H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Por MSc. Javier Olivares Ocampo*

       El son de la marimba aún resuena como parte del embrión afrodescendiente en Guanacaste, así como la diversidad de vocablos de la vida cotidiana, ejemplos: bongo, mondongo, moronga; además de los nombres de lugares característicos por una particular toponimia: Malambo, Matamba, Pangola, Cananga, Congo; todo ello como legados africanos, que se sostienen firmes en la tradición guanacasteca a pesar del tiempo y del largo proceso de mestizaje.

       Los afrodescendientes llegaron a Guanacaste   desde el momento mismo del arribo de los europeos; fueron traídos para que se desempeñaran como mano de obra esclava, primero en el proceso de exploración y luego en las actividades económicas coloniales. La expedición de Juan de Cavallón y Estrada Rávago, iniciada en 1560, ya contaba con un grupo variado que se extendió desde Nicaragua hacia Costa Rica, entre los cuales “no faltaban algunos negros esclavos, “expertos en las minas”, diestros en la localización de depósitos de metales preciosos” (Solórzano. 2006. p.194) En una primera fase, los negros se desempeñaron en las expediciones de los españoles, así como en la guerra.

       Una vez los europeos establecidos en tierra firme, los esclavos negros fueron destinados en diferentes faenas, como la agricultura de subsistencia, el acarreo de productos, la producción ganadera bovina y caballar, también en labores domésticas, siempre considerados como el estrato social más bajo, de la estructura colonial, tratados con menosprecio y explotados mediante diferentes formas discriminatorias e inhumanas amparadas a las leyes imperiales o a las estrategias de dominación de la élite española y de la Iglesia Católica.

       De manera tal que la presencia de afrodescendientes durante la colonia tuvo lugar especialmente en el noroeste del país, debido a la importancia que alcanzó la región del Golfo de Nicoya en diversas actividades económicas: la extracción de maderas, la ganadería, el trasiego de mercancía. Esta situación presentó una característica de mestizaje particular con predominancia de la mezcla de indios y negros, dando como resultado el conjunto de una población a la que los españoles denominaron cholos.

       Conforme las actividades propias de la ganadería fueron creciendo, las condiciones sociales cambiaron; el esquema de esclavitud fue abriendo espacio a personas libres. A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, las haciendas de ganado consolidaron su desarrollo, por lo que la mano de obra de esclavos negros se robusteció, algunos se convirtieron en hombres de confianza del señor hacendado y fungieron como caporales. Aunque los mandadores pertenecieran a una categoría de esclavos, se le cedieron algunas ventajas; entre esos privilegios contaban con mayor posición social, recibían salario, o era dueños de cabezas de ganado.

       Posterior al período colonial dos eventos importantes marcan la presencia de personas negras en Guanacaste, pero provenientes del Caribe. El primer caso es el establecimiento de la colonia cubana en la península de Nicoya, en 1891, cuando el libertador de Cuba Antonio Maceo Grajales funda La Mansión de Nicoya con 100 familias, a través de un convenio con el presidente de Costa Rica, José Joaquín Rodríguez, quien le asigna tierras para ponerlas a producir. Los cubanos afrodescendientes desarrollaron el pueblo, esencialmente con la actividad de la caña de azúcar.

       El otro caso corresponde al segundo ciclo minero en Costa Rica, desarrollado en Abangares. Las Compañías mineras trajeron hombres negros de Jamaica con el fin de que resguardaran las minas del robo de los trabajadores. “Llegaron (…) para desempeñar puestos como guardas y capataces” (García 1984. p. 57). En 1911 se registra un movimiento de protesta contra ellos; los mineros organizados se rebelan por la requisa cotidiana que hacen los guardas y ocurre la llamada “matanza de negros” en diciembre de 1911 en la mina “Tres Hermanos”. “Mataron alrededor de catorce, los cuales hoy se encuentran enterrados en el llamado “Cementerio de Negros”. (García 1984. p. 59.) A las minas, además de jamaiquinos, llegaron muchos más provenientes de Nicaragua y Honduras, atraídos por las actividades económicas, e impulsados por las compañías extranjeras enclavadas en la región.

       Esa herencia, pese al proceso de mestizaje, es importante; los legados son la muestra de la permanencia de la estirpe africana con presencia en Guanacaste, territorio en el cual estos actores sociales aportaron al desarrollo económico y cultural, que se extendió al resto del país; antiquísimo a los procesos de inmigración de finales del siglo XIX y principios del XX, asociados a la construcción del ferrocarril y a la actividad bananera, con orientación al Caribe.

*MSc. Javier Olivares Ocampo.Profesor e investigador de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico:

Fuentes consultadas:

García, Guillermo (1984). Las Minas de Abangares: Historia de una doble explotación. (1a. Ed.). San José Costa Rica, Universidad de Costa Rica.

Solórzano, Juan Carlos y Quirós Claudia (2006). Costa Rica en el siglo XVI: Descubrimiento, exploración y conquista. San José Costa Rica, Universidad de Costa Rica.