Escrito por MSc. Javier Olivares Ocampo*
Acosados por los gobiernos de derecha, los comunistas del Valle Central encontraron en el Pacífico Sur un baluarte de la conservación de la especie política, muerta y resucitada. La experiencia en el Caribe había sido nutritiva con la gran huelga de 1934 y las posteriores luchas. Luego de la Revolución de 1948 el Partido Comunista perdió su gravitación política, al tanto en 1949, José Figueres Ferrer abolió el ejército y también al partido comunista, sus dos amenazas latentes.
Por orden constitucional se proscribió el partido de Manuel Mora. Según Delgado (pág. 29): “En los años que van de 1950 a 1969 no habrá expresión legal que aglutine a los comunistas costarricense, o a la izquierda, para la participación de los procesos electorales, por la proscripción constitucional”. Durante ese período la izquierda nacional operó en la clandestinidad.
Aun cuando la Asamblea Constituyente de 1949 puso fuera de ley a los comunistas con la aprobación del artículo 98 incorporado a la constitución política, deslegitimando al Partido Vanguardia Popular, la militancia de la izquierda se mantuvo viva, fortalecida en los sindicatos, en los trabajadores, difundiendo ideas por medio de revistas, volantes, semanarios, asimismo apoyado en intelectuales costarricenses afines al anti- imperialismo norteamericano.
La desvirtuada realidad social de los trabajadores en la Zona Sur, fue germen de un comunismo de nuevo tipo, enriquecido por la Guerra Fría y la Revolución Cubana, con recursos económicos, estratégicos y militares de gran importancia, pero también con un enemigo más agresor: la política estadounidense. Los gobiernos costarricenses estuvieron vigilantes de la región para controlar todo movimiento subversivo en el contexto temeroso de la Guerra Fría.
En 1958, siendo presidente José Joaquín Trejos Fernández, la Asamblea Legislativa estuvo cerca de legalizar el Partido Alianza Popular Socialista; para las elecciones de 1970 el Partido Pueblo Unido tuvo gran participación en las elecciones nacionales y en los cantones de la Zona Sur, en 1974 la figura del caudillo comunista Manuel Mora Valverde, participó como candidato a la presidencia por el Partido Acción Socialista; en 1975 se logró la legalización del Partido Vanguardia Popular. Al respecto, Mora, expuso en su discurso: “Durante cerca de diez años a partir de 1948, el partido estuvo en la más absoluta clandestinidad. Pero encontró las formas de manifestarse públicamente. Constitucionalmente fue ilegal hasta 1975”. (p 694)
Los movimientos sindicales se distribuyeron a lo largo de la extensión bananera, en cada finca hubo grupos impulsadores de la ideología comunista, operando de manera oculta, pero efectiva. La semilla de la ideología fue sembrada en tierra muy fértil, al punto que la mayoría de los trabajadores fueron sindicalizados. De especial importancia fue el hecho que se hicieran circular periódicos, así el movimiento se apertrechó en las revistas y semanarios, la mayoría clandestinos, cuyos distribuidores eran los trabajadores, se destacaron la revista “Trabajo”, y los semanarios “Adelante” y “Libertad”. Estas publicaciones fueron muy importantes porque mantuvieron encendida la llama del comunismo costarricense y convirtieron la Zona Sur de Costa Rica en el baluarte de la ideología, luego de la Revolución de 1948.
Fue evidente el trabajo de los líderes comunistas, durante el período en que el partido estuvo fuera de ley, a pesar de la tendencia derechista de hacerlo desaparecer de la escena política y social. En la región se destacaron los líderes como Cruz Obando, Jorge Conejo, Isaías Marchena, Anselmo Matarrita, Máximo Reyes Martínez, Evangelista Chávez, Jesús Garbanzo, entre tantos. Debe subrayarse la gravitación que tuvo la “Unión de Trabajadores de Golfito” (UTG), en cuanto a la organización laboral y la expansión ideológica. Una considerable cantidad de líderes fueron capacitados en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, o en algún satélite comunista de Europa; muchos estudiaron en Cuba, Alemania, Checoeslovaquia, URSS.
La Guerra Fría permitió de muchos jóvenes sureños salieran al exterior a estudiar, patrocinados por el comunismo, algunos lograron que sus títulos fueran reconocidos, otros no; pero ganaron en la experiencia de vida en otros países, en otro sistema. Muchas de esas personas hoy son población económicamente activa: veterinarios, maestros, ingenieros, agricultores, médicos, mecánicos, personas que guardan una invaluable experiencia, que hoy quizás no podría repetirse con sus propios medios.
Igualmente, se logró la formación de ciertos gremios como los barberos, o los sastres. Las barberías y las sastrerías fueron centros de tertulia y distribución de periódicos. Tuvieron esa posibilidad porque se ubicaron fuera de las fincas bananeras, en los pueblos vecinos como Ciudad Neily o Golfito, desde donde apoyaron las luchas bananeras y campesinas, con menos acoso policial. Una característica particular de estos establecimientos es que eran forradas con papeles de periódicos comunistas y exhibían en sus paredes las fotos de los líderes comunistas, como retando a la vista a sus detractores.
Los comunistas disponían de infraestructura para sus operaciones, contaban hasta con un vehículo del partido para organizar desde reuniones hasta huelgas. En Ciudad Neily había un salón para reuniones, al igual que la UTG en Golfito contaba con edificios para sus operaciones. Por ello un legado del enclave bananero fue que la ideología comunista se mantuviese viva y tomara fuerza en las grandes luchas emprendidas. La izquierda logró llevar diputados a la Asamblea Legislativa, así como regidores a los gobiernos locales; muchos dirigentes manejaron las Asociaciones de Desarrollo de los pueblos, y los comités comunales. La bandera roja adornaba en amplia mayoría las casas de los habitantes en los tiempos electorales.
El fin del comunismo en la región se anticipó al fin de la Guerra Fría, con el fracaso de la última huelga que consumó el retiro de la Compañía Bananera; se culpó indiscriminadamente a los dirigentes comunistas, al partido de izquierda, y a los sindicalistas. Esa última huelga fue en 1984, desde el 10 de junio hasta el 19 de setiembre, sin solución alguna. La Compañía se aferró a no aceptar las peticiones de los trabajadores, con el interés de hacer el retiro so pretexto de la intransigencia de los adversarios.
Desde la década de 1960 la empresa se había dedicado a la producción del aceite de palma, paulatinamente iba sustituyendo el cultivo de banano. Las luchas sociales le fueron significando a la empresa un alto costo, se había reivindicado el pago de vacaciones, aguinaldo, cesantías, seguros, y todas las cargas sociales ganadas, además el país vivía los efectos de la gran crisis de los hidrocarburos lo que hizo que las empresas tuviesen que pagar más impuestos. Por ser una empresa de capital foráneo, no era tan complejo retirarse e irse a instalar a otro país. El cierre de las operaciones y la devastación de la región se hicieron realidad.
Todo el conjunto de especulaciones y justificaciones respecto al fatal desenlace de la huelga de 1984 y el posterior deterioro económico y social del Pacífico Sur, estuvo manejado desde las altas esferas del Partido Liberación Nacional y de la prensa, achacando, sin reparo, el cataclismo sufrido por la izquierda costarricense. Dicha situación fue tomada como ejemplo de lo nefasto del comunismo en el mundo, en medio de tanta incertidumbre la dirigencia se separó, el partido también, y la UTG entró en expiración. Con la caída de las matas de banano, cayeron también las banderas rojas. Se cumplía la frase de la derecha: “el comunismo es malo”, y en adelante se le ha culpado de todo. La idea infundada fue que la Compañía se fue por culpa del comunismo, sin entenderse que se debió a un contexto más amplio y a intereses económicos propios de la dinámica económica de un enclave.
*MSc. Javier Olivares Ocampo. Profesor e investigador de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico:
Referencias Bibliográficas
Mora, Manuel. Discursos: 1934- 1979. Primera edición . Editorial Presbere, San José, Costa Rica. 1980
Burgois, Philippe. Banano, etnia y lucha social en Centro América. Primera edición. DEI, San José, Costa Rica.1994.
Delgado, Jaime. Costa Rica: Régimen Político (1950- 1980), primera edición. EUNED, San José. Costa Rica. 1997
