Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

     Editorial

      Hace unos años publicados este editorial, y hoy resulta pertinente retomar algunas de sus ideas y reflexiones. Se invita a su lectura  sobre todo en un 2023 que pasará a la historia como de los años más violentos de nuestra historia reciente.

     Acorde con la espiritualidad cristina, la Navidad evoca el nacimiento de Jesús el cual constituye el acontecimiento más trascendental de la historia de la humanidad, pues con este hecho llegó la "luz al mundo" y con ello, la esperanza a las almas contritas y pesarosas que ansiaban  alcanzar el perdón de los pecados y encaminarse por la ruta directa de la bienaventuranza y gloria eterna.

     Para los escépticos, ningún judío llamado Jesús nació en esta época ni en la localidad de Belén situada en los montes de Judea; no obstante, la celebración de la Navidad se trata de una mera idea e invención que se orquestó para sustituir sino contrarrestar los rituales y las fiestas paganas que se ofrendaban al Dios Saturno.

     Haciendo eco de lo anterior, resulta indudable que la celebración de la Navidad nos refiere al nacimiento de Jesús hijo de Dios, sin embargo, esto no ocurre ni significa igual para otras personas que profesan y defienden diferentes espiritualidades o creencias, y que, por lo tanto, miran este día normal y desapercibido en su quehacer habitual y calendarización festiva.

     En ese sentido, no se persigue fraguar debate, polémica y muchos menos herir la susceptibilidad de los que pueden pensar diferente; sino entender que la Navidad presenta varios significados, y ya sea de la manera como se mire, es importante comprender que ha servido de marco inspirador para la vida de millones de personas alrededor del mundo.

     Especialmente, ha constituido por su ingente carga simbólica, una de las más y emotivas conmemoraciones con dimensión universal que ha permanecido vigente a lo largo de los siglos. No es casualidad entonces, que surja como elemento referencial y parteaguas, para estimar y determinar con precisión en el tiempo, los hechos ocurridos antes o después (before and after) del mencionado nacimiento.

     En general, la Navidad como  símbolo universal, ha servido históricamente como una gran oportunidad para exhortar a todo el colectivo humano; a practicar sin distinción alguna, los más altos valores; con los que es posible trazar y lograr la sana convivencia, tolerancia, solidaridad entre un sinfín de prácticas loables.

     Basado en los principios originales y sinceros, la Navidad apunta a promover y propiciar el encuentro y unión fraternal de la familia. Del mismo modo, incita a renovar y rectificar nuestras vidas, así como a reflexionar sobre el papel que podemos jugar en tiempos diferentes, de nuevos retos y de grandes cambios históricos que el país, la región y el mundo requiere con carácter de urgencia.

     Con ese espíritu, hay que sobrepasar el nivel de espectador y abandonar el confort y la desidia, para transformarnos en gestores comprometidos con el SANO CAMBIO; pues solo con la reflexión, la crítica razonada y participación efectiva de cada uno de los sectores que integran la sociedad se estaría  siendo coherente y leal con la patria.

     En virtud,  estas fechas son motivo de inspiración, para tomar como ejemplo el trabajo e ilusión que defendieron y validaron nuestros antepasados, quienes de acrisoladas probidades supieron enfrentar con valentía y coraje, un filón de disyuntivas políticas y sociales, donde se intentaron comprar conciencias,  socavar y lesionar las fibras más sensibles de las convicciones históricas del país. 

     En razón, se invita a vivir con ilusión y alegría este tiempo de gozo navideño, para que renazca los principios  auténticos que dieron esencia y vitalidad al Estado costarricense y que por sus insignes cualidades estamos obligados a perpetuar, para adicionarlas a todas aquellas que han devenir, con la idea clara de ayudar a construir una sociedad más justa, inclusiva, cohesionada y con un futuro mejor.

     Por consiguiente, la Navidad más que encuentros, paseos, sonrisas, abrazos, un estado de ánimo que propicia una de las épocas más hermosas, invita a aprovechar los valores más notorios que la identifican y que durante el resto del año, lamentablemente, suelen mantenerse en el vil olvido. En ese sentido, la celebración no debe encallar solo en el ritual festivo, frívolo y errado en la indiferencia del mercado como muchas veces sucede; más que eso, debe entenderse como pretexto para cuestionar y reinventar el papel como personas en la sociedad y en el marco de la institucionalidad democrática costarricense.

     Así al concluir un año más de trabajo y esfuerzo, se extiende la más profunda gratitud  y los  buenos deseos porque el histórico sentido de la Navidad colme sus hogares de amor y bienestar. Y que cada vez que observemos una luz en una ventana de un hogar, comercio o en las calles y avenidas, recordemos que esta recuerda la llegada de quien se encarnó como hombre para ser la luz y salvación del mundo.

Son los deseos,

 

campanas_navidad.pngCátedra de Historia de la UNED

¡Feliz navidad y bendiciones en el 2024!