H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
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Comentario de Mag. Maria Auxiliadora Vega B.*

     El mundo al revés tienen todos sus aspectos girando al lado equivocado desde la educación, el clasismo, la desigualdad la economía y la política y demás aspectos que se resumirán en este texto tomando referencia el libro abordado, rescatando los puntos más relevantes de este rompecabezas mal armado que le llaman mundo en la actualidad en el cual sus pobladores no son más que piezas de ajedrez divididas en dos bandos, uno con más privilegios que otro y bien diferenciados por dos colores característicos: blanco y negro en la mayoría de los casos.

       Se puede iniciar con uno de los aspectos que se supone debería ser una de las bases de las sociedades en general el cual se denota como educación, se menciona que desde hace dos siglos atrás los docentes basan sus enseñanzas en la injusticia. La sociedad se ve guiada por la deshonestidad y la falta de escrúpulos menospreciando a quien trabaja arduamente. Cada vez aumenta más el canibalismo cuyos victimarios son las empresas grandes y poderosas y sus víctimas son las pequeñas y desfavorecidas, de esta manera se promueve el deshuesamiento de los países pequeños en las garras de los llamados potencias mundiales.

        Se menosprecia a quien carece de empleo y busca el medio de llenarse la boca, se les juzga como un pobre que va en busca de sustento con un cuchillo en mano. Son mal llamados como una patología mundial de lo que se supone están llenos los cuerpos de quienes no tienen el mismo nivel de alcance a nivel monetario principalmente, se les otorgan etiquetas de locura y peligro de manera que al poseer estas características se salen del molde de buena salud con la que deben estar dotados quienes

       Pertenezcan al éxito social, ya los  «jodidos siempre estarán jodidos», dijo don Emilio Azcárraga.Si se sigue el mismo hilo se cae en que los pobres o menos dotados no le importan a la sociedad, por lo tanto su muerte significa poco menos que nada, se tacha su muerte por motivo de un posible ajuste de cuentas, así es al igual que un país endeudado cuando deciden liquidarlo. De esta manera se cae en otro de los pilares de la sociedad que se encajona en la palabra economía La economía mundial, este pilar no es solo base del mundo si no que también es un potencial agente en lo que respecta al crimen organizado. Un ejemplo de esto están los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito desde las manos nuevamente de los países con mayores alcances controlando a los demás países pobres con el incontrolable método del terrorismo.

       La manipulación de masas se vuelve el arma más eficaz junto con el arte de engañar al prójimo, de esta forma los estafadores y gobernantes son dignos de impunidad y muestran mayor poder según quien mata a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menor costo.Poco a poco las calles del mundo se convierten en un campo de batalla fantasma en el cual caminar es un peligro y respirar es una hazaña, esto afecta a ricos y pobres pero son aun más afectados quienes no tienen como defenderse, es decir los pobres. Pero ninguno se salva, quienes gozan de todos los privilegios que puedan existir viven atados a los miedos y quienes por el contrario no tienen nada están presos de la necesidad que les quita el sueño.

       El mundo al revés es un maestro que enseña a ver a los demás como una amenaza y no como una promesa, de esta manera va creciendo la soledad de la sociedad y provoca que las personas busquen consuelo en drogas químicas y sustituyan el contacto físico por amigos cibernéticos. El destino de cada uno está condicionado a morir de hambre, a morir de miedo o a morir de aburrimiento, esto mientras que no se llegue a ser atravesado por una bala perdida que nos abrevia la existencia. Provoca también una sociedad que se resigna a padecer en una realidad triste y desigual, a olvidar el pasado en lugar de luchar por realizar un cambio para un mejor futuro sin esperar que pase de forma milagrosa. Las escuelas terminan enseñando la impotencia, la amnesia y la resignación como pan de cada día y sin la existencia de ninguna otra alternativa.

       El clasismo es un determinante del diario vivir de esta sociedad que afecta a las personas casi desde el momento en que nacen, etiquetados según el color de su piel y la cuna en la que duermen, si son del sur o del norte, si poseen riquezas o están predestinados al azar de un nuevo día.

       Lamentablemente quienes son identificados como la clase alta y que poseen mayores posibilidades son quienes menos posee, se preguntarán el por qué, esto es debido a que no pertenecen a ningún lugar, crecen sin raíces, despojados de la identidad cultural y sujetos a un constante peligro. Su patria está en las marcas que distinguen sus ropas y todo lo que usan, y su lenguaje se basa en códigos electrónicos internacionales. Crecen en una realidad virtual e ignorancia debido a que no salen de las paredes de sus lujosas mansiones y las pantallas hipnóticas de sus artefactos electrónicos. Su vida va sobre ruedas con el motor más rápido que pueda existir todo es fast food, fast cars, fast life: desde que nacen, son entrenados para el consumo y las máquinas son más dignas de confianza que las personas.

       Pero en la otra cara de la moneda tenemos a los niños pobres y llenos de imposibilidades quienes no están en la cuerda floja de las drogas si no que ya han caído desde hace tiempo, estos mismos no juegan video juegos o usan armas de juguete para enfrentarse a la realidad virtual, sino que la viven en carne propia cada día al abrir los ojos. Este si es la realidad.

       El consumismo es otro de los aspectos en los que se encuentra sumergida la sociedad mundial y el cual es uno de los motivos de mayor desigualdad, quien no tiene no es. La publicidad se vuelve su mano derecha, pues vende la idea necesidad de adquirir nuevas cosas a los que no tienen la posibilidad de pagarlas, de estar manera los pobres se ven embaucados en préstamos innecesarios para comprar algo que no necesitan como consecuencia del lavado de cerebros que hace que piensen que lo necesitan. Así se benefician los de clase alta y se vuelven más pobres los que ya lo son.

      De esta manera el crimen se ha vuelto protagonista del espectáculo, los grandes necesitan seguir acrecentando sus ventas y disminuyendo sus pagos. Los derechos públicos son víctimas del poder, este muestra a la educación y la salud como caridad y su supuesto objetivo pero en lugar de hacer mejoras se encargan de disminuir los beneficios. Pero esto sigue impone a causa de la desmemoria pues los países y personas exitosas merecen premio y los países y personas fracasadas merecen castigo.

       La libertad de comercio tiene relación con la injusticia junto al proteccionismo de las potencias, el monopolio de las tecnologías punta, de la biotecnología y de las industrias del conocimiento y de la comunicación y privilegios para que el norte siga sabiendo y el sur siga repitiendo. Ahora el capitalismes la economía de mercado; el imperialismo la globalización; las víctimas del imperialismo son  países en vías de desarrollo,  el oportunismo es  pragmatismo; la traición es  realismo; los pobres  son  personas de escasos recursos; la expulsión de los niños pobres por el sistema educativo es un deserción escolar; el derecho del patrón a despedir al obrero sin indemnización ni explicación es flexibilización del mercado laboral; los derechos de las mujeres son parte de la minoría, la dictadura militar es un  proceso; las torturas son apremios ilegales o tensiones físicas y psicológicas; los ladrones de buena familia son  cleptómanos; el saqueo de los fondos públicos por los políticos corruptos es enriquecimiento ilícito; los accidentes son  crímenes que cometen los automóviles; los ciegos son no videntes; un negro es un hombre de color; una larga y penosa enfermedad es  cáncer o sida; repentina dolencia es un  infarto; no es un  muerto, sino desaparición física; los  muertos en las operaciones militares: son bajas, y los civiles que se la ligan sin comerla ni beberla, son daños colaterales, no son bombas son artefactos que explotan.

      El racismo y el machismo es decir que la policía caza estereotipos culpables del delito, unos pueblos nacen para ser libres y otros para ser esclavos. Los que no poseen color de piel blanco son llamados despectivamente por los “mejores” como: castizo, cuarterón, quinterón, morisco, cholo, albino, lobo, zambaigo, cambujo, albarazado, barcino, coyote, chamiso, zambo, jíbaro, tresalbo, jarocho, lunarejo y rayado así bautizaban a los frutos de las mezclas tropicales y defendían la maldición hereditaria. De la misma manera en que los planetas giran alrededor del sol, han de girar los siervos alrededor de los señores. La desigualdad social y la discriminación racial integran la armonía del cosmos.

    En el hilo de la discriminación Alfred Binet inventó el primer test de coeficiente intelectual, con el sano propósito de identificar a los niños que necesitaban más ayuda de los maestros en las escuelas pero luego fue utilizado para categorizar el nivel de inteligencia entre los que son impuros y los son puros. Luego apareció la  eugenesia que permitía esterilizar a los deficientes mentales, a los asesinos peligrosos, a los violadores y a los miembros de categorías tan nebulosas como los pervertidos sociales, los adictos al alcohol o a las drogas y las personas enfermas y degeneradas. Curiosamente los supuestos culpables de estos delitos eran en su mayoría los de la clase baja y  los intelectuales tenían la certeza de que las razas inferiores bloqueaban el camino del progreso. Existe una democracia racial y la cúspide rica es blanca, o se cree blanca.

       Luego se tiene nuevamente el miedo según dos tipos de crímenes el de acción que las personas morían en manos de los militares o los de omisión que morían por una mala atención médica. Por otro lado, las casas de los ricos son como jaulas llenas de seguridad, se aumentó la cantidad de policías privados y las industrias de armas están enriqueciéndose a raíz del miedo de la sociedad que provoca estar siempre alerta y preparado. Continua creciendo  la delincuencia y la drogadicción, la agitación social y el odio nacional, regional, local y personal.

        El narcotráfico y los gobiernos tiene a la sociedad en sus manos sucias, los bancos están llenos de dinero sucio y fácil e inclusive hasta la religión se llena los bolsillos con negocios turbios. Como dice el dicho “por la plata baila el perro”, esto resume el por qué los pobres están bajo las ordenes de los poderosos.

       El derecho laboral se está reduciendo al derecho de trabajar por lo que quieran pagarte y en las condiciones que quieran imponerte. El trabajo es el vicio más inútil. No hay en el mundo mercancía más barata que la mano de obra. Mientras caen los salarios y aumentan los horarios, el mercado laboral vomita gente. En su informe sobre los años 96 y 97, dice la OIT, la Organización Internacional del Trabajo, que «la evolución del empleo en el mundo sigue siendo desalentadora». En los países industrializados, el desempleo sigue estando muy alto y aumentan las desigualdades sociales, y en los llamados países en desarrollo, hay un progreso espectacular del desempleo, una pobreza creciente y un descenso del nivel de vida.

            En Europa, todavía hay subsidios que alivian la suerte de los desocupados; pero el hecho es que uno de cada cuatro jóvenes no consigue empleo fijo. El trabajo en negro, al margen de la ley, se ha triplicado en Europa en el último cuarto de siglo. En Gran Bretaña, son cada vez más numerosos los trabajadores que permanecen en sus casas, siempre disponibles y sin cobrar nada, hasta que suena el teléfono. Entonces trabajan por un tiempo, al servicio de una agencia contratista. Después, vuelven al hogar, y sentados esperan que el teléfono suene nuevamente.

      El miedo a la pérdida del empleo, y la angustia de no encontrarlo, no son para nada ajenos a un disparate que las estadísticas registran, y que sólo puede parecer normal en un mundo que ha perdido todos los tornillos. En los últimos treinta años, los horarios de trabajo declarados, que suelen ser inferiores a los horarios reales, aumentaron notablemente en Estados Unidos, Canadá y Japón, y sólo disminuyeron, un poco, en algunos países europeos. Éste es un alevoso atentado contra el sentido común, cometido por el mundo al revés: el asombroso aumento de la productividad operado por la revolución tecnológica no sólo no se traduce en una evolución proporcional de los salarios, sino que ni siquiera disminuye los horarios de trabajo en los países de más alta tecnología. En los Estados Unidos, las frecuentes encuestas indican que el trabajo es, actualmente, la principal fuente de stress, muy por encima de los divorcios y del miedo a la muerte, y en Japón el karoshi, el exceso de trabajo, está matando diez mil personas por año.

        Paradójicamente, muchos trabajadores del sur del mundo emigran al norte, o intentan contra viento y marea esa aventura prohibida, mientras muchas fábricas del norte emigran al sur. El dinero y la gente se cruzan en el camino. El dinero de los países ricos viaja hacia los países pobres atraído por los jornales de un dólar y las jornadas sin horarios, y los trabajadores de los países pobres viajan, o quisieran viajar, hacia los países ricos, atraídos por las imágenes de felicidad que la publicidad ofrece o la esperanza inventa. El dinero viaja sin aduanas ni problemas; lo reciben besos y flores y sones de trompetas. Los trabajadores que emigran, en cambio, emprenden una odisea que a veces termina en las profundidades del mar Mediterráneo o del mar Caribe, o en los pedregales del río Bravo.

         Son numerosas las industrias que emigran a los países pobres, en busca de brazos, que los hay baratísimos y en abundancia. Los gobiernos de esos países pobres dan la bienvenida a las nuevas fuentes de trabajo, que en bandeja de plata traen los mesías del progreso. Pero en muchos de esos países pobres, el nuevo proletariado fabril labora en condiciones que evocan el nombre que el trabajo tenía en tiempos del Renacimiento: tripalium, que era también el nombre de un instrumento de tortura. El precio de una camiseta con la imagen de la princesa Pocahontas, vendida por la casa Disney, equivale al salario de una semana del obrero que ha cosido esa camiseta en Haití, a un ritmo de 375 camisetas por hora. Haití fue el primer país en el mundo que abolió la esclavitud; y dos siglos después de aquella hazaña, que muchos muertos costó, el país padece la esclavitud asalariada. La cadena McDonald’s regala juguetes a sus clientes infantiles. Esos juguetes se fabrican en Vietnam, donde las obreras trabajan diez horas seguidas, en galpones cerrados a cal y canto, a cambio de ochenta centavos. Vietnam había derrotado la invasión militar de los Estados Unidos; y un cuarto de siglo después de aquella hazaña, que muchos muertos costó, el país padece la humillación globalizada.

        La fe en los poderes de la ciencia y de la técnica ha nutrido, todo a lo largo del siglo veinte, las expectativas de progreso. Cuando el siglo andaba por la mitad de su camino, algunos organismos internacionales promovían el desarrollo de los subdesarrollados, distribuyendo leche en polvo para los bebés y fumigando campos con DDT: después se supo que la leche en polvo, cuando sustituye a la leche materna, ayuda a los bebés pobres a morir temprano, y que el DDT propaga el cáncer. Años más tarde, al fin del siglo, la misma historia: los técnicos elaboran, en nombre de la ciencia, recetas para curar el subdesarrollo, que suelen ser peores que la enfermedad y que se imponen a costa del basureo de la gente y de la aniquilación de la naturaleza.

      La realidad se convierte en el reino del precio y del desprecio: el precio, que nos desprecia, define el valor de las cosas, de las personas y de los países. Los objetos de lujo dan envidia a los sujetos que el mercado ningunea, en un mundo donde el más digno de respeto es el que más tarjetas de crédito tiene. Los ideólogos de la neblina, los pontífices del oscurantismo que ahora está de moda, nos dicen que la realidad es indescifrable, lo que viene a significar que la realidad es inmodificable. La globalización reduce el internacionalismo a la humillación, y el ciudadano ejemplar es el que vive la realidad como fatalidad: si así es, será porque así fue; si así fue, será porque así será. El siglo veinte había nacido bajo el signo de las esperanzas de cambio, y a poco andar había  sido sacudido por los huracanes de la renovación social. Ahora, al fin de sus días, el siglo parece vencido por el desaliento y resignación.

       Nació el siglo veinte bajo el signo de la revolución, y muere marcado por la desesperanza. Aventura y naufragio de las tentativas de creación de sociedades solidarias: padecemos una crisis universal de la fe en la capacidad humana de cambiar la historia. Paren el mundo, que me quiero bajar: en estos tiempos de derrumbamiento, se multiplican los arrepentidos de la pasión política y arrepentidos de toda pasión. Ahora abundan los gallos de riña convertidos en aves de corral, mientras los dogmáticos, que se creían a salvo de la duda y del desaliento, se refugian en la nostalgia de la nostalgia que evoca la nostalgia, o se paralizan en el estupor. La realidad dice, sin embargo, que la paz sin justicia, esa paz que hoy por hoy estamos disfrutando en América latina, es un campo de cultivo de la violencia. En Colombia, el país que más violencia sufre, el ochenta y cinco por ciento de los muertos es víctima de la llamada violencia común, y sólo el quince por ciento muere por la llamada violencia política.

      Quienes creemos que la injusticia no es nuestro destino inevitable, no tenemos por qué reconocernos en el despotismo de una minoría negadora de la libertad, que no rendía cuentas a nadie, que trataba al pueblo como menor de edad y que confundía a la unidad con la unanimidad y a la diversidad con la traición. Aquel poder petrificado estaba divorciado de la gente. Eso explica, quizá, la facilidad con que se derrumbó, sin pena ni gloria, y la rapidez con que se impuso el poder nuevo, con los mismos personajes: los burócratas pegaron un salto de circo y, de buenas a primeras, se convirtieron en empresarios exitosos y capos mafiosos. Moscú tiene ahora el doble de casinos que Las Vegas, mientras los salarios caen a la mitad y en las calles la delincuencia crece como los hongos después de la lluvia.

        Estos son tiempos de trágica, y quizá también saludable, crisis de certezas. Crisis de los que creyeron en estados que decían ser de todos pero eran de pocos, y terminaron siendo de nadie; crisis de los que creyeron en las fórmulas mágicas de la lucha armada; crisis de los que creyeron en la vía electoral, desde partidos que pasaron de la palabra ardiente a los discursos bajos de sal: partidos que empezaron prometiendo combatir el sistema y terminaron administrándolo. Son muchos los que piden disculpas por haber creído que se podía conquistar el cielo; son muchos los que fervorosamente se dedican a la borratina de sus propias huellas y se bajan de la esperanza, como si la esperanza fuera un caballo cansado.

 *Mag. María Auxiliadora Vega B. Profesora de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.