H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

     Por Mag. Emilia Vargas Solis*

       Hoy queremos rendir homenaje a una  mujer ejemplar del cantón de Goicoechea,  Guadalupe.  Nos referimos a la señora Elvira Matilde Solís Blanco, conocida por sus seres queridos y conocidos como doña Elvia y por su familia como “Tintín”.

      Doña Elvia nació un 26 de enero de 1937. Hija de Emilia Cordero Blanco y Rafael Solís Zelaya, siendo la segunda hija de este matrimonio.  Sin embargo, su madre murió a los pocos meses de nacida. Posteriormente, su padre contrajo nupcias con la señorita Ángela Zeledón Vargas, quien siempre la cuidó y amo como su propia hija, de ahí que doña Elvia siempre la recuerda con un gran amor pues como dice ella “ella fue mi mamá”.

      Durante su infancia vivió en Cartago y en los primeros años de vida se trasladó a Guadalupe donde vivió su juventud y ha vivido su adultez. Nos cuenta que siempre ha amado mucho a sus hermanos y que chineo mucho a los menores, a los cuales siempre chineaba hasta con lo que les gustaba comer, incluso nos cuenta que uno de sus hermanos menores Gerardo a veces la llama para preguntarle alguna receta.

      Doña Elvia contrajo matrimonio un 21 de abril de 1963, con el señor José Angel Vargas Agüero,  oriundo también de Guadalupe y con quien procrearon cinco hijos, tres mujeres y dos varones.  Hoy días nos cuenta que su familia ha crecido pues tiene doce nietos y un bisnieto.

      Su familia como ella misma lo indica es muy unida y siempre está pendiente de ella y de su esposo.  Además, los sacan a compartir y pasear aprovechando cada oportunidad para disfrutar en familia. Doña Elvia, nos cuenta algunas anécdotas de juventud, dentro de ellas nos cuenta de que en el Guadalupe de antaño cerca de donde hoy está ubicada la Cruz Roja, existió un Laguito que era muy concurrido y en el cual era común ver a las muchachas pasar en horas de la tarde con sus vertidos encogidos  ya que caigan al agua al mojarse se reducía su tamaño.

      Nos cuenta que era común en su época de juventud que luego de asistir a misa dar vueltas en el parque a escuchar la retreta. También nos cuenta que desde muy corta edad siempre le gustó siempre cocinar, cocer y tejer.  Incluso hoy en día con sus ochenta y dos años de edad sigue cocinando en su casa y una de las cosas que más le gusta es chinear a sus hijos, nietos y bisnieto.

Y que le gusta cuando puede hacer alguna reparación de ropa, porque ya no cose como antes que si le hacía ropa a sus hijos e incluso nietos. Ella narra que cuando sus hijos estaban pequeños tuvo que  trabajar mucho para poder sacarlos adelante, y para ello ella tejía,  hacía costuras a los vecinos y hasta tuvo una verdulería y taquería, en el garaje de su casa, en la cual trabajaba todos los días desde muy temprano hasta alta horas de la noche,. 

      Por otra parte, esta valiente mujer relata cuando sus hijos restaban en la escuela y colegio, mientras atendía la verdulería les iba preparando el almuerzo o la comida para que estuviera lista cuando sus hijos regresaban.  Ya que siempre se preocupé de que sus hijos pudieran estudiar y tuvieran un mejor futuro.   

      Como anécdota nos cuenta que cuando uno de sus hijos estaba  como en cuarto o quinto grado no quería ir a la escuela, y para no ir entonces no se quería bañar, entonces ella lo bañaba en el patio con una manguera y lo obligaba a ir.  Y que cuando su hijo se hizo adulto y profesional un día le dijo “gracias mami, porque si no me hubiera obligado, no sería lo que soy”.

      También nos cuenta que cuando tenía reuniones en la escuela de sus hijos, estos se tenían que quedarse  esperándola, entonces ella les llevaba botellitas de café envueltas en papel periódico (para que no se enfriara) y les llevaba pan con mantequilla  o con frijoles), para que comieran mientras llegaban a la casa.

       En otra de sus historias explica cuando la iba a recoger de la escuela y sobre todo cuando llovía, ella le llevaba capa y sombrilla, pero que su hija venía chapaleando (brincando) en cada hueco que había con agua, y que un día incluso la botó y ambas cayeron dentro de un caño, al punto que el agua les pasaba por encima.

      Otro día llegó a recoger a su hija mayor a la escuela y esta al verla salió corriendo y al llegar a la casa se percataron de que no llevaban el bulto y tuvieron que devolverse y encontraron el bulto detrás de la puerta de la escuela y en otro oportunidad lo dejo en la carnicería todo un fin de semana. 

       En cuanto a sus jornadas de trabajo en la verdulería y taquería, nos cuenta que iniciaban muy temprano, ya que tenía que ir a comprar las frutas y verduras y para ello iba hasta el “Mayoreo”, (lugar donde compraba), donde incluso tenía que llevarse a su hijo menor de apenas dos o tres años, ya que no tenía con quien dejarlo ya que sus hijos estaban en la escuela o el colegio.

      Ya de regreso a su casa procedía a acomodar las verduras y frutas y se dedicaba a atender su negocio, pues durante el día tenía la verdulería y en la noche la taquería. Otra interesante anècdota es cuando preparaba todo lo que requería para los tacos desde la carne, la mayonesa, las tortillas, y que gracias a Dios siempre vendía mucho, al punto que muchas veces cerraba la taquería como a las 10:00 o 10:30 y la gente llegaba a tocar la puerta de su casa para que les vendiera, y como ella necesitaba dinero, dice que los atendía y a veces le daban pasadas las once de la noche.  Nos dice que incluso la gente les gustaba muchos los tacos sin repollo, que incluso les pusieron hasta nombre y eran muy solicitados “los cartuchos”, que eran solo la tortilla con la carne y las salsas y que a la gente le gustaba mucho.

      También recuerda que a sus hijos nunca podía darles dinero para la escuela o colegio, entonces les alistaba pan con frijoles y una botellita con fresco de limón. Que siempre trató de que sus hijos tuvieran que comer y cuando la situación era difícil les preparaba sopas de leche (leche con tortillas), y chayote ya que en su casa tenían una Chayotera (mata de chayotes), entonces eso sí que nunca faltó.   

     Ella tambièn recuerda cuando sus hijos crecieron y se casaron o tuvieron hijos ella siempre cuidó de sus nietos a los cuales cuidó y ama de una forma especial, que siempre le ha gustado chinearlos y prepararles lo que les gusta, incluso hoy en día es común que les prepare arroz con leche ya que a casi todos sus nietos les gusta mucho.   Y por supuesto la olla de carne que no puede faltar.

      Doña Elviara agradece a Dios por los hijos que le dio, que aunque no fue fácil Dios nunca la dejo ni la ha dejado y más bien le ha dado más de lo que ella se imaginó “con sus ojitos llorosos”. Hoy en su vejez, doña “Tintín” como la llaman sus hijos, se encuentra rodeada del amor de sus hijos,  nietos y bisnietos que la cuidan, aman y están pendientes de ella y de su esposo y de todo lo que necesita. 

      Siempre dice que lo más grande que tiene y que con la que Dios la bendigo fue con sus hijos, que siempre fueron el motor para luchar y seguir adelante, y retoma “son tan buenos los hijos que tengo, Dios me los bendiga siempre”.

*Mag. Emilia Vargas Solis. Profesora de la Càtedra de Historia de la UNED. Correo electrònico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.