H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Realizado por Lic. José Alberto Calderón Navarro*

Como resultado de los eventos políticos y sociales de la coyuntura actual, surge la necesidad de reflexionar acerca de la importancia de la convivencia en la diversidad, así como del papel que juega la educación en este proceso. En este sentido, la formación basada en la vivencia de los derechos humanos y los valores humanistas resulta fundamental para la creación de una sociedad inclusiva y respetuosa.

Desde las primeras fases de la evolución, los seres humanos se han caracterizado por una diferenciación fenotípica. En cada continente tenemos poblaciones con elementos físicos propios que les permiten decir "soy de aquí o de allá". Incluso, dentro de esas mismas poblaciones, las personas presentan rasgos que las diferencias a unas de las otras. En consecuencia, no encontramos dos personas iguales.

Con su espíritu inquieto el género humano ha colonizado el planeta casi en su totalidad y donde no reside, su influencia es cada vez más notoria. Esto lo ha logrado porque ha sido capaz de salir de su propia ecúmene y vagar por la superficie terrestre, no sin pensar o sentir desde su propia intimidad que es superior y los “otros” que son inferiores por ser diferentes. ¿Habrá pensado alguna vez que esos “otros” por diferentes son superiores?

Costa Rica está viviendo una coyuntura compleja, difícil de entender por más que las causas se hayan identificado y las conozcamos, aunque no las hayamos podido evitar. Este fenómeno se refiere a la misma diversidad que poseemos los seres humanos, sea el lugar de donde provengamos o donde nos encontremos. En la misma familia, sus miembros tienen similitudes y también diferencias, lo que genera algunas veces incomprensión y otras aceptación.

La sociedad costarricense ha sido declarada oficialmente como una sociedad diversa, pues es innegable que somos sangres venidas de muchos sitios del mundo mezcladas con la de nuestros primarios y más auténticos “costarricenses”. Somos un crisol de etnias y cada una ha hecho aportes a la construcción de nuestra nacionalidad y cultura. Esta diversidad es lo que hace más rica a una población, y no debe ser vista como una amenaza; nunca lo fue, no lo es, y jamás debería serlo.

Cada persona piensa según su perspectiva del mundo, lo hacen incluso quienes tenemos cerca. Pero ¿por eso discriminaríamos, nos burlaríamos de sus ideas, de su apariencia, de lo que se es? Lamentablemente la respuesta es ¡sí! Es difícil encontrar quien no haya sido objeto de discriminación o burla y, en consecuencia, es probable que conozcamos o hayamos tenido comportamientos de ese tipo. ¿Dónde se encuentra usted, en qué lado de esta situación?

Esa coyuntura mencionada arriba se presenta cada vez más difícil de atender y, por mucho, de tener la solución a los enormes problemas de convivencia que enfrentamos. ¿Qué ha pasado con la sociedad costarricense, sin importar si es rural o urbana, rica o pobre, educada o no, que no ha dejado de ser xenófoba, racista, discriminatoria o machista? Esto es lo que algunas personas afirman y no deben estar muy equivocadas, pero ¿la nuestra es la única comunidad que se comporta de esta manera en el mundo? Seguramente que no.

Si no somos la única sociedad que discrimina, se burla, es xenófoba o machista, ¿nos podemos permitir pensar que no debemos evitar todos estos vicios sociales porque se nos antojan “normales”? ¡Jamás! Sería un acto de obscena irresponsabilidad, profundamente repudiable y de una tremenda vileza. Este año 2018 nos ha mostrado claros ejemplos que nos obligan a tomar parte en el enorme trabajo social por realizar que tiene el Estado que conformamos.

La convivencia no es un problema que se debe afrontar solo desde un gobierno nacional, por una institución educativa o únicamente en el seno de la familia. Nunca lo debe ser, pues nos afecta por igual a quien lo sufre como a quien cree que no. El trabajo social es colectivo; somos las instituciones públicas, las familias, las personas adultas, las personas menores de edad, las víctimas de discriminación o de acoso callejero o escolar, quienes no ven reconocidos sus derechos humanos, irrenunciables y sin condicionamientos, o quienes de una u otra forma atentan día a día con sus semejantes que debemos hacerlo.

La sociedad costarricense, en la cual he nacido y me he formado como cualquier otra persona, está llena de contradicciones que ponen en contraposición aspectos positivos y negativos, donde por ley tenemos un sistema de salud solidario, donde nos hemos acostumbrado a un Estado benefactor que todo nos lo debe resolver, donde a veces se cree que todas las posibilidades existen por igual para quien necesite estudiar o trabajar, pero que igual no acaba con las desigualdades e inequidades que sufrimos o podemos sufrir.

Estamos insertos en una sociedad imperfecta, perfectible insospechadamente. Tenemos femicidios, homicidios, suicidios, pobreza (sin importar si es extrema o no porque es pobreza al fin y debe acabarse), carencias, mala calidad de vida para muchos, bajos niveles educativos y de valores, un complejo de ¿superioridad o inferioridad? que nos impide tener una mejor visión de la realidad propia y de la ajena junto a condiciones que desdicen parte de nuestros errores y fracasos.

La coyuntura diversa que nos está abriendo los ojos debe llevarnos a reflexionar que los errores pueden darse pero no soportarse o asimilarse como naturales. Debemos cambiar como sociedad pero a partir de un cambio personal basado en un examen de consciencia de esta realidad. No es permisible la inoperancia nacida de ignorar qué somos, cómo somos, de dónde venimos, adónde queremos y debemos ir.

Pensamos diferente, creemos en ideas muy heterogéneas, tenemos capacidades diferentes, necesidades particulares y deseos individuales, todo cabe dentro de 51 100 kilómetros cuadrados porque lo forjan cerca de cinco millones de personas. La unidad de la sociedad que es preciso buscar encuentra su semilla en la diferenciación natural del género humano que nos antecede a los actuales homínidos. Piense y actúe como quiera, pero piense en esos “otros” y trate de actuar como le gustaría que los “otros” actúen con usted.

*Lic. José Alberto Calderón Navarro. Profesor, geográfo e investigador de la UNED. Correo eléctronico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.