H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Por MEd.  Martín Vargas Ávila*

     Aproximadamente han pasado 5 meses desde que se comenzó a “virtualizar” las clases en  primaria y secundaria en Costa Rica, y esto ha generado grandes aprendizajes tanto para los estudiantes, personas encargadas de familia y la comunidad docente.  Nadie se esperaba una situación tan sui generis para este ciclo lectivo. Pero al observar en enero las primeras noticias sobre el coronavirus en China, personas con mascarillas en aeropuertos y la creación del hospital Wuhan en tan solo diez días, las cosas comenzaron a cambiar de la noche a la mañana.

     El fin de este artículo no es plantear ningún balance o evaluación del proceso implementado por el Ministerio de Educación Pública, ni tan poco realizar un debate entre las ventajas o desventajas de la educación virtual, por el contrario se limita a reflexionar, sobre lo que viven miles de docentes en primaria, secundaria y universidad que ante la pandemia han tenido que buscar distintas formas para adaptarse a este nuevo panorama y contextualizarlo a la realidad de los discentes a lo largo y ancho de Costa Rica. 

    Para la población estudiantil de   primaria y secundaria como para sus familias, el proceso ha sido muy complejo. En primer lugar, se derrumbó un mito, acerca de que estas generaciones, nacidas en el auge de las tecnologías de la información y comunicaciones, dominaban muchas herramientas y programas por lo que utilizar zoom, teams, classroom, entre otras sería pan comido. Pero la realidad ha sido otra, ya que poseen grandes conocimiento en redes sociales y apps, pero en el campo educativo, su desempeño es modesto así como en el manejo procesadores de texto.

    Por otra parte la dura situación económica antes del COVID-19, la cual se encrudeció en este contexto, ha provocado que muchas personas tengan que comenzar a decidir entre pagar cuentas de servicios de internet o teléfono y comprar alimentos para su familia. Esto en definitiva, influye en el proceso de virtualización de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

     Convertir las casas en  aulas, ha sido un gran reto tanto para los discentes como para miles de docentes, que hacen malabares para poder encontrar en sus hogares espacios para trabajar en estos entornos virtuales. De esta manera, salas, comedores y dormitorios se transformaron en estudios de grabación y plataformas de mediación pedagógica.  

     Este complejo contexto ha provocado que las personas deban “abrir las puertas de sus casas” y renunciar un poco a su privacidad, ya que se ha entremezclado la esfera laboral con la vida familiar, lo cual contribuye a la ansiedad y preocupación, a lo cual se le suma los efectos psicológicos del confinamiento.

      Y es que impartir clases en entornos virtuales y en especial en las “celebres clases en vivo” produce mayor cansancio y estrés tanto para los docentes como para sus estudiantes. Pues siempre existe el temor de no conectarse a tiempo, que el internet no funcione, reservas  participar por parte de los discentes a participar o bien que los aprendizajes no se logren alcanzar.

    A pesar de esto, vale la pena felicitar a miles de niños y jóvenes y a sus familias que han hecho grandes sacrificios para acompañar a sus hijos en este proceso. De igual manera, al personal docente y administrativo, que se han mantenido en el frente de batalla velando por impartir sus clases, preparar materiales digitales y escritos, para los casos donde no hay acceso a internet, pero sobre todo por motivar y acompañar a los estudiantes.

     Es verdad que hay muchos aspectos que se pueden mejorar, pero una cosa es hablar y otra muy distinto es estar en "la cancha", pues no es un secreto que esta situación ha sido una escuela para todos, y en este sentido, vale la pena sacar provecho de esta experiencia.

      En definitiva, esta crisis sanitaria evidencia la importancia de la salud y educación pública, y de la necesidad de su defensa, pues cada vez son más los ataques y las campañas de desprestigio, cuyo fin es convencer a la sociedad de que es mejor privatizarlos estos servicios, cuando la solución radica en mejorarlas y evitar que se conviertan en otro producto más del mercado, a los que solo podrían acceder algunos sectores.

 

*MEd. Martín Vargas Ávila. Profesor e Investigador UNED y docente del Liceo de Moravia. Correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.