Editorial 

 En los regímenes políticos es vital la participación convenida y organizada de los ciudadanos para la construcción de un efectivo y legítimo sistema democrático. Principalmente, la estrecha y verdadera convergencia de participación ciudadana y de los partidos políticos suele dar respuesta exitosa a las inquietudes y problemas que aquejan a la población.

La anotación puede ayudar a comprender por qué Costa Rica destacó durante la  segunda mitad del siglo XX y la explicación de su notable trayectoria democrática, la cual ayudó al país a adquirir avances trascendentales y encomiables en el plano humano y seguridad social. No hay que olvidar, que el desarrollo de un Estado benefactor durante este tiempo, logró consolidar un régimen democrático cimentado en varias instituciones, que fueron creadas con fines loables, y como tal, se encargaron de brindar mayor cobertura de los servicios sociales y otros esenciales para el bien común de la ciudadanía.

No obstante, estas condiciones mencionadas se han venido deteriorando por diferentes motivos; en particular, por la acumulación de una serie de traumáticos cambios políticos, sociales y económicos que en su conjunto han ido en detrimento de la democracia costarricense. Contribuye a alimentar e inspirar este crudo escenario, la deficiente gobernabilidad, el descontento público, la improvisación, el descuido, las promesas incumplidas, el amiguismo, la impunidad, los vicios políticos y los innumerables casos de corrupción en los que se han visto involucrados y judicializados políticos influyentes y altos jerarcas de los supremos poderes de la República.

Esta antología de sempiternos escándalos aunado a otros factores como la ruptura del bipartidismo, han sido aprovechados por los partidos emergentes, para captar un importante caudal electoral, proveniente de sectores insatisfechos e inconformes de las agrupaciones políticas tradicionales. Sin embargo, toda esperanza también parece esfumarse, cuando estos han sido incapaces de satisfacer y retener este electorado, que igual dice continuar frustrado al no tener respuestas asertivas y acciones rápidas a problemas fundamentales.

Sin duda,  todo lo anterior se vierte en la pérdida de popularidad y confianza de los ciudadanos en la acción gubernativa y en las diversas “estructuras” políticas que se han venido configurando. De esta manera, ha adquirido una alta carga emocional, que ha puesto a pensar y titubear a casi la mitad del electorado sobre la verdadera utilidad del sufragio y la efectividad de sus gloriosos 90 minutos que tiene destinado para votar y hacer democracia cada cuatro años.

Por consiguiente, el actual proceso electoral, no ha sido complicado y complejo como algunos medios señalan; por el contrario, lo que muestra es un severo desgano, envilecimiento y decadencia, en el que se descubre pragmatismo irresponsable, simplicidad, mediocridad  de propuestas y grandes dosis de populismo; manejados principalmente, por voces o partidos de “cascarón” plagados y liderados por geniecillos carentes de profundidad, incapaces de sostener sus  “novedosas” propuestas y formar equipo digno e idóneo para gobernar.

En ese contexto debe preocuparnos más que el comportamiento creciente de ausentismo o personas que deciden no expresar su voluntad en las elecciones, que las estructuras políticas sigan haciendo caso omiso para atraer y convencer al grupo de ciudadanos que se sienten cada vez apáticos, burlados y excluidos de los proyectos políticos.

El rechazo por los estilos y estructuras políticas actuales por parte de los ciudadanos es CONTUNDENTE, en razón,  se revela la conveniencia de crear y fortalecer propuestas partidistas competentes de hacer posible consensos democráticos en el ámbito comunal, local y regional. Cosa que no ha sido así, puesto que en la actual campaña el tema ni tan siquiera se ha insinuado, como también ocurre con la ruralidad, las poblaciones indígenas, la actividad agrícola y el campesinado, que sin distinción alguna de candidatos, parece ya no existir.

La indiferencia por los problemas estructurales y el campo es quizás uno de los grandes temas olvidados de este proceso electoral, mientras que lo urbano y coyuntural se ha empoderado y enquistado de los discursos populistas manejados por candidatos presidenciales que se confunden y guarecen entre fracciones políticas autoritarias y todo tipo de extremismo y fundamentalismo religioso, político, económico y  ambiental.

Lo más grave de todo es que algunos candidatos parecen aún no comprender que van a gobernar no una ciudad sino un país con muchos problemas, que requiere la participación de un gran equipo y de toda la ciudadana costarricense y para ello se requiere convencer. En igual línea, preocupa una ciudadanía en que gran parte del colectivo se ha conformado en transigir sobre algunos temas que no son pertinentes y oportunos de discutir en este preciso momento.

Todavía más peligroso, mirar el próximo domingo 4 de febrero como una práctica de referéndum para decidir sobre temas en particular y no como una elección presidencial en que nunca en la historia está en juego la veracidad, funcionalidad, competitividad, credibilidad, confianza de un país entero. Así las cosas resulta preocupante como la presente elección ha sido reducida por algunos medios de comunicación a nivel de Talk Show o casting, donde todo pare ser que se  está a las puertas de escoger la estrella de la próxima película, la nueva promesa de rock  o música religiosa, el artista más guapo sino el más tierno papá o abuelo que saca con su nietecito al perro por las mañanas, para dar un paseo por su humilde vecindario.

Hoy más que nunca tenemos que ser exigentes consigo mismo y ser serios es más que una obligación, para escoger quién guiará el rumbo del país. Son momentos  propicios en los que por más difícil que todo pueda parecer tenemos que hacer ingente esfuerzo para creer en los  representantes y en el sufragio mismo. Es comprensible que el 4 de febrero, pese que no se pitonisa fenómeno natural catastrófico si es cierto que será la noche más larga desde hace decádas. 

Cátedra de Historia de la UNED