H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

  • Escrito por Mag.Ronald Obaldía González*

       En la sociedad contemporánea caracterizada por el olvido de los preceptos éticos, vale la pena  retrotraernos  a la génesis del pensamiento civilizatorio de Occidente. Por esto, hemos escogido varios fragmentos del escrito del politólogo costarricense Oscar Álvarez Araya acerca del pensamiento de  Séneca (4 a. C.- Roma, 65 d. C.), el filósofo del Antiguo Imperio de Roma, cercano a la concepción trascendental,  intrínseca al cristianismo.   
Podemos denotar  la proximidad del filósofo romano con el cristianismo, en las  frases siguientes, explicadas así por el politólogo: “…todos nosotros somos miembros de un gran cuerpo. La naturaleza…nos engendró un mutuo amor y nos hizo sociables”. A nuestro juicio queremos decir que la comunicación y el compartir con los demás, es decir, la convivialidad, significa  la vía primordial  para alcanzar la verdad, al mismo tiempo que contribuye a profundizar en nuestro interior, y entendernos a sí mismos (Víctor M. Mora Mesén).

    “El alma recta, buena, grande…, exclamaba Séneca, puede encontrarse en cualquier  hombre”. Aquí ofrece consejos a quien tiene un ilimitado poder (el César en aquel entonces) para que se guíe por la clemencia, la moderación y el humanitarismo en el ejercicio del gobierno. Esto se acopla a nuestros tiempos. “El gobernante ideal para su pueblo es aquél de palabra agradable y de fácil acceso; aquel príncipe que tiene el gesto amable que es lo que más agradecen los pueblos, que se haya siempre dispuesto a favorecer las demandas justas y que nunca responde con acritud e ira a las injustas”.  Puesto que obra en virtud, “el  príncipe que se siente seguro por su bondad, para nada necesita de sus guardianes; tiene las armas como adorno”. (Séneca, Obra citada, págs. 531 y 532).    En  lo antes dicho, sobran los comentarios, especialmente en esta coyuntura cuando salen a relucir tendencias  en la política que fomentan el individualismo y la competencia egoísta, arropada  en la economía despegada de la ética y desarrollada en la cresta de la ola de la pura ley del beneficio (Papa Francisco). Así también “los manos de hierro”, tales como Nayib  Bukele, los mandatarios de Checa, Hungría y Polonia y una legión de dictadores del mundo,  irrespetuosos de las normas y las leyes, o quienes adoptan las corrientes iliberales, sea el nacionalismo xenofóbico tan inhumano como “vector” de  fanáticos. 

       Revestido de discutida autoridad moral, en razón de su conducta autoritaria en el ejercicio de la Presidencia de la Federación de Rusia, pero esta vez  - como sea -  atendamos la expresión de Vladimir Putin, apelando a la esperanza en la razón, en cuanto que en el fondo la humanidad teme el autoexterminio. Tal sentimiento evitará, según él,  una guerra total o destrucción masiva, lo cual acarrearía inexorablemente a la desaparición de la raza humana del planeta.  Con base en  la tesis de Putin, ha sido revelador la determinación de los Estados Unidos de América y el Irán de echar marcha atrás frente a la tentación de pasar a la escalada bélica en el Medio Oriente, a consecuencia del “ajuste de cuentas”, fraguado por Washington  en contra del  general persa Qasem Soleimani, estratega criminal del régimen chiita teocrático, un gestor de guerras y de conspiraciones. La prudencia militar imperó en esta oportunidad, por lo que nos libramos de mayúsculas e interminables aflicciones en la convulsionada región.  Siendo un tanto optimistas con tal disipación del riesgo bélico, quizás se pueda replantear la cuestión “de cómo garantizar para el futuro la paz, la construcción de la confianza, la seguridad y la cooperación”. Sin embargo, los augurios difícilmente los tendremos a la vista. Pues la mala noticia se desprende del reporte británico del instituto IISS, por el cual relata que los gastos militares a escala mundial tuvieron en el 2019,  su mayor incremento en esta década, al alcanzar el 4% (AFP). En esta industria se invierten billones de dólares en investigación y desarrollo, en contracorriente al mundo plagado de enfermedades y brechas sociales y regionales. Se relaciona con la repetitiva “dinámica destructiva”, una de  las complejas vicisitudes de “la familia humana universal”. A  esto agregamos la propagación de los virus letales, los cuales arrastran severas consecuencias a la salud física y psicológica de los seres humanos, asi también a la economía (Akira Kawamoto); las emergencias climáticas, tales como  el acceso limitado a los alimentos y el agua; la proliferación de incendios forestales en las distintas latitudes; así como los incontenibles flujos migratorios (James K. Hill), esta vez manifiestos en una Centroamérica dominada por múltiples miserias. 

       Lo postula el Franciscano Conventual Víctor M. Mora Mesén: “cuando una persona no se oculta, resulta más creíble. Cuánto más humano se es, menos necesidad existe de la mentira que intenta disfrazar el lobo que hay detrás de nuestras intenciones egoístas”, defensivas  y calculadoras.  Nos es útil la  enseñanza, a efecto de poner al desnudo el totalitarismo del régimen de China,  tan de relevancia crítica, y discordante con el sentido de la verdad. Resulta que el mandatario autócrata Xi Jinping ahora enfrenta una ola de descontento ante la reacción tardía a la epidemia del coronavirus. Lo cual se ha avivado, tras el inesperado fallecimiento, a principios de este mes, del médico de Wuhan – la región más afectada- , quien fue amenazado por la policía  “por haber alertado desde diciembre pasado” (AFP), acerca del inminente brote del virus.  El absolutista gobernante chino tampoco está solo en esconder la verdad.   En el genocidio de Myanmar contra los rohinyás - una minoría musulmana -  sale a relucir el despliegue de maldad, acompañado de la complicidad  hipócrita  de Aung San Suu Kyi, la política birmana, galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1991; esta vez por conveniencia personal, llega a tergiversar las causas y consecuencias de tal catástrofe humana.
  

    El laureado economista estadounidense Joseph Stiglitz considera "totalmente comprensible" que haya descontento social en América Latina debido al alto nivel de desigualdad en la región, así como la recurrencia de gobiernos ineptos y corruptos. Desde nuestra perspectiva, mantienen estancada la región   los dictadores o megalómanos, quienes  continúan cambiando a su antojo las reglas del juego político, con tal de perdurar en el poder. Somos testigos de hechos sangrientos y polarizadores, los cuales se creían sepultados, especial ente en el caso de Chile. Ahora  nos desengañamos:  a Augusto Pinochet, fomentador de la inequidad social y la tiranía, los privilegiados del estatus  lo reivindican a la altura del “tótem” de la nación;  así también no pocos fanáticos delincuentes mimetizan “el totemismo” en Venezuela y Nicaragua con los dictadores Maduro y Ortega a la cabeza, respectivamente.

     A los países desindustrializados, la mayoría inestables, se les prometió que la globalización habría de reducir las barreras a los flujos comerciales transfronterizos, al igual que se incrementaría la dinámica de los flujos de las inversiones, los capitales sanos, el comercio de bienes y servicios, así como la renovación de las estructuras productivas a través de la sociedad del conocimiento. Todo lo cual,  se presumió que apuntalaría  a mayor prosperidad y desarrollo humano, beneficiando a todos los ciudadanos, lo que al mismo tiempo implicaría la contención de los emisiones de migrantes a destinos como los Estados Unidos de América y Europa.  Lo cierto es que pasamos a “la era del malestar” (Joseph E. Stiglitz).  La aceleran las notas negativas de las agencias calificadoras de riesgo, al inducir al incremento de las tasas de interés, derivadas de los créditos externos, demandados por las naciones de menores ingresos, cuyos desaciertos en sus políticas macroeconómicas arrastran  consecuencias, similares a sanciones.  En cambio, sobrevino la crisis financiera mundial del 2008, en la que los banqueros sí fueron rescatados.

       El sistema ha llegado a parecer entonces injusto. Más ahora que los Estados compiten, en desventaja, por los recursos naturales, las rutas comerciales y el control de los sistemas de comunicaciones (Borge Brende). Las naciones de menores ingresos acumulan  cuestionamientos,  puesto que las reglas que gobiernan el comercio global, lo mismo que la investigación y la innovación científica y tecnológica, las cuales deberían ir acompañadas de la exposición de los valores filosóficos humanistas y éticos  (Fernando Araya Rivas),  son, por el contrario,  en extremo entorpecedoras y desproporcionadas, especialmente en lo tocante a la competencia.  Las  obstaculizan  las naciones de altos ingresos, las cuales se concentran en abrir los mercados extranjeros, para beneficiar solamente sus productos (Raghuram G. Rajan), por lo que dificultan, con frecuencia, las exportaciones de los bienes y servicios de las menos desarrolladas. En donde ni los ajustes al mercado, tampoco la reforma de la burocracia ni siquiera llegan a ser capaces de encarar  las penurias de la pobreza y la desigualdad. Incluso, dondequiera que se efectúen las negociaciones (políticas y comerciales), al final de cuentas se vuelven ejercicios de política de poder, no de persuasión (Rajan, ídem).

       Esto último, nos hace pasar revista a nuestros tiempos de funcionario público, cuando se defendía, con escasos resultados, por no decir totalmente infructuosos, el principio de asimetría en las declaraciones sobre relaciones exteriores de los países.
El Estado Nacional, la entidad  intransmutable y enérgica; o sea, el imperio del Estado, intrínseco a la propia naturaleza civilizatoria. Es la figura real, política, administrada por un conjunto de personas; asentada en un territorio poblado por gente;  provista de soberanía incondicional y originaria, encontrada en todas las épocas y en todas las latitudes. Responde (el Estado)  a una exigencia irreprimible de la naturaleza humana: la tendencia subjetiva y objetiva, enraizada en el comportamiento del individuo, de convivir con los demás; impulsado a asociarse con otros, porque su voluntad es sobrevivir en colectividad (Juan Ontza). Ésta, inevitablemente, se rige por dicha entidad, dotada a la vez de poder y autoridad superiores,  ubicadas por encima de los hombres y las mujeres, quienes juntos componen una sociedad nacional, casi siempre indispuesta a entregar su soberanía y libertad,  parcial o totalmente, a poderes supranacionales o adjuntos.       

       “El Brexit” llega a expresar la toma de conciencia del pueblo británico acerca de la libre voluntad de honrar su historia y formación nacional, identitaria, bajo la égida de un Estado soberano, independiente.  Dicho esto, se han   confirmado “los dos principios complementarios de la primacía de las estructuras civiles”, así también la del rol indisoluble del Estado democrático liberal, capitalista,  en un medio dominado por el pluralismo y los valores éticos y morales. El respeto a la integridad y la dignidad de la persona humana constituyen  el principio genérico de la democracia, por cuanto todos los ciudadanos son iguales ante las leyes y están obligados a cumplirlas (Carlos Alberto Montaner).  Una historia de vida, costumbres, cultura vívida: las bases del destino de la nación, lo cual intentó, sin éxito alguno, minar o borrar de un plumazo en Gran Bretaña  el polémico y desacreditado sistema integracionista de la Unión Europea,  bajo la dirección de burócratas prepotentes, “sabelotodos”  y aprovechados, quienes, según “el ánimo público”,  se atribuyeron responsabilidades políticas y administrativas, las cuales el pueblo soberano, de ninguna manera les otorgó, llegado el supuesto caso, “por el procedimiento electoral para la provisión de cargos”.

       Cabe levantar alarmas frente a los intentos arrolladores de  diversas formaciones antisistema de dominar el ambiente internacional, a través de la escandalosa difusión e impulso de antivalores y despropósitos, en su caso “lejos de ser modas pasajeras”. Más bien pueden ser  accesibles en sociedades, a la vista distópicas, por ello contrarios al bien común, a la colectividad, “a la política cosmopolita humanista”:  “nuestra común humanidad”,   cimentada en la plena  igualdad de los derechos políticos y sociales (Mark Leonard). Esa peligrosa gama de ideas, políticamente beligerantes, las  cuales “siembran ideologías negativas”,  calan hondo “en el hombre masa”, “quien no tiene ideas”, de acuerdo con José Ortega y Gasset.  Ha sobresalido (la gama) en el Siglo XXl, en función de  dar origen a “zoológicos humanos” (Sergio Ramírez Mercado). Obvio que  atenta contra la democracia liberal de Occidente, las instituciones públicas y el Estado de derecho, sus firmes sostenes (Ana Palacio), lo mismo que al ideal de sociedades cohesionadas, abiertas. Nos referimos, entre otras dislocaciones,  a las manifestaciones del antisemitismo, el ultranacionalismo, el populismo (iliberal),  “el etnonacionalismo”, las disparidades raciales,  los fundamentalismos religiosos, el desprecio a la inmigración, el secularismo extremo, ni que decir la promoción del aborto, esto equivalente a “quitar la vida humana”.  La respuesta contra semejantes amenazas consiste en la restauración de los liderazgos democráticos en la esfera internacional, que con frecuencia tienden a declinar (Daniel  Zovatto). Otra más, reside en la consolidación y el activismo de las  mayorías nacionales, puesto que es conocido que los antisistema lucen “potentes”. Tales aberraciones hay que reconocerlas como amenazas, enfrentarlas en todos los terrenos, y mirarlas de frente (Palacio, ídem).

       No sobra señalar el comportamiento de determinadas potencias internacionales, de corte geopolítico, en cuanto a retar el unilateralismo de los Estados Unidos de América, “quien por su parte intenta replegarse de los conflictos y tensiones mundiales”. Dado este fenómeno, nos apoyamos en  la importancia crítica de desenmascarar   la política extranjera de la China Popular, quien  ha creado verdadera escuela con tal de imponerse en Occidente - posee planes en América Latina -,   aun cuando la guerra comercial ha acarreado  efectos disuasivos.  En esta línea,  encontramos a (la decadente) Rusia, ávida de recobrar su antiguo poderío, a costa de generar incertidumbre en Europa, mediante la última invasión a Ucrania. Ambas potencias (Rusia y China)  continúan patrocinando la división en América Latina, respaldando las tiranías de Nicaragua, Venezuela y Cuba. Con lo antes dicho, pero en otro extremo ideológico y en términos diferentes como el ultranacionalismo, en el 2019 Jair  Bolsonaro en Brasil tampoco se quedó atrás con sus poses dictatoriales, divisivas,  a contrapelo de los derechos humanos.  Por eso se prevé que en el 2020 el ámbito latinoamericano se perfila convulso (Zovatto, ídem), en desmedro de la convivialidad democrática. Lo inauguró el exótico Presidente de El Salvador al irrumpir en la Asamblea Nacional, al irrespetar la división de poderes, imponiendo la aprobación de un dudoso crédito internacional.

       Concatenado al párrafo anterior, sabemos que en el quehacer internacional de la China Popular  está de por medio su interés genuino de acumular mayor poder político y económico expansivo, lo suficientemente riesgoso para las potencias occidentales como la Unión Europea y los Estados Unidos de América.  Los líderes del Partido Comunista chino buscan concretar su sueño de convertir a China en superpotencia global del futuro (Kevin Rudd). Mediante su modelo de “capitalismo autoritario”, conculcador de los derechos humanos, el cual tiene demasiado de robo en materia de ciencia y tecnología y de espionaje corporativo (Thelmo Vargas), ellos piensan que puede ser aplicado al resto del mundo, tal que las naciones puedan acomodarse a los antivalores totalitarios chinos (Kevin Rudd), por supuesto, totalmente ajenos a la democracia liberal.  La tesis suya la vislumbran a través de las iniciativas de carácter  internacional, tales como la  del Cinturón y Ruta (BRI), la Ruta de  Seda marítima y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura; la expansión de la 5G a nivel planetario, esto con el propósito de atrapar el interés transnacional, conformando alianzas y sociedades de países, dispuestas a desplazar el poderío estadounidense. Así las cosas, la experiencia dicta que sería un grave error perder el olfato frente a los burócratas y plutócratas chinos.

       Y ya para cerrar. Prestemos la debida atención a las palabras, que hemos recogido de la científica social Martha Roja Urrego, dicen así: “Hay que cuidar lo que nos dieron. Somos parte de la naturaleza, por eso los seres humanos deben vivir en armonía con la naturaleza. De ahí la necesidad de actualizar los modos como manejamos nuestros recursos terrestres y marinos en todas las etapas de extracción, producción y consumo”. Ubiquémonos entonces a la altura de la naturaleza.

*Mag.Ronald Obaldía González. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.