Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Elaborado por Lic. Jorge Guadamuz Pérez*

    Desde mi práctica de 22 años como docente del Ministerio de Educación Pública, son muchos y gratos recuerdos los que vienen a mi mente cuando pienso en el tema de “Experiencias educativas”. Por mencionar alguna de ellas, me llena de mucha alegría haber sido parte de un sueño hecho realidad en el primer centro educativo que laboré, Liceo Académico Isla de Chira.

    Allá por el año 1999 formé parte de la comisión que organizó el primer desfile de 15 de setiembre en ese lugar, definitivamente una festividad para la comunidad que con gran entusiasmo participó y celebró de la fiesta de independencia. Fueron muchos los esfuerzos que debimos realizar, pero con el cariño y apoyo tanto de compañeros docentes como padres de familia y la comunidad en general, se logró llevar a cabo tan hermosa actividad, que se realizó no solo con el fin de celebrar nuestra independencia, sino despertar en Chira ese orgullo de pertenecer a un país libre e independiente y festejar las efemérides patrias como en el resto del territorio nacional.

    Como docente de Estudios Sociales y Educación Ciudadana, me sentí satisfecho de poder ser parte de ese grupo de personas que promovimos en aquel momento tan lucido desfile y que hasta la fecha se mantiene la tradición. El entusiasmo de los jóvenes y la comunidad, no quedó en una celebración que se realizara solo en la isla, si no que su proyección fue más allá y es así como cada 30 de setiembre en conmemoración del fusilamiento de Mora y Cañas los estudiantes de Chira participan del desfile en la ciudad de Puntarenas. Con este tipo de actividades los isleños desarrollaron un sentido de pertenencia con la provincia desde el área cultural, puesto que ellos únicamente realizaban actividades comerciales. Así mismo, los puntarenenses nos enriquecemos con la participación de los habitantes de la isla en ese desfile conmemorativo en la cual se reúnen niños y adolescentes de todo el país.

    Definitivamente la educación y el compartir el aprendizaje con los estudiantes genera un crecimiento personal que con el paso de los años uno atesora. Viene a mi pensamiento, una de las tantas maravillosas experiencias vividas en el Liceo José Joaquín Vargas Calvo, ubicado en San Pedro, Montes de Oca, en el cual trabajé durante 15 años. Siendo profesor de décimo año me correspondió desarrollar el tema de la “Segunda Guerra Mundial”, situación que marcó la historia de la humanidad.

    En aquel momento, quise de alguna manera que esta parte de la historia generara en los dicentes un aprendizaje significativo, tanto para sus familias como para ellos; el fin era sensibilizarlos hacia el dolor vivido en aquella época por los jóvenes judíos y sus familias.

    Luego de darle vueltas al asunto y teniendo en cuenta la afición de los alumnos por tomar fotografías, se me ocurrió que podía resultar interesante realizar un trabajo de montajes fotográfico elaborados por los estudiantes y sus familias, en el cual representaran su percepción de diferentes momentos que pudieron haber vivido aquellos actores de tan fatídica tragedia humana.

    La fotografía debía ir acompañada de un nombre, una historia que contar o un sentimiento que trasmitir a través del imaginario de mis estudiantes. Muchos de ellos mediante sus trabajos lograron conmoverme y también a sus compañeros. Con el fin de reconocer los mejores trabajos se realizó un concurso y exposición de las fotografías, esto generó un impacto a nivel institucional que resultó satisfactorio y logró enriquecer el conocimiento de toda una comunidad educativa.

    Estoy seguro que muchos de mis estudiantes atesoran estas experiencias, repaso las fotos que conservo como algo verdaderamente valioso en mi vida y descubro en cada una de ellas la capacidad creadora, ingenio que no me pertenece, si no, que más bien quisieron compartir conmigo aquellos adolecentes. Trayendo a colación la idea de que el educador aprende mientras enseña y de que los estudiantes no son cántaros vacíos, están llenos de conocimientos, que solo esperan que el docente lo despierte.

    Es muy fácil pensar, en elaborar un proyecto, un trabajo; lo difícil de esto es llevarlo a cabo y lograr que esa tarea no solo sea realizada para ganar puntos, sino que sea una obra trasformadora y excelente. Esa magia fue lograda por mis aprendientes y definitivamente, lo hicieron muy bien.

    Considero importante, dentro del contexto que estamos viviendo (tiempos de COVID), hacer uso del recurso de la fotografía (cumpliendo con los protocolos y precauciones que conlleva su uso), donde el estudiante mediante la recreación de una escena pueda trasmitir su aprendizaje de una manera que le resulte llamativa e interesante y que incluso su trabajo pueda trascender y llegar hasta otros con el fin de trasformar nuestra sociedad.

*Lic. Jorge Guadamuz Pérez. Profesor de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: