H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Por Lic. Carlos Quesada*

“Tomare este compromiso para continuar estudiando con fervor los problemas nacionales, y para hacer mientras Dios me lo permita, cuanto esté a mi alcance para contribuir a sus soluciones” Entrega del Premio Rodrigo Facio Brenes, 2002

      Para algunos autores y comentaristas, contaba con profundas raíces familiares a dos grandes de la historia patria, como don Tomás Guardia y don Bernardo Soto. Sin embargo no se cuenta con suficiente información para referirse a su familia, o su vida como joven, aunque es notable que los valores inculcados en esta etapa marcaría el desarrollo personal y social de quien fuera uno de los máximos luchadores por la libertad y pureza del sufragio.

    Fernando Soto Harrison  En el desarrollo de su juventud como el mismo lo explica, mantuvo un dialogo permanente con el país a través de la prensa,[1] pudo ser el causal de su amplísimo conocimiento de las realidades políticas y sociales del país. Su carisma y humanismo es reconocido por una amplia cantidad de personas que a lo largo de su vida lo acompañaron en todos los proyectos para la mejoría de la ciudadanía costarricense.

      Su visión ciudadana de unidad nacional y la lucha por el cumplimiento de los objetivos nacionales era superior a sus intereses personales. Desde su juventud interpreto la necesidad del cambio y el signo de lo imprescindible en la Costa Rica de la década de 1940 y, como ministro de Gobernación y amigo de confianza del doctor Calderón Guardia y de don Teodoro Picado, apoyó y defendió las reformas visionarias de las Garantías Sociales, el Código de Trabajo y la Caja Costarricense de Seguro Social, a la vez que promovió y estimuló la reforma electoral que, con el tiempo, daría las bases para la creación del Tribunal Supremo de Elecciones, siendo esto no una conquista política producto de la guerra, más bien una amplia comunicación, negociación y trabajo profundo de análisis para la búsqueda de las mejores oportunidades para el país.

      Por sus constantes intervenciones y aportes al analsis de los hechos políticos del país lo llevaron a ser llamado como el padre de un poder electoral independiente, no politizado y garante de la voluntad soberana del pueblo.[2] Sus esfuerzos democráticos y ciudadanos no se gestaron bajo los intereses partidarios sino más bien por la búsqueda de los intereses superiores de todos los ciudadanos.

      Su presencia política en los años de 1940, siendo complejos y difíciles y su papel de liderazgo como secretario general del Partido Republicano que, cuando dejó su cargo en vísperas de los acontecimientos que desembocaron en la conflagración armada que él luchó por evitar, ya que medito siempre que la guerra no era la manera de solucionar los problemas políticos.[3]

      Colocado por razones de historia del lado de los que perdieron la Guerra Civil de 1948, sus actuaciones como funcionario público, su acrisolada honradez y el valor de sus propuestas políticas se acrecentaron ante unos y otros y así, vencedores y vencidos y todos los costarricenses de buena fe, reconocieron en él a una de las grandes figuras de la vida nacional. Su decisión de luchar por el mantenimiento democrático y ciudadano sin dar espacio a los actos de represión y mala fe de algunos políticos, nunca hicieron meya en su honor, y de manera contraria lucharía por aspectos políticos que le permitieran dar beneficios a la mayoría de la ciudadanía.

      Se destacó por lucha en favor de la mejora del desarrollo político de Costa Rica, las realizaría en la presencia de las autoridades y poderes de la república, en el que se desenvolvería como Ministro de Gobernación de las administraciones del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia y del Lic. Teodoro Picado. Como ministro de Picado, en el período 1944-1945, impulsó enérgicamente la gran reforma electoral que llevó a la creación del Tribunal Nacional Electoral y el Código Electoral. [4]

      En otras áreas de su vida también fue considerada su amplia trayectoria diplomática, la cual desempeñó con brillantez, talento y extraordinaria honradez. Entre los diversos puestos que ocupó, se destaca su papel como Embajador en Londres, ante la Casa Blanca en Washington, ante la Organización de Estados Americanos y las Naciones Unidas.

      Como diplomático, le correspondió participar en el inicio de las relaciones comerciales con  Japón, durante 1940; así como la firma del Tratado de Amistad con China, en 1944, conocido como Tratado Soto Harrison-Yuan Tan.[5]

      Fue Jefe de la Delegación de Costa Rica ante la Primera Asamblea General de las Naciones Unidas, donde fue elegido Vicepresidente de la Tercera Comisión, en la cual se inició el proceso que culminó en París con la Declaración de los Derechos Humanos, en 1948, siendo este uno de sus aportes a nivel internacional más significativos.

      Sin embargo no debemos recordar la historia como el simple estudio de hechos y el recuerdo de los grandes personajes y héroes de la patria, por lo que su desarrollo humano es fundamental para entender la integralidad de ser humano que se recorrió esta nación.

      Don Fernando lejos de sus innumerables habilidades, galardones y legados políticos, también nos permitió ver otra de las facetas de su vida, siendo un notable autor de libros, investigaciones y una constante columna sobre temas políticos y sociales en un diario de circulación nacional, además de esto, publicaría libros, sobre la década de los 40, y los desafíos que enfrentamos como sociedad costarricense, sino que se desenvolvería en las áreas humanistas y las artes, en los que sus dotes en la pintura y la música se recuerdan todavía.

      Compuso una canción a su amada esposa Norita, la cual formaría parte de todas sus facetas, siendo su compañera de vida. Siendo este amor de por vida una representación del gran compromiso y honorabilidad que tuvo, rechazaría incluso el beneficio de recibir una pensión del estado por su tiempo como servidor público, argumentando que su servicio a la patria no fue realizado para percibir un salario o una pensión, y que el mantendría a su familia con su esfuerzo y trabajo en su profesión de  abogado.

      Hoy la Universidad de Costa Rica, tiene el Premio Fernando Soto Harrison, el cual busca galardonar a los estudiantes universitarios, que han realizado trabajos de investigación con un fuerte impacto social, el cual sigue siendo un legado en su ausencia.  Don Fernando Soto Harrison al fallecer en el 2006 lego un fondo a la Universidad de Costa Rica, para recompensar los mejores trabajos de graduación realizados durante el año, en el área de las Ciencias Sociales hasta el 2036, con 3000 dólares anuales.

      Sin lugar a duda su estima, honor, lealtad, y entrega social seguirán siendo parte de nuestra ciudadanía, por medio de sus publicaciones, premios universitarios, su ejemplo de vida y el garante de la democracia en el país, el Tribunal Supremo de Elecciones, Muchas Gracias Don Fernando.  

Los costarricenses debemos afrontar con valentía los grandes retos del momento, como lo hicieron ayer nuestros progenitores. [6]

*Lic. Carlos Quesada. Profesor de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


[1] Soto Harrison Fernando, 1999. "Costa Rica y sus Grandes Retos" Escuela de Relaciones Internacionales, Universidad Nacional. Heredia, Costa Rica.  
[2] Artículo de Opinión, Sin autor. “Fernando Soto Harrison” 8 de abril de 2006. ¨Diaria La nación. San José Costa Rica. http://www.nacion.com/opinion/Fernando-Soto-Harrison_0_822918000.html 
[3] Ibíd.
[4]Roció Marín, Gonzales. (2014) Entregado premio Fernando Soto Harrison 2013. http://www.cu.ucr.ac.cr/inicio/noticias/noticia/Articulo/ucr-premia-a-fernando-soto-harrison.html
[5] Ob.cit. Sin Autor. 8 de abril de 2006
[6] Ob. Cit. Soto Harrison, 1999. pág. 227