H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Realizado por Mag. Wagner Ramírez Arroyo*

Ficha técnica

Dirección: Peter Mullan

Producción: Frances Higson

Guion: Peter Mullan

Fotografía: Nigel Willoughby

Edición: Colin Monie

Año: 2002

En febrero de 2013, Enda Kenny, el primer ministro de Irlanda, se disculpó en un acto público por la complicidad del Estado con los Asilos de la Magdalena, donde se cometieron atrocidades contra jóvenes irlandesas vulnerables. Más que asilos de rehabilitación, estas instituciones funcionaron como centros de reclusión donde niñas y mujeres eran sometidas a trabajos forzosos en lucrativas lavanderías. Los datos más moderados hablan de al menos diez mil mujeres condenadas a todo tipo de abusos entre 1922 y 1996, pero pueden llegar hasta treinta mil. En realidad, esta manifestación política del primer ministro fue casi obligada: En el 2009 salió a la luz pública, el “Informe Ryan”, elaborado por la Comisión de Abusos Infantiles. Ahí se resumen malos tratos, violaciones y un sinfín de humillaciones físicas que marcan la Historia irlandesa del siglo XX. El informe acusa directamente a la Iglesia Católica de sustentar estos “Campos de Concentración” donde centenares de sacerdotes y monjas abusaron con impunidad contra víctimas indefensas.

Sin embargo, las referencias culturales a este fenómeno condenable antecedieron a las manifestaciones políticas. En el 2002, se estrenó un filme titulado “Las Hermanas de la Magdalena”, donde el director Peter Mullan pone el dedo en la llaga y endurece el debate pública de la doble moral de las instituciones religiosas. El historiador Mariano Álvarez nos recuerda oportunamente que el pasado se percibe desde el presente y se proyecta al futuro: “esto dependerá esencialmente de cómo el hombre se ve a sí mismo en el presente y desde qué intereses y perspectivas vuelve su mirada hacia el pasado. Y de esto dependerá igualmente cómo encara el futuro” (2007, p. 180), por lo tanto los temas que se abordan en el cine histórico deben responder a una necesidad social, como el deber de denunciar los actos de injusticia, asentar responsabilidades y procurar una sociedad más protectora de los derechos humanos. Cumpliendo esta expectativa, Peter Mullan nos mostró una pertinente crítica social.

Esta película cuenta la historia de tres jóvenes, Margarete, Bernadette y Rose, las cuales fueron confinadas en una de estas casas de “redención” durante los años 60. El director escocés esboza una sociedad irlandesa donde la religión y la reputación pueden llegar a ser más importantes para una familia que sus propias hijas. Margarete fue violada por el pariente de un sacerdote y cometió el error de querer hacer el delito público, Bernadette era una joven huérfana considerada demasiado bonita para vivir en un orfanato y Rose era una madre más joven de lo socialmente permitido.

Las muchachas confinadas trabajan diariamente en la lavandería, hablan menos de lo necesario y no tenían contacto con el mundo exterior. Cualquier ademán de indignación o rebeldía era reprimido con golpes y humillaciones crueles. La película pone de manifiesto la despiadada capacidad del ser humano para abusar del poder y el impulso codicioso de buscar el beneficio económico sin considerar los medios. Las monjas son retratadas como seres despiadados. La opresión y la humillación se manifiestan en varias de sus dimensiones, en una escena dramática las muchachas confinadas tienen que alinearse frente a las monjas y recibir burlas por el tamaño de sus pechos y su vello púbico. A pesar de esto, las monjas consideran que su trabajo es piadoso y necesario para la sociedad y no comprenden la causa del sufrimiento de las muchachas.

El director trata de trasmitir el sentimiento de no tener esperanza para vivir. Desde el inicio hace uso del sarcasmo argumental, a las monjas que dirigían este centro de confinamiento se autodenominaban “Hermanas de la Misericordia”, nombre que, dados sus abusos, suena más a burla que a una manifestación de piedad. Conforme transcurre la película la crueldad crece, la escena donde una joven madre es despojada de su hijo recién nacido, encerrada y torturada es emocionalmente desgarradora, dado el vívido uso del sufrimiento humano como recurso teatral.

La puesta en escena puede confundir al espectador y hacerle creer que está ante una obra de Dante o el Marqués de Sade, pero está basada en testimonios de víctimas reales. La trama se desarrolla con frialdad y, aunque la desesperanza es constante, muestra el instinto de supervivencia que persiste incluso en condiciones paupérrimas. Para Eric Hobsbawn (2008, p. 50), la Historia debe decir a la sociedad contemporánea todas aquellas cosas de las cuales puede beneficiarse, es decir, tener un carácter utilitario. El relato histórico contestatario se contrapone a la historia oficial, donde los regímenes políticos procuran ciudadanos pasivos que acepten la sociedad en la que viven y que no procuren cambiarla. Es una posibilidad de la cual pueden empoderarse los que producen cine, utilizarlo como un mecanismo de cambio. La película aquí comentada pretendió ser un reflejo real de las atrocidades cometidas en los Asilos de la Magdalena, se asemeja más a un documental que a una obra cinematográfica, pero tiene una fuerte carga de crítica social, lo cual le ata un valor histórico. El director hace un llamado para que las atrocidades del pasado nunca vuelvan a suceder.

¿Cómo aterriza esta crítica social en nuestro contexto histórico? Vivimos en una sociedad donde un sector considerable de la población se ha organizado en agrupaciones políticas que giran alrededor del fundamentalismo religioso, se abanderan con el desprecio de los derechos humanos de grupos minoritarios y cuentan con una importante cuota de poder. No debemos esperar que las atrocidades salgan incómodamente a la luz para denunciarlas, como lo hizo el primer ministro de Irlanda, debemos poner sobre el tapete académico las consecuencias que le esperan a una sociedad que es cómplice, con su silencio, de actos de maldad.

*Mag. Wagner Ramírez Arroyo. Docente universitario de la Cátedra de Historia de la UNED, Bachiller en la Enseñanza de los Estudios Sociales y la Educación Cívica por la Universidad de Costa Rica y Licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad Americana. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Referencias bibliográficas

Álvarez, M. (2007). Teoría de la historicidad. Madrid: Síntesis.

Hobsbawm, E. (2008). Sobre la historia. Barcelona: Crítica.