H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

 

Los medios internacionales han destacado, en las elecciones recientes de Costa Rica, que una persona negra ha sido electa como vicepresidenta de la república por primera vez en la historia patria. Es inaudito en una democracia de tanto trecho, tan ondeada y prestigiosa que la exclusión haya sido la norma en la política nacional, de modo que este acontecimiento se nos presenta como una ruptura de paradigmas del convulsionado siglo XXI, inexplicable para los sectores conservadores, los grupos de poder y un buen sector de la prensa.

La elección de Epsy Cambell; economista, exdiputada, política; sobrepasa por dos razones: ser mujer y ser afrodescendiente; pero a la vez estas son también sus mayores desafíos, en una sociedad machista y discriminatoria, que también se manifiesta en las elecciones populares que sustenta el sistema político costarricense.

Tras ese asombro, se nos descubre como un pueblo que a lo largo de casi 200 años de vida independiente ha marginado a las minorías, de la toma de decisiones del país; es así como indígenas y negros han sido negados en la república, como lo fueron a lo largo del período Colonial. Esos menoscabos nos hacen reflexionar a lo interno, que no hemos recorrido realmente el camino del respeto por los derechos humanos, donde más bien sobre algún subterfugio nos amparamos para continuar esa herencia española empecinada en el falso blanquemiento.

Revisamos así el despojo de derechos de estos grupos, como fue con las mujeres a las que se coartó el derecho al sufragio hasta la segunda mitad del siglo pasado, como también ocurrió con la proscripción del Partido Comunista, por la Junta de Gobierno liderada por Figueres, la que en el segundo párrafo del artículo 98, estableció la trágica resolución; de manera tal que hasta 1975 se lograra modificar; durante ese tiempo se tuvo fuera de ley a un amplio sector político.

En resumen, los sectores dominantes han sido mesurados para coartar el ingreso de ciertos grupos no afines a su estirpe, hasta entonces. Pero eso podría cambiar con la estela que dejará la actual vicepresidenta que irrumpe también en el campo diplomático, donde se quiera o no, será una mujer visible; tanto que puso una especie de caricia particular en la ceremonia de la trasmisión de mando, que remató con el hermoso poema “Rotundamente Negra”.

Podríamos tener esperanzas en recuperar lo que hemos perdido, en dar lo que por tantos años hemos quitado, en replantear una Costa Rica inclusiva, respetuosa de los derechos de todas las personas, más sensible, más civilizada, más culta.

Cátedra de Historia de la UNED