H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Por Lic. José Miguel Salas Alvarado*

    En el camino al volcán Irazú se erige en las frías tierras de Prusia de Cartago el Sanatorio Durán, nombrado así en honor a su fundador y expresidente de la República Carlos Durán Cartín.

    Este inmueble abrió sus puertas en 1918 para dar atención a enfermos por tuberculosis en todo el país, siendo un ejemplo de vanguardia en la ciencia médica en el territorio centroamericano para su época.

    En la fotografía se puede observar algunas personas que trabajaban y colaboraban en el Sanatorio Duran, destaca la presencia de mujeres en calidad de enfermeras, cocineras y de religiosas. Además, es posible apreciar el estricto orden y limpieza, aspectos fundamentales debido a la naturaleza de este celebre centro médico.

    Durante su historia ha contado con la participación de grandes costarricenses en su labor como los doctores Raúl Castro Cervantes y Solón Núñez, así como el presbítero Benjamín Núñez. En 1935 ingresan las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, las cuales van a brindar un apoyo importante en este centro médico, así como en el asilo de los Incurables en Guadalupe.

    Además de funcionar como centro de atención médica para enfermos de Tuberculosis sirvió como correccional de Menores hasta el año de 1973 en que fue cerrado. A partir de su cierre se ha dado un lamentable proceso de deterioro y mal uso, el cual se aprecia en la infraestructura actual.

    Más allá de las historias relacionadas con cuestiones esotéricas y ocultas, el Sanatorio deja una sensación más que de temor de nostalgia;  debido al notable estado abandono  de los edificios que forman parte de nuestro patrimonio, o aquellos que ya no están, como la antigua Biblioteca Nacional que ahora es un parqueo en San José.

    Al pie de su fachada se puede comprender el trabajo de todos los ciudadanos que construyeron esta obra, y que la mantuvieron en operación hasta su cierre. En el año 2014 fue declarado Patrimonio Histórico Arquitectónico de Costa Rica, haciendo honor a la obra social desarrollada en este inmueble, y brindando una luz de esperanza para verlo remozado como en sus mejores años, para el disfrute y la admiración de muchas generaciones más.

Sanatorio Duran

Fuente: Sanatorio Duran disponible en Facebook/Fotografías antiguas de Costa Rica. Dirección electrónica. Fecha de consulta 12 de julio del 2017. 

 

*Lic. José Miguel Salas Alvarado. Profesor de Estudios Sociales y Educación Cívica. Docente de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Por MSc. Sonia Vargas Fernández*

A finales del siglo XIX, de la mano del liberalismo imperante en la época, surgiío una pequeña masa boscosa en el oeste de la ciudad de San José, la cual formaba parte medidas destinadas a engalanar y adoranar la capital por medio de avenidas rodeadas de árboles. Para inicios del siglo XX, aproximadamente 1915, dicho espacio se bautizó con el nombre de Paseo Colón, desde entonces se conviertió en un lugar emblemático para Costa Rica.

            Este espacio ha sido testigo fiel de la transformación de San José, inicialmente en sus costados se desarrolló el Aeropuerto de La Sabana, el tranvía, el Hospital San Juan de Dios e instituciones emblemáticas como el Asilo Chapuí. Asimismo, la clase alta costarricense hizo de sus alrededores un lugar de residencia, y para mediados del siglo pasado fue también morada de extranjeros en busca de tranquilidad, el Ministerio de Cultura Juventud y Deportes, en su Proyecto Inventario Arquitectónico del Paseo Colón (2001) menciona:

Durante el período que va de 1951 a 1955 la zona del Paseo Colón, sobre todo los Barrios Pitahaya y San Bosco, empezó a recibir un importante contingente de familias de origen judío, provocada muy probablemente por el establecimiento en el lugar del Centro Israelita y la Sinagoga, fenómeno que se acrecentó a partir de la década de 1960 (párr.14).

            Dicha área continúo su desarrollo y para finales del siglo XX ya era bastamente desarrollado, colmado de diversos comercios, bancos, hospitales, y centros de entretenimiento que continuaron facilitando la vida de los josefinos; la modernidad y hasta el lujo se apoderó del lugar. En el presente siglo ha sido testigo directo de campañas políticas multitudinarias, manifestaciones de grupos organizados en busca de logros sociales, pero lo más sobresaliente son las actividades organizadas por la Municipalidad de San José en procura de ofrecer espacios de ocio y calidad de vida a los contribuyentes, como el Desfile de las Luces, el carnaval, un día sin humo y otros; en palabras sencillas el Paseo Colón es parte fundamental en el desarrollo lúdico de miles de personas que abarrotan sus aceras en dichas actividades.

            Es claro reconocer la importancia que para quienes habitan la capital, y en sí, para todos los costarricenses han tenido y siguen teniendo esas quince cuadras, recorrer sus alrededores, admirar el florecer de sus arbustos es una vivencia casi obligada para quienes habitamos este maravilloso país.

Paseo Colón de Costa Rica principios del siglo XX

MSc. Sonia Vargas Fernández. Profesora Catedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Elaborado por  MSc. Lilliana Castillo Bolívar.*

      Las personas huérfanas,  son un grupo vulnerable, en  cualquier sociedad  y esta foto representa   un grupo de huérfano en 1909. En aquel entonces  la Fundación Hospicio de Huérfano  brindaba  atención integral  a las personas en riesgo social, promoviendo el crecimiento personal, social y espiritual de estos niños y jóvenes menores de edad.

      Desde el siglo  XIX, existe en nuestro país la beneficencia eclesiástica y benefactores oligarcas que fueron los que iniciaron la lucha contra  la pobreza y ayuda a los grupos vulnerables de nuestro país, luego el Estado costarricense  inicia con políticas sociales, para hacerle frente al problema de los huérfanos.

      El primer albergue de niñas y niños  en nuestro país fue fundado  en 1869  por la señora Jerónima  Fernández  de  Montealegre, y recibió el  nombre  de La Trinidad. Luego  la  Familia Montealegre   entrega su dirección y administración a la Iglesia Católica, y esta le da el albergue a la Sociedad Católica de las Señoras de la Caridad de San Vicente de Paúl.    Este albergue funcionaba  con fondos públicos y también de la beneficia de las esposas de los oligarcas cafetaleros.

      En la fotografía se observa, a un grupo niños y jóvenes  huérfanos, posando con las monjas y las personas que trabajaban en el hospicio.  En el  fondo se ve el edificio que albergaba a esta población. Podemos observar que las jóvenes de  uniforme vestían con ropa muy cómoda, faldas largas y blusas de cuello alto, las niñas más pequeñas usaban blusas manga cortas y los hombres usaban uniforme camisa de manga larga y pantalón corto, estilo conservador propio de la época. Mientras que los niños  usaban de uniforme pantalones cortos y camisa de color claro.

      Como se mencionó en la estampa religiosas de la Orden de la Caridad, con sus hábitos negros  su características  toca  blanca. Esta orden de religiosas esta  son seres humanos extraordinarios al servicio de los más necesitados. Hay también cuatro hombres vestidos de manera muy elegantes, todos con trajes enteros y  sobreros de copa.

      Este caso evidencia un proceso de preocupación por la niñez y su condición, así como de un antecedente del bienestar social por parte de las autoridades estatales, el cual comenzó a desarrollarse desde el siglo XIX, pero desde un enfoque de la caridad y el asistencialismo.

 

Grupo de huérfanos. San José. 1909

Fuente: Álbum de Fernando Zamora. Colección CIHAC. Disponible en http://cihac.fcs.ucr.ac.cr/index.php?option=com_phocagallery&view=category&id=4%3Acoleccionfmorgan&Itemid=59&limitstart=20

* MSc. Lilliana Castillo Bolívar. Profesora de la Cátedra de Historia. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

           

Bibliografía

Mora, C. (2015). Apuntes sobre viejas instituciones de bienestar social en Costa Rica: Una lectura de la década 1930-1940. Revista Herencia Vol. 28 (1). P. 07-30.

Por Licda. Karen Jiménez M.*

    

     La fotografía que se ofrece en esta edición es de 1923,  posterior a la celebración de la liturgia dominical. Los moradores de Buenos Aires disfrutaban de una iglesia que aún no habían logrado terminar, era pequeña, de piso de madera, paredes de bahareque y cubierta de tejas. Estas fueron hechas por el generaleño José Marta Bermúdez Fallas, quien visitó Buenos Aires con ese objetivo. Cuando la Iglesia fue reconstruida, la teja se usó en casas particulares.

Contexto Socio histórico

    La iglesia se construye en la segunda década del siglo XX, con rasgos característicos de la época colonial, presentando cercana a la misma la  escuela, donde se alojaba también la oficina de autoridades locales y la cárcel; estaba situada en la manzana norte de la futura plaza, pero mirando hacia el oeste y eran construcciones de techo de zacate (Municipalidad, Buenos Aires).

    En su contexto social, la herencia colonial es muy vigente, misma que hasta la actualidad se presenta en la región, situando a Buenos Aires de Puntarenas en el año de 1920,  en este sentido, Pittier en su observación sobre el Valle del Diquis indica que en Buenos Aires, por ejemplo, “se ven los restos bien conservados aún de un caserío considerable, con edificios grandes y, en los alrededores, hay millares de entierros o huacas" (Solorzano, 1999).

    En términos de población, Pittier estima en su estudio una  población entre los  170 a 180 habitantes,  del interior de Chiriquí e indios que trabajaban en las haciendas de ganado, dedicación co­mún a todos los vecinos. En lo que a vestimenta refiere, éstos vestían a la usanza de cualquier campesino de la República, enyugaban sus bueyes, arreglaban sus carretas y utilizaban el trapiche, también como en el resto del país.

    Como bien lo indica Fonseca (1999) “En esta región se dio una interesante influencia cultural de los indígenas en los colonos procedentes del Valle Central y de otras partes” (p. 88).

"Buenos Aires tiene entre 25-30 ranchos, muy similares a los de los indios sedentarios de la región. Entre los utensilios y demás enseres de uso doméstico se nota una mezcla heteróclita de objetos de origen indígena con otros traídos de los centros del interior del país, o importados por los indios viceítas que vienen cada año" (Fonseca, 1999, p. 88)

Figueroa Rucavado

    En términos de organización policial, el Agente de Policía, que por entonces era el Sr. José Figueroa Rucavado, dependía del Jefe Político de Golfo Dulce y su papel era muy difícil, porque empezaban a presentarse líos entre los vecinos por la preponderancia; además, al lugar habían llegado algunos prófugos de la justicia y en el pueblo se habían instalado destilerías clandestinas de aguardiente y era común la em­briaguez.

    La labor de Figueroa como Agente de Policía fue favorablemente analizada por Pitíier, al comentar que aquél prohibía con mucho tino las quemas de las sabanas, pero, como no obstante los vecinos las justificaban diciendo que las cenizas servían de abono, Figueroa había permitido quemar después de los 25 de marzo de cada año, para que las lluvias cayeran pronto sobre el terreno y la ceniza se aprovechara efectivamente y no correr el ries­go de que el viento las llevara a otros sitios.

    La propiedad de las sabanas era común a todos los que vivan aquí Con el Director del Instituto Físico Geográfico, que Buenos Aires» fue azotado por una plaga de zompopas que resistían cual­quier intento de exterminio. Y con mayor sorpresa narra que en el camino entre Buenos Aires y El General, en el sitio llamado El Cordoncillal, observó monos cariblancos con las orejas adornadas de flores pasionarias, tal como lo hacían las nativas de Térraba y Boruca (Solorzano, 1999).

    Pittier efectuó un segundo viaje al valle del Diquís en 1893, y refiere que tanto en Buenos Aires como en El General, vivían casi solo mestizos y blancos y que la población no aumentaba. Ahora encontró en Buenos Aires 279 habitantes. Insiste en esta ocasión en relatar que allí, Así lo cita Solórzano en su artículo"...se ven los res­tos bien conservados aún de un caserío considerable, con edificios grandes, y, en los alrededores, hay millares de entierros o huacas..." (p.76).

    Fue en este año que se creó, por Acuerdo N° 1431 de 6 de mayo, el Distrito Escolar de Buenos Aires, cuyos límites fueron: norte, sabana de Buenos Aires y río Ceibo, sur, la sabana llamada La Soledad y selvas do Patastal, este, la misma sabana de Buenos Aires y la quebrada de El Cebror, Oeste, fincas de El Bajo y río Ceibo.

    Posteriormente a la fundación del  lugar y antes  de crearse el  Distrito Escolar, ya  el caserío contaba con  escuela,    pero   era    de   estacones  y tedio de paja, situada como expresé anteriormente, en la  sección oeste de  la manzana al norte de la plaza, futuro parque de Buenos Aires. Así continuó  hasta 1895,   cuando   la   Junta   de   Educación,   integrada   por    José    Figueroa,    José Obando   C.   y  Francisco   Mora,   levantó   detalle  para   la   construcción   de   la escuelita de bahareque, que fue instalada en el  lote suroeste de la  manzana ubicada  dos cuadras al  norte de la plaza  la compra de útiles necesarios.   Hubo   una   recaudación   de   113,5   pesos,   para   la   construcción;   sin   embargo, a principios del presente siglo, se habla nuevamente de que la escuelo estaba en ruinas.

Iglesia de Buenos Aires de Puntarenas

 

*Licda. Karen Jiménez M. Profesora de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Referencias

Archivos Históricos. (s.f). Municipalidad de Buenos Aires, Puntarenas.

Solórzano Fonseca, Juan. (1999). Indígenas y neohispanos en las áreas fronterizas de Costa Rica (1800-1860). Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica, 25(2): 73-102, 1999. Recuperado de: file:///C:/Users/Karen/Downloads/Dialnet-IndigenasYNeohispanosEnLasAreasFronterizasDeCostaR-5075964.pdf

En general, hacia finales del siglo XIX, las cárceles de nuestro país eran insalubres, inseguras y estrechas. En este contexto, se decreta en 1885 la construcción de un nuevo penal. Como parte de este proceso, se envía al jurista Octavio Beeche a Europa (1889), a estudiar los diversos sistemas carcelarios que se estaban desarrollando en ese continente. Posteriormente, se contó con la participación del ingeniero Nicolás Chavarría, quien se encargaría de su diseño y construcción.