está marcada por el cuido de sus intereses económicos, el doble discurso, la superficialidad noticiosa y la manipulación mediática. Quizás aquí es valioso recordar la frase de Joseth Pulitzer: “Una prensa cínica, mercenaria y demagógica, producirá un pueblo cínico, mercenario y demagógico”. Antes, la mayoría de los periodistas tenía una sólida formación profesional, estatura ética y una clara posición ideológica (Suñol, Angulo, Gené, Beto Cañas).  En la actualidad, un buen número de esos profesionales, persiguen tenebrosos sucesos o andan tras la noticia sensacionalista, que alimenten el morbo de las personas. Otros, por su parte, se contentan  con dirigir programas y espacios televisivos, insulsos, de escasa calidad educativa o que insultan la inteligencia de los ticos.

Finalmente, las consecuencias de esta crisis nos van a afectar a TODOS, sin distingo de clase, credo o profesión y por más fe que tengamos, no aparecerán soluciones mágicas o milagrosas, para resolver nuestros problemas personales o nacionales. Los “líderes” políticos siguen enfrascado en defender intereses partidarios y eludir responsabilidades. La gran prensa, escrita y televisiva, sigue ofreciendo “pan y circo” para atontar al pueblo y mientras tanto, crece la inseguridad, se desborda el problema de las drogas, se extiende el caos vial y seguimos sin enfrentar, con soluciones reales, los problemas del agro, la educación, el ambiente, la cultura, el desempleo, la inmanejable deuda externa y el déficit fiscal.

Vienen tiempos difíciles, todos lo sabemos, así que llegó la hora de reflexionar, estudiar, leer, replantear posiciones, cambiar paradigmas, mudar la piel de fanatismo, exigir a nuestros gobernantes,  ejercer nuestros deberes con responsabilidad y actuar con una visión más humanista, solidaria, de proyecto país, con verdadera conciencia cívica y apego a los derechos universales que tenemos todas las personas, sin distingos de ningún tipo. Recordemos que las sociedades teocráticas, del pasado o el presente, son más peligrosas, reaccionarias y corruptas, que cualquier dictadura, de izquierda o derecha conocida.

“Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda” (Martín Luther King)

 

*Mag. Marco Antonio Santamaría Vizcaíno. Encargado de Cátedra, Uned