H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

      Resulta muy curioso el hecho que tan solo unos años se hubiera iniciado este editorial con frases como: “De acuerdo con  las noticias de los ùltimos meses” o “a partir de lo informado por la prensa internacional en América Latina..." Sin embargo, hoy más que nunca,  existe una enorme distancia entre los eventos que ocurren y lo que informan los medios de comunicación lo que genera dudas de si lo que se està transmitiendo en las pantallas es real o no. En este sentido, las cadenas más importantes de comunicaciòn solo brindan una lectura de los hechos, y en algunos lo que muestran informacipon sesgada, la cual responde a los intereses de grupos específicos.

      Otro factor que ha cambiado las reglas del juego es la manera còmo las personas logran acceder a información mediante medios alternativos a la televisión, radio o prensa, gracias a las redes sociales digitales o mensajería de texto. Lo anterior constituye una gran ventaja pues permite la democratización de la información, pero también un riesgo ante la existencia de las llamadas fake news o “noticias faltas”. Sumado a esto, se le agrega el bombardeo que reciben minuto a minuto las personas en sus celulares, computadoras u otros dispositivos conectados a Internet, en muchos casos, sin haber solicitado dicha información u ofrecer su consentimiento.

      Lo anterior muy peligroso pues puede hacer  pensar a las personas que lo que leen es la única verdad, sin considerar otras posibles lecturas o reflexionar sobre si lo que reciben està distorsionado. Esto se evidencia en la forma como muchas personas creen y confían que realmente saben lo que ocurre en países como Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Chile, Bolivia y ahora Colombia. Sin embargo, muchas de las noticias e información son alteradas o bien fragmentadas dependiendo de quién cuente la historia y su intención. Por lo que cada vez es más difícil estar seguros de lo que realmente sucede en América Latina.

      Costa Rica no escapa del fenómeno descrito, pues en los medios de comunicación y redes sociales es posible apreciar el bombardeo de crónicas periodísticas, con una clara inclinación ideológica y que responde a ciertos intereses, al punto que más que una noticia parece una campaña de mercadeo cuyo fin es demonizar o exaltar a personas, grupos o sectores. Sobre este tendencia, como dice el adagio popular quien “paga, pone la música”.  

      A pesar de la deferencia de criterios y datos que se proporcionen de cada lado, es evidente que América Latina, actualmente transita por momento histórico, que para muchas personas pasa desadvertido, ya sea por desinformación o bien por desinterès. En este sentido, son realmente contados con los dedos  los medios cuya ética y profesionalismo buscan  cumplir con su papel social de informar a la población y de explicar las causas de estos eventos, y si lo hacen se limitan a describir tendencias de corto plazo y superficiales, sin comunicar las razones estructurales que han conducido a estos hechos.

      Ante el panorama anterior,  surgen interrogantes acerca de qué hacer para combatir el problema de desinformación que existe, quién o quiénes deben emprender estas tareas y qué papel juega la educación en la creación de personas más críticas y capaces de discernir información, con el fin de  brindar posiciones más críticas e informadas en un lenguaje que permita llegar a un público amplio.  Será en otro editorial o espacio donde se deberá continuar con este debate construir respuestas de forma colectiva.

Cátedra de Historia de la UNED