H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
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Por Mag. Martín Vargas Ávila*

Las nociones sobre el desnudo femenino se han llevado a cabo a través de los distintas etapas y procesos en campo del arte, de modo que en la mayor parte de las obras realizados, el cuerpo femenino es el más utilizado para la elaboración de pinturas, esculturas y fotografías, entre otras manifestaciones artísticas. Estas tendencias han elaborado los ideales de estética y belleza femeninas basadas en los fundamentos artísticos, a través de las formas de orden, simetría y precisión, demarcando las reglas y parámetros bajo los cuales se debe guiar los cuerpos. Esto demuestra que las representaciones del desnudo femenino son un producto cultural formalizado y convencionado a partir de los límites establecidos por el arte.

Por este motivo, el cuerpo femenino fue condicionado al control, contención y delimitación como consecuencia del trabajo realizado por los pintores y dibujantes. Estas prácticas han constituido relaciones de poder, sobre las cuales la diferenciación de género fue un elemento fundamental, ya que dentro de la estructura tradicionalmente machista sobre la cual se desarrolló el arte, la mujer fue objeto de vigilancia y deseo sexual masculino.

A partir de la producción artística sobre el desnudo femenino, se han desarrollado discursos sobre la corporeidad y sexualidad de la mujer, con lo que se establecieron los espacios y márgenes del yo y del otro. En este punto, la aproximación de la obra de Michael Foucault es sugerente, ya que según él poder opera a través de la práctica discursiva, puesto que el discurso mismo es un elemento estratégico de las relaciones de poder. [1]

La noción de poder de este autor surge como resultado del estudio de la influencia de los discursos elaborados sobre la base del conocimiento científico y médico en la clasificación de los sujetos en categorías. Las normas de higiene y de salud producen parte de este tipo de discursos sobre el desnudo femenino al elaborar categorías sobre los cuerpos sanos, bellos y jóvenes estableciendo las líneas y los excesos que deben ser eliminados para lograr llegar a cumplir la norma médica socialmente legitimada y aceptada  

Esto evidencia cómo el cuerpo femenino desde la visión de Foucault es un campo de luchas políticas, en el cual los discursos construyen a los sujetos pues a partir de la plataforma de saber (juegos de verdad), estableciendo los patrones de la normalidad. En este caso la anormalidad sería todo aquello que posea la mujer que no cumpla con las con los ideales de belleza y estética, que han emanado de la producción artística.

De cuerdo Foucault, la vigilancia sobre los cuerpos es una derivación de discursos sobre los cuerpo, que se ejercen de forma invisible e inconsciente sobre sujetos y las sujetas las cuales, interiorizan estos patrones sociales al punto de normalizarlos y naturalizarlos, como resultado de la forma como son asimiladas y engullidas en la cotidianidad de forma consiente y inconscientemente.

Por este motivo, la síntesis que realiza el arte sobre de al belleza y de la búsqueda del equilibrio y la estética, origina que la grasa en el cuerpo sea vista como un exceso, que desborda las líneas y normas, por lo que debe ser eliminada. En esto se cristaliza otro de los postulados de este autor sobre su noción del poder, pues no sólo es un factor coercitivo y exterior al sujeto, sino que también se encuentra en su interior, como resultado de la asimilación de los discursos. De aquí la razón por la cual muchas mujeres, reproducen y defienden los roles y requisitos físicos asignados a su género como cuestiones naturales, al extremo de autorregular su propio cuerpo al punto de flagelarse a si mismas, por medio de terribles dietas y programas de ejercicio.

En este sentido, enfermedades tales como la anorexia son consecuencia de esta vigilancia del cuerpo, debido a que su lucha por liberarse del exceso que presenta su cuerpos, todo con el objetivo de llegar a alcanzar los ideales culturales con los cuales han sido criadas y formadas en el desarrollo de su vida, en donde la fuerza de las tradiciones y el lenguaje han ejercido una enorme influencia en la categorización de las mujeres, como boninas, feas, delgadas y gordas.

Por otro lado, Foucault menciona que el poder se inscribe en el comportamiento de los de los sujetos incitando de forma sutil, invisible, facilitando o limitando la manera de proceder de los sujetos en tanto que actúan o son susceptibles a actuar. [2] En este hecho radica la influencia de las abundantes palabras e imágenes sobre la belleza y la estética femenina., ya que nadie dice directamente como es un rostro bonito o un “cuerpo perfecto”. No obstante, los discursos que elaboran los medios de comunicación, por medio de la presentación de cuerpos jóvenes y saludables que poseen ciertas de características estéticas, indirectamente indican lo que deben cumplir una mujer para ser consideradas atractiva y hermosa.

Este caso revela que el poder es estratégico, debido a que se inscribe en el campo de las posibilidades al punto de seducir a los individuos. De aquí que para este autor, cuando se utiliza violencia para cambiar el comportamiento de los sujetos, no existe poder, pues se le limita a los sujetos su capacidad de elección y resistencia. Por lo que la manera como ha sido abordado el desnudo femenino por las artes plásticas, es un buen ejemplo de la forma como el discurso y las relaciones de poder construyen a los sujetos. Ya que la noción sobre el desnudo femenino en el arte es el producto de la vinculación entre el observador y la observada. Esto responde a una lógica del poder en donde el cuerpo es retratado por el artista (hombre) como elemento para el deleite del observador, e incluso como un medio para la sublimación de su impulso sexual.

Por esta razón, el estudio de Lynda Nead [3] demuestra como los procesos históricos y sociales desarrollados en el arte, han llevado a contener y delimitar el desnudo femenino como parte de una práctica discursiva. Ya que las obras artísticas han facilitado un medio para la vigilancia, supervisión y control por parte de los hombres sobre el cuerpo femenino. En esto coincide con la noción de Michael Foucault sobre la construcción de los cuerpos y sexualidad de los sujetos, como resultado de largos procesos que se han gestado a través del tiempo, en donde es clara la forma como las palabras han violentado al mundo.

Por otra parte, el hecho de que el desnudo femenino artístico mantenga relación con otros campos sociales y agentes sociales, facilita la fabricación de normas y nociones socialmente legitimadas y heredadas sobre la forma como se mira el cuerpo femenino así como a la sexualidad femenina. En día a día y sin saber como vamos interiorizando los lineamientos sobre la estética y forma de un “cuerpo bello”, al punto que forma parte de la nuestra visión de mundo, de nosotros y de los otros. Sobre estos temas, el trabajo desarrollado por Pierre Bourdie sobre el estudio de la cultura es de gran utilidad para el análisis de los procesos históricos y sociales que participan en la confección los ideales sobre el cuerpo femenino, por medio de la puesta en escena de sus conceptos: Habitus y violencia simbólica.

Según este autor el habitus es un sistema de disposiciones adquiridas, permanentes y transferibles que generan perfecciones, sentimientos y pensamientos que intervienen en la conciencia y voluntad, que posibilita la apropiación del mundo, del yo y de los otros.[4] Por esto, el cuerpo femenino es producto de un proceso socio- cultural desarrollado a través de distintas épocas, como resultado de la herencia cultural y de la cotidianidad que experimentan los agentes sociales al interior de los grupos.  

Los ideales de belleza sobre el cuerpo y la sexualidad son el producto de una transferencia entre el individuo (subjetividad) y su medio (objetividad), en donde el peso de las tradiciones, el leguaje y el bombardeo de imágenes repercuten en estos modelos. Por este motivo, las imagines producidas en arte, cine y televisión, han colocado a los hombres como los jueces y a las mujeres en los verdugos de sus propios cuerpos. Puesto que, primero fueron los artistas plásticos, pero ahora son los publicitas, quienes utilizan el cuerpo de las mujeres para vender productos, y su vez siembran sobre las mentes de las personas los esquemas, sobre lo que debe entenderse por una mujer atractiva y hermosa. Determinando las reglas del juego, es decir los ojos, el rostro, la cadera, y los pechos de la “mujer perfecta”.

Esto es un ejemplo de la forma como opera la de la violencia simbólica sobre los agentes sociales según Bourdie. Ya que la mayor parte de las mujeres no logran calzar con esos prototipos culturales de feminidad. Además, esta violencia repercuten también en los patrones mentales de los hombres, cuyas consecuencias se a precian en la relación con sus parejas, debido a las exigencias culturales que determina la sociedad sobre lo que debe ser entendido como bello y sensual. Todo esto demuestra que el Habitus tiene capacidad pedagógica, sobre los agentes sociales, sobre los “estilos de vida” de cada cual, al punto de inscribirse en los cuerpos de los sujetos manifiesto en la moda, el lenguaje y los gustos.

El desnudo femenino ha sido utilizado y asimilado desde diversos enfoques entre los que se encuentra: el arte, la pornografía y el erotismo, en donde las fronteras son sutiles, puesto que están estrechamente relacionados. Sin embargo, para muchos la diferencia entre el arte y la pornografía se basa en los efectos que generan las imágenes en el espectador, es decir en su capacidad de despertar el deseo sexual. Mientras, otros asocian a la pornografía como un problema de los grupos sociales subalternos, pues la relacionan la obscenidad y degradación con “cultura de masas”. Esto es también parte de la violencia simbólica y de la lucha de las élites por hegemonía cultural.

Los distintos cambios en las confecciones del arte sobre desnudo femenino a través del tiempo, son consecuencia de las luchas y pugnas que se desarrollan al interior de este campos como resultado de la inserción de los jóvenes (heterodoxos) en la búsqueda de los espacios ocupados por los viejos (ortodoxos). Según Bourdie, estos son espacios sociales dinámicos y estructurados por puestos jerarquerizados y reglas del juego propios en donde los agentes sociales se relacionan de manera permanente y dinámica.[5]

Un muestra de lo anterior mencionado, es la nueva pintura feminista la cual logró desarrollar un giro en al noción y en los patrones tradicionales sobre el desnudo femenino. Al determinar espacios de acción en contra de los lineamientos heredados de los trabajos realizados por hombres, ya que con esta renovada aproximación se han asignado nuevos patrones símbolos y significados culturales sobre la subjetividad femenina, en su búsqueda por su derecho a “reclamar sus propios cuerpos”.

En este sentido, el arte es un buen ejemplo para apreciar forma como se constituyen campos, en los cuales se determinan las reglas del juego por parte de aquellos que poseen un mayor capital cultural y simbólico, que los respalda y legitima ante el grupo social. Es así como, el juicio de ciertos agentes sociales sobre obra o un movimiento los convierten en pilares o en vanguardias artísticas.

Finalmente otra de las cuestiones que denotó Bourdie, y que son evidentes en el trabajo de Nead, es la manera como pequeños grupos que poseen un gran capital tanto cultural como económico, determinan los patrones y lineamientos por los cuales debe guiarse el desnudo femenino en el arte, creando una especie de monopolio cultural. Debido, a que la mayor parte de los grupos subalternos poseen reducidas “herramientas culturales” para alcanzar y disfrutar el arte, así como para formar parte de la toma de decisiones sobre el tipo de obras que se colocan en los museos o en exposiciones nacionales de propios países.

*Mag. Martín Vargas Ávila. Profesor de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 


[1] Foucault, Michel. “Diálogos sobre el poder”. En: Estética, ética y hermenéutica. Ediciones Paidós Ibérica, S.A Barcelona Pp. 59. (1999)

[2] Foucault, Michel. “El sujeto y el poder” Revista Mexicana de Sociología. Pp 15. (1998)

[3] Nead, Lynda. El desnudo Femenino. Arte obscenidad y sexualidad. Editorial TECNOS S.A , Madrid (1998)

[4] Tellez Iregui, Gustavo. Pierre Bourdie. Conceptos básicos y construcción educativa. Colombia, Universidad pedagógica Nacional, p.58 (2002).

[5] Bourdie, Pierre. Op.Cit. Pp.65-.67