H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
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    Editorial


    Para muchos Costa Rica se encuentra enfrentando una crisis en el campo económico y político.
  Sin embargo, el fenómeno también ha abarcado el ámbito social y cultural, lo que se evidencia en la división interna que existe en el país respecto a los temas de derechos humanos, el papel de la educación y la aceptación de la diferencia, cuyas consecuencias son realmente preocupantes para el destino del país en el corto y mediano plazo.

      De acuerdo con los especialistas la compleja situación financiera y social que experimenta Costa Rica en la actualidad, es producto de un largo proceso cuyo hito se gestó durante la llamada década pérdida, es decir el decenio de 1980 donde debido factores externos tales como la crisis petrolera se deterioró la balanza de pagos, aumento la deuda exterior, cuyo efecto inmediato fue un incremento de las tasas de desempleo e inflación. Lo anterior ayuda a explicar en parte este fenómeno económico, pero es insuficiente  para comprender cómo fue que los costarricenses comenzamos a perder el rumbo y sentido de pertenencia con nuestras familias y comunidades.

     La violencia se ha vuelto una práctica cotidiana, una forma naturalizada de resolver las diferencias entre las personas. Ejemplo de esto son los constantes casos de muertes en carreteras, ajusticiamientos, manifestaciones de acoso y discriminación escolar y laboral; todos productos del egocentrismo, la imposición de visiones de mundo y la persecución hacia los que piensan distinto.

     Parece que la lógica de la fuerza y la intimidación se han impuesto en las familias, barios, pueblos, centros de trabajo y estudio. Esto toma sentido, si se observa con atención los diversos mecanismos, que se emplean para someter y controlar a las personas. Y lo peor de asunto, es que hay personas que parecen disfrutar de jugar el papel de policías y verdugos hacia sus semejantes amparados en sus ideas, mentalidades y la aplicación de normas injustas.

       En este contexto surge al interrogante acerca ¿Cuál es el papel de la educación? y ¿Cuál es nuestra responsabilidad ante esta realidad? En primer lugar, es preciso reconocer que todos somos responsables de la situación que enfrenta en país en la actualidad. La indiferencia, la falta de compromiso y tendencia de buscar responsables de los problemas en otras personas, nos ha llevado un punto crítico caracterizado por la pérdida de confianza de la población en la "cuestión publica" y la desfachatez de ciertos grupos económicos y políticos que históricamente han sacado provecho del país. 

     Cada familia, sin importar tipo o modelo, son fundamentales para brindar los referentes y principios que determinen el pensar y actuar de los personas. La escuela, colegio y universidad son espacios para el desarrollo de habilidades y conocimientos para el desarrollo intelectual de las personas. No obstante, también tienen juega un lugar esencial en la formación de valores humanistas y prácticas en favor de la equidad, tolerancia y respeto. Estas actitudes deberían permear hacia los barrios y pueblos, pero no está siendo así debido a que las personas olvidan que su responsabilidad no se limita a sus miembros familiares, sino a sus amigos y vecinos.

     En las últimas décadas nos creímos la mentira de que el desarrollo y éxito son individuales, y se miden a partir de la capacidad adquisitiva. Esta noción ha provocado que la gente olvide que la única razón por la cual el ser humano actual logró sobrevivir a las inclemencias del clima, hambre, pestes y peligros que los asechaban, fue estando unidos en grupos, bajo el concepto de comunidad, donde debemos trabajar juntos en pro del bienestar de todos.

       En definitiva, hoy más que nunca es preciso buscar los puntos de unión con los demás, bajo principios de respeto y ayuda mutua sin importar el color político o creencias. Para lograrlo es preciso dejar de pensar que somos el centro el mundo y que nuestra visión es la única. Esto tan solo será el primer paso, donde más de palabras y discursos ocupamos acciones y enseñar con el ejemplo a nuestros hijos, familiares, amigos, vecinos, compañeros de estudio y trabajo.

Cátedra de Historia de la UNED