H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Por Lic. José Alberto Calderón Navarro.*

     La vida, dicen, es como una noria: gira lentamente y poco a poco nos lleva a lugares donde estuvimos antes y a otros donde nunca nos imaginamos estar o que ni siquiera habíamos escuchado mencionar.  Otras veces nos da algo y puede llevárselo cuando menos queremos o esperamos.  Por eso, la vida de una persona cambia en cada vuelta de esa rueda, sin que eso signifique que las vueltas de la vida den siempre tiempo de asimilar los grandes o pequeños cambios a que se enfrenta cada ser humano, grande, pequeño, rico, pobre o sean cuales sean su vivencias.

     Por ahí también dicen que los molinos de Dios muelen muy lentamente pero muy fino.  Que por eso no debemos hacerle a una persona algo que no nos gustaría que nos hicieran.  El paso del tiempo da la razón a la sabiduría popular que se encierra en los decires metafóricos que en ocasiones no logramos entender. Esa sapiencia reflejada en el habla sencilla nos abre los ojos a aquello de que las apariencias engañan, pues la gente sencilla, que no logró concluir la educación primaria, o que ni siquiera traspasó el umbral de una escuela, muchas veces es la que nos ofrece las mejores lecciones de vida.

     La vida me ha llevado a recorrer caminos insospechados, en los cuales he tenido la invaluable experiencia de compartir con personas que en sus decires transmiten parte de una sabiduría acumulada desde sus antepasados y atesorada por ellas, como una riqueza que no se adquiere más que en el vivir, en el trabajar, en el tránsito por los senderos que han construido a partir de su visión de mundo, de su concepción del todo que inunda su hacer cotidiano y que, aún más,  trasciende su espíritu para ampliar las fronteras de su mente que sin justificación concebimos como estrechas, limitadas o infranqueables. 

     Así dicha noria en su continuo movimiento nos permite tener un aprendizaje de lo que una vida sencilla, de trabajo constante pero con limitaciones materiales, significa más allá de una corta visión personal de las vicisitudes humanas en un medio agreste por naturaleza, pero más severo por las regulaciones de quienes han podido expandir su conocimiento técnico pero no sus espíritus. Esa gente sencilla, quizás iletrada, tiene la percepción de un mundo que debiera ser más justo, más allá de lo logrado; insuficiente justicia que no permite mejores oportunidades, robando sueños e ilusiones.

     Con el tiempo logramos construir las vivencias que brindan sabiduría, pues como dicen por allí lo fácil no repara saber ni buen decir. Los seres humanos recorren senderos para llegar a una vida diferente, saben en su interior que lo importante es el camino recorrido, no el alcance de un propósito, cualquiera que sea. De modo que el valor de su trabajo se refleja en la íntima satisfacción de hacerlo y no tanto por los frutos cosechados, por los granos recolectados o por el ganado alimentado en campos no siempre verdes.

     Los niños, las niñas de hoy, como los de ayer, dan sus pasos por rutas aún desconocidas, llenas de misterios que serán develados en los recodos de cada día. Son ellos quienes heredarán un conocimiento incompleto porque, sin que lo sepan, se construye cada día en el hacer, en el errar, en la inquietud, en el deber, en la aspiración de ser más que de tener. Sus padres, sus abuelos y quienes les precedieron sembraron las semillas de una vida dura, fortuita, a veces triste, muchas veces feliz, pero siempre solidaria, donde los verbos se conjugan en presente del plural, no en el futuro del singular.

     La vida es un entramado maravilloso, un tejido hilado por muchas manos que aportan las hebras nuevas en cada nuevo día, hilados de color tierra, blancas por la leche, por el arroz, verdes por los pastos y las plantas, negras y rojas como los frijoles, oscuras como las pieles expuestas al sol, negras como los cabellos color noche. Hebras claras como algunas pupilas que miran a su alrededor buscando lo que no se ha perdido pero se ha visto; plantas que brotan, animales que crecen, que producen o dan compañía, que alimentan o ennoblecen a quien les alimenta.

     Disfrutar de lo que se hace, luchar por lo que se desea y ser agradecido son factores fundamentales para forjar el futuro que queremos hoy. En este sentido, como han apuntado grandes líderes, todo es un tema de actitud hacia la vida, y ver que cada crisis es una oportunidad para crecer.

     Obtener un título lo puede hacer cualquiera pero transcender, lo hacen pocos, pues lo primero se logra por medio del estudio y los libros, mientras que lo segundo implica una labor que nunca inacabada y exige comprometerse con nuestras familias, comunidades, barrios y pueblos.

     Por este motivos, es momento de recordar la importancia diferencia entre estudio y aprendizaje, así como de la relevancia de la vida en comunidad, aspectos que nuestros pueblos originarios lo sabían y enseñaban a sus mientras. En este sentido, la formación educativa no se debe limitar a conocimientos o habilidades para el mercado laboral sino de promover la formación integral de las personas desde un enfoque más amplio, que contribuya al cambio social a partir de la toma de conciencia individual y de la interacción con los demás.  

Aprendemos de quienes nos dan su palabra, limpia y llana, y nos dejan su legado.

 *Lic. José Alberto Calderón Navarro. Profesore de la Cátedra de Ambiente, Política y de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo eléctrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.