H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Una vez lograda la independencia de la Corona española en 1821, la incipiente República de Costa Rica inició un proceso trascendental, el cual posibilitó el forjamiento de su propia nacionalidad. Así durante el transcurrir decimonónico, alrededor de la lógica de la construcción del Estado nacional y la influencia de las revoluciones liberales europeas, se gestaron las primeras agrupaciones socio-políticas que se tenga cuenta en la historia del país. 

En el devenir del siglo XX, con la evolución de las organizaciones políticas y el afianzamiento del respeto de la voluntad popular y las mayorías, el recurso de las elecciones regulares para seleccionar a los representantes políticos resultó un vital instrumento; que situó a Costa Rica en un sitial privilegiado de naciones democráticas más contundentes y efectivas de la región latinoamericana. En particular, la participación concertada de los ciudadanos y los partidos políticos ayudó a instaurar y consolidar un Estado Benefactor, con el cual, destacó y adquirió avances significativos en el ámbito humano y la seguridad social.

No obstante, el conjunto de reformas estructurales ocurridas durante el ocaso del siglo recién pasado, sobrevinieron en total detrimento de la gobernabilidad y la capacidad de gestión del gobierno. Razón por la cual surgió la pérdida de confianza e inconformidad de algunos sectores costarricenses en la labor gubernativa.

Efecto del fenómeno, se sustentó la articulación de nuevas fuerzas políticas que pretendían contribuir a oxigenar la democracia costarricense y garantizar una acción ciudadana más funcional y acorde a los nuevos tiempos. Asimismo sus gestiones políticas procuraban que todas las personas fueran responsables y protagonistas directas de la construcción de una sociedad más equitativa, inclusiva, solidaria y respetuosa de los Derechos Humanos.

Con ese espíritu, las nuevas estructuras políticas que se han conformado en las últimas décadas, han buscado involucrar y comprometer a todos los costarricenses en procesos que afecten de manera colectiva el bien común. Para el logro del cometido, se han abierto importantes espacios democráticos para los jóvenes, las mujeres y otros sectores históricamente desasistidos o marginados del proyecto político impulsado por los sectores hegemónicos.

De ahí, que la democracia costarricense en los postreros tiempos, se ha venido robusteciendo con la participación activa de diferentes agentes sociales y su vinculación organizada con las estructuras de gobierno nacional, comunal y regional. Resultado concreto, se ha generado un ambiente interesante y de propuestas alternativas, encuadrado dentro de un cerco de diálogo gobernantes y gobernados.

Ante este escenario, debemos también considerar que los comportamientos electorales y la cultura bipartidista tradicional de Costa Rica han sufrido cambios substanciales por su nuevo carácter multipartidista. Por lo tanto, el recién pasado proceso electoral un tanto inédito, estuvo caracterizado por una carga emocional, escepticismo, populismo y cuestionamientos sobre los derechos fundamentales, que pese a todo, debe servir de campanada para entender y reflexionar, que de ahora en adelante, es probable la presentación de este tipo de procesos en lo que quizás existan manifestaciones o aptitudes políticas variopintas o desbordadas.

Por consiguiente, es satisfactorio saber ahora más que nunca, de la ingente capacidad que tiene el pueblo costarricense de superar con madurez y sensatez, las diferencias y resquicios que pueden perpetrarse en la vida nacional durante el periodo electoral. Igual da gusto y respiro comprender, sobre el trabajo impecable que realiza el Tribunal Supremo de Elecciones; aunado a la cultura responsable y patriótica que en Costa Rica asumen los candidatos presidenciales, quienes con madurez y respeto aceptan el mandato soberano popular y los más sagrados valores del régimen democrático.

Entre todo, será un reto para los nuevos gobiernos aprender a sumar alianzas y consolidar pactos socio-políticos que permitan la construcción de un futuro cada vez más próspero. Solo así se podrá en los sucesivo, acordar y mantener la funcionalidad, competitividad, credibilidad y confianza al país. En tanto, es necesario y valido que los costarricenses garanticemos nuestros derechos, pero también ser conscientes de la obligación de abandonar la indiferencia hacia los problemas y la intransigencia que depara la adopción de posiciones extremistas, pragmáticas, vanidosas, clientelistas, erradas o tardías.

En general, la constante histórica de Costa Rica se ha enmarcado en un cúmulo de encuentros y desencuentros donde al final, ha prevalecido la negociación, prudencia y convención; experiencia que facilitará en el devenir, los procesos de construcción de los juegos políticos y sociales. En ese contexto, debe elaborarse una estrategia nacional de desarrollo, que enrumbe al país hacia un norte claramente definido, independiente de los zarandeos políticos de los gobiernos de turno y demostraciones de fuerza de ciertos grupos.

En este dilema, la Universidad Estatal a Distancia en sus más de 40 años de historia, invita a la comunidad universitaria y sociedad costarricense en su totalidad, a aunar esfuerzos para contribuir a la democratización de la educación, al mejoramiento de la calidad de vida, al desarrollo social y cultural del país. En esa línea, no hay que olvidar que la prerrogativa histórica de la institucionalidad universitaria es mantener viva la lucidez de los ilustres próceres de la educación y la cultura costarricense, que han procurado una sociedad más justa y equitativa para todos y todas sin inclusión.

Cátedra de HIstoria de la UNED