Bernardita Calderón Solís: Mujer guerrera
Por Licda. Karen Jiménez Martínez*
Nació en La Lucha de Cartago, la quinta hija de once hermanos, su padre Antonio Calderón Arias, un agricultor humilde, y su madre quien realizaba un doble rol: los quehaceres propios de la casa y la hacienda de café con sus labores propios de la pequeña finca con la que contaban como herencia de sus abuelos maternos.
“Todo fue en mi vida una gran lucha en la que debíamos laborar todos… desde que tengo uso de razón he tenido que ayudar a mis padres, quizás cinco o hasta cuatro años, mis manos han tocado la tierra. Mi vida fue solo trabajar hasta mis veintidós años
De pequeña fue a la Escuela Félix Mata Valle, en donde cursó los seis años de primaria, su interés por el estudio era elevado, pero lamentablemente al llegar al séptimo nivel las posibilidades económicas de su numerosa familia le impidieron continuar.
Aunque quería ir al colegio no se me permitió por una cuestión de pobreza. Asi era nuestra condición. La vida entre cafetales fue el modo en que nos tocó salir adelante, mis padres desde chiquitillas nos enseñaron a sembrar el café, desde lo que llaman el abejoncillo, la matita chiquitita del semillero, hasta sembrar la mata ya grandecita de 6 a 7 meses que se siembra el café al suelo para colocarlo en la finca de café, yo trabaje en eso hasta que tuve el accidente.
La vida de Bernardita tuvo un giro radical a sus 22 años de edad, en ese momento modifico su estilo de vida. Esta mujer luchadora por demás afrontó un contexto difícil en medio de cafetales, prejuicios, y limitaciones económicas.
“Hubo que hacer un cambio muy grande en mi vida, en ese accidente perdí una parte de mi cuerpo: una pierna, al inicio pensé: yo no voy a servir para nada, me sentía como inútil, que no valía, y la vida se había acabado en ese justo momento”.
La religiosidad de esta mujer, que manifiesta una fuerte fe católica, le permite no sólo afrontar la vida después de un fuerte accidente en motocicleta, en el cual su larga cabellera se entrecruza con los aros de la llanta que arrastra no sólo su cuerpo, sino sus sueños.
Su carácter, templanza y disciplina por la vida le permite asumir un rol laboral nuevamente, si bien esto le toma diez años de recuperación y adaptación, logra volver a incorporarse en su rol de vida.
En la década de los ochentas, posterior al accidente, Bernardita conserva esa actitud de mujer joven activa, sus padres deciden ayudarle comprándole una máquina de tejer, la cual fue significativa no solo como ingreso económico, sino como modo de vida y felicidad personal. Una pionera en el trabajo del tejido en su comunidad, la convierten en una mujer admirable, quien decide no sumirse en el rol patriarcal y se posiciona laboralmente en su labor manual.
“Me ayudaba con mis cosas para no pedirle a mi padres, al contrario, quien necesitase de mi le ayudaba, ejemplo de ellos los sobrinos de mi hermana que eran de limitados recursos.”
Pasaron alrededor de 8 años de su nueva actividad económica y conocerá un hombre con el cual se casa, con quien tuvo dos hijas de ese matrimonio, sin embargo, por azares del destino, enviuda, preso de un cáncer estomacal, Bernardita queda sola con dos hijas de 5 y 6 años. No sin antes haber dado la lucha contra el cáncer junto a miles de mujeres de su época, llevando un hogar como cabeza de familia.
Su conocimiento del dolor le ha permitido realizar charlas en su comunidad motivadoras, en un contexto donde la vida le cierra oportunidades, en donde la pobreza quiere marcar las pautas del destino, esta admirable señora se niega a cargar con estas condiciones de manera sumisa.
Contrae nupcias con un señor de Apellido Romero, agricultor, actualmente con 12 años de matrimonio. Sus hijas ya mujeres casadas y con sus propias responsabilidades, hacen a doña Bernardita Calderón sentirse como abuela, y trabajadora muy realizada.
En la actualidad Bernardita lidera una pequeña hacienda cafetalera en la región de la Violeta de Desamparados, es una mujer activa, su negocio se asocia a la promoción económica y cultural del café, produciendo primeramente café de calidad en la región, y participando en la feria de Frailes, como artesana, sin lugar a dudas, Bernardita es una mujer que marca pautas en la historia local de su comunidad. Su lucha es un ejemplo de vida.
Licda. Karen Jiménez Martínez. Profesora Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico:
