H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Por Mag. Ronald Obaldía González* Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

    Un honesto y valiente médico, Li Wenliang, junto con colegas suyos, intentaron dar la alarma al gobierno chino sobre el nuevo virus en Wuhan en diciembre pasado. "Algunos informes, por ejemplo en el South China Morning Post, sugieren que pudo haber una inquietud creciente por su detección incluso antes". Razón por la cual se le objeta a Beijing en haber durado antes de calificarla de pandemia y por demorar la coordinación de la respuesta a la crisis (AFP.Ginebra).

    Empero, Li y sus colegas fueron intimidados por la policía y amenazados con ser castigados, a menos que mantuvieran en silencio, o en secreto, sus hallazgos. Especialistas en la materia indicaron que si las autoridades chinas hubiesen actuado antes, la tasa de infecciones se habría reducido significativamente, se hubieran salvado más vidas (ídem). Al mismo tiempo, en la negación política de la epidemia, el régimen totalitario chino, distinguido por la falta de transparencia, censuró y cerró redes sociales cuando se informó de lo que realmente estaba ocurriendo en Wuhan. Justamente en una de las regiones chinas, la que se presume originó el virus, puesto que allí, con base en débiles prohibiciones, funcionan los insalubres "mercados húmedos, o mercados de vida silvestre", habida cuenta de que se venden y faenan animales para el consumo humano.

    La proliferación de "clarividentes" - algunos de ellos mala fe e inescrupulosos - en este doloroso y sombrío lapso de casi dos meses, de alcance global, relacionado con la expansión de la pandemia del covid - 19, también nos mueve a reescribir casi lo mismo, puesto que impera la abundancia de reportes producidos, de diferente origen, convergentes. Los cuales han contribuido a la identificación de esta enfermedad mortífera, con la presunción que arriben otras con nuevas mutaciones (Nouriel Roubini), resultantes del cambio climático, cuyos impactos, probablemente moldearán (Chris Pattan) "de forma inesperada la historia". Las señales registradas nos ofrecen lecciones acerca de la falsedad y el perjuicio de "las ilusiones de invulnerabilidad"; en sí, un hecho psicosocial arraigado de manera negativa en el pueblo de Costa Rica.

    "El microorgánico agente infeccioso" brota al igual que un hecho contingente de la vida; consigue contraer la economía global, cuya recuperación dependerá de la producción de una vacuna a gran escala, lo cual habrá de demorar poco más de 18 meses (Roubini, ídem), y entre otras acciones, de la distribución y aplicación de antivirales. A pesar de tener al planeta cuesta arriba, paradójicamente el virus llegó a aliviar la atmósfera de los persistentes y destructivos efectos del cambio climático, al menos durante esta emergencia universal. Al tiempo, que ha hecho perder el impulso del entonces "exitismo" de la Cuarta Revolución Industrial, es decir la supremacía de la era del super-conocimiento científico y la tecnología, la que meses atrás apuntó a ocupar ese lugar privilegiado de "moldear" la historia de la humanidad.

    Por su parte, los precios del petróleo, uno de los pesos pesados de la economía real, han acabado por precipitarse frente a la grave y relacionada interrupción económica, compensando en parte las penurias financieras de los países netamente consumidores del oro negro; golpeados esta vez por la pandemia, cuya superación descansa en la solidaridad internacional y las veloces intervenciones de emergencia.

    Al respecto y en estos tiempos de inseguridad económica, cabría retomar la iniciativa multilateral de la creación del "fondo precautorio", expuesta en su oportunidad por el Presidente costarricense Miguel Ángel Rodríguez Echeverría; ahora cuando hay riesgos manifiestos en el sistema financiero, inestabilidad macroeconómica, tropiezos en la cadena de suministros globales, capaces de extenderse a la economía real, posibilitando una depresión, la cual tampoco puede ignorarse (Mohamed A. El Erian). Se asoman fuertes indicios. Así por ejemplo, el mercado bursátil de Estados Unidos de América cayó en terreno bajista, un derrumbe del 20% de su pico, la más rápida de la historia. Se calcula que en el 2020 el PIB de la superpotencia podría bajar "a una tasa anualizada del 6% en el primer trimestre; del 24% al 30% en el segundo (Roubini, ídem) . El desempleo "podría elevarse por encima del 20%.

    Las medidas "insanas de austeridad" están lejos de representar las soluciones viables frente a la emergencia. La más alta prioridad es reducir el sufrimiento y salvar vidas humanas. Cabe resaltar, que casi todos los gobiernos democráticos coinciden en que la recuperación (postpandemia) de la estructura económica se asocia a la creación de leyes facilitadoras de envíos de "pagos directos y beneficios por desempleo a las personas"; a la puesta en marcha de paquetes de rescate económico, en cuenta la impostergable aplicación de los estímulos fiscales a los hogares. Igualmente, en dichos lineamientos es preciso ayudar a los trabajadores y las empresas privadas, a los sistemas de atención médica, afectados por el rápido brote de coronavirus. Sería un error desestimar los alivios crediticios a la mayoría de las empresas, así como descartar la gestión de la liquidez en los mercados globales, con tal de evitar los colapsos en el sector productivo, en los mercados, en las inversiones y en los propios bancos.

    Debemos consolidar el ideal de "la prosperidad económica". Al mismo tiempo sería irracional y demagógico echar por la borda los logros del esquema del libre mercado a escala global, a pesar de sus innegables imperfecciones, entre ellas el desmantelamiento de las instituciones estratégicas de los Estados Nacionales, cuyos efectos perniciosos todavía se siguen experimentando en las naciones meridionales; lo cual es imprescindible enmendar. Asimismo, hay que corregir las asimetrías en cuanto al desarrollo, puesto que hubo latitudes que quedaron rezagadas, entre ellas el África y la propia Centro América, con la excepción de Panamá y Costa Rica, quienes lograron ubicarse en rangos interesantes del Índice de Desarrollo Humano de la Organización de las Naciones Unidas.

    Las secuelas del mal del coronavirus las soportan todos los seres humanos. El diminuto agente ha podido desestructurar el sistema de vida de las sociedades; arrastra daños económicos globales; intimida y provoca incertidumbre en los diferentes quehaceres. Por esto, en los términos del tratamiento de la pandemia, en aras de prevenir mayores pérdidas de vidas humanas, y de paso recuperar la economía, resultan imperativos el favorecimiento de cambios (inusuales) en los patrones de comportamiento social, tales como que, en las medidas preventivas contra la propagación, sea garantizado el acceso equitativo de todas las personas al tratamiento médico, pensándose en los miembros mayormente marginados (Michelle Bachelet; Filippo Grandi), en cuenta los migrantes y refugiados.

    Entre estos cambios llega a ser imprescindible el distanciamiento social, el autoaislamiento, las restricciones temporales a los viajes (en cuenta la actividad del turismo) y los cierres de las fronteras nacionales (Pattan, ídem). Esto último, a pesar de que entra en contradicción con los postulados de la aldea global, la que difunde la idea de la libre movilidad de todos los seres humanos por el planeta. Éste al estar interconectado por el uso del Internet - por cierto un salvavidas - viene a paliar las dificultades de información y comunicación.

    La difusión de la verdad al público, en lo concerniente a limitar la mayor propagación del virus, llega a ser crucial en la emergencia mundial. No pocas veces se puede confiar en los informes estadísticos, emanados de determinados gobiernos, en especial de las dictaduras totalitarias como China Popular, Venezuela, Nicaragua, Irán, o de los mandatos "iliberales", entre ellos, Brasil y Turquía. Esta clase de regímenes pasan por alto que las estadísticas exactas alrededor del Covid-19 es una prueba, no solo para sus sistemas y mecanismos de atención de salud para responder a enfermedades infecciosas, sino que de ellas también dependen las soluciones comunes, ofrecidas por la comunidad internacional frente a las pandemias, cuya naturaleza es transfronteriza. En estos particulares casos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) debiera ocupar el rol principal con vistas a proteger de las epidemias, centrándose junto con los Estados nacionales, los sectores privados y los hogares en la vigilancia de las enfermedades y alertas relacionadas. Las enfermedades se universalizaron, por lo tanto las respuestas habrán de fundamentarse en la "mentalidad globalista". Al mismo tiempo resulta imprescindible el reforzamiento de los sistemas nacionales de anticipacion y gestión de riesgos en casos de desastres, a sabiendas que el conavirus, entre otras cosas, habrá de transformarse en el factor desencadenante de mayor pobreza e inhabilitación laboral.

    Ciertamente, "el parón" planetario a consecuencia del virus, aparte de haber puesto a prueba "nuestros principios de convivialidad, valores éticos y humanidad, puede significar que nuestra esperanza frente a tal desafío, quede sometida a nuestra "esclavitud por el instinto de sobrevivencia". Tal vez así puedan desactivarse los antagonismos y la violencia de las guerras regionales; también el sometimiento a resolución, a escala mundial, de la Espinoza realidad de la inequidad en la distribución de la riqueza - "otro virus mortal" -. Toda vez que, para tal cometido, algunos teóricos de las ciencias sociales vienen exponiendo la tesis de incrementar los impuestos a los grandes millonarios del mundo.

    Coloquemos en esta línea el sosiego de las controversias, derivadas de los ultranacionalismos, los aislacionismos, los proteccionismos de carácter económico y comercial; unos desvaríos que ponen en entredicho el postulado de aldea global, cuyos principales autores son los Estados Unidos de América, la Unión Europea y la China Popular. Pudiera que a la vista encontremos un panorama distinto: dar lugar a las múltiples y variadas cooperaciones, interdependientes, multilaterales, frente a la emergencia, en la convicción superior de evitar sufrimientos mayúsculos, esto en función de proteger la raza humana.

    El inteligente diputado costarricense José María Villalta plantea, de manera oportuna, la renegociación (o la suspensión) del pago de la deuda externa a favor de los países golpeados por el COVID - 19, esto ante el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, el Banco de Desarrollo de América Latina y a otros organismos multilaterales. Pensamos que esta tesis del diputado Villalta es razonable, tal que el Gobierno de Costa Rica, perjudicado por la pandemia, debería prestarle enorme atención. Varios países en desarrollo también la han expuesto, por lo que sería positivo convertirla en la causa del grupo de países latinoamericanos, preferiblemente trabajarla en el ámbito de la Organización de los Estados Americanos (OEA), así puede servir para algo este ineficaz organismo regional. Parafraseando a un notable psicólogo judío, admítanme ser optimista: "Solo los muertos carecen de utopías".

*Mag. Ronald Obaldía González. Correo electrónico:  Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.