Ficha Técnica
Dirección: Kenji Mizoguchi
Producción: Masaichi Nagata
Guion: Fuji Yahiro
Fotografía: Kazuo Miyagawa
Año: 1954.
Duración: 120 minutos.
Nos remontamos a Japón durante la época feudal, cuando la explotación laboral de los campesinos por parte de la aristocracia terrateniente estaba en su máxima expresión. La historia germina en una provincia lejana, donde aparece un gobernador defensor de los derechos humanos que trata con justicia a sus campesinos. Su lógica no fue aceptada por el señor feudal, cae en desgracia, es exiliado y separado de su familia. La película comienza cuando Tamaki, su esposa, recorre Japón en busca de refugio junto a su hijo Zushio y su hija Anju. Este es solo el comienzo de una serie de eventos desafortunados. Tamaki es vendida como prostituta y los niños pasan a ser propiedad de un despiadado de un intendente llamado Sansho. Después de diez años, Zushio se convierte en un cruel esbirro de Sansho y Anju sufre las vicisitudes propias de su condición de mujer. La película da un giro repentino con la llegada de una nueva esclava, cuyo canto les da la esperanza de volver a encontrarse con su madre.
Esta película fue publicada en 1954, es una de las primeras cintas japonesas estrenadas después de la ocupación que terminó en 1952. Es un intento por conciliar el pasado con el presente, evoca una sociedad en proceso de renacimiento que tiene que decidir a cuáles valores morales aferrarse después de la desgracia. El director nos muestra un fuerte simbolismo, entre la sociedad que fueron, la que son y la que pueden ser.
Este conmovedor relato, mostrado en formato cinematográfico, se inspira en un cuento antiguo del folclore japonés y muestra el interés del director por establecer una conexión con la tradición japonesa. Nos muestra una fuerte crítica a las injusticias sociales y morales de quienes ostentan el poder. Pone en evidencia la opresión y sometimiento de las mujeres, no solo del japón medieval, también del contexto cultural en la cual la película fue rodada. La cinta es un panfleto lleno de acusaciones políticas, en un japón que se recuperaba de las heridas de la II Guerra Mundial. La puesta en escena está cargada de emociones, se puede sentir la angustia de los protagonistas, siendo una película sumamente triste. La visión de mundo del director se plasma en su desprecio por el carácter deshumanizador de la opresión, mostrando los personajes sin rastros de alegría, esperanza o felicidad.
He descubierto un indiscutible enfoque marxista, vemos un drama de clases, donde las personas que ostentan el poder político y económico abusan de sus súbditos, revelando el carácter cruel y oportunista de la humanidad, en un mundo que castiga a los seres misericordiosos. El director busca que el japonés se cuestione a sí mismo, que indague en sus tradiciones los valores que debe rescatar, pero que a su vez supere las contradicciones que los llevan a la injusticia. Tal cual los personajes de su película, invita al espectador a superar la crisis y el sufrimiento en busca de un mejor futuro.
Estamos ante un estilo de cine muy conmovedor, cuyo objetivo es incidir positivamente en la sociedad que lo recibe, donde el objetivo es el crecimiento social más que el crecimiento del consumo de la sociedad. En este punto encontramos una fuerte enseñanza para quienes producen cine en la actualidad. Sin embargo, a pesar de su enfoque contestatario, la película fue premiada con el León de Plata en el Festival Internacional de Cine de Venecia en 1954.
Es una película difícil de entender. Si la vemos a la ligereza, podríamos percibir un filme cuyo único objetivo es entristecer al espectador, siendo el dramatismo y el sufrimiento humano extremo el principal eje del argumento. El estilo artístico combina la narrativa con la música. Conforme aumenta el drama de la historia las notas melancólicas suben en intensidad. Al mismo ritmo, la fotografía establece un equilibrio entre los paisajes y los personajes.
Todo esto no es casualidad. Mizoguchi, el director, tuvo una vida tumultuosa en cuanto a las desgracias. Vivió en carne propia la opresión de una familia liderada por un padre misógino. De hecho, todas sus películas denuncian el sufrimiento producto del rol de las mujeres dentro de la familia y la sociedad.
¿Por qué la película lleva el nombre de un personaje secundario? En apariencia Sansho es un personaje secundario, pero en realidad es el eje alrededor del cual se mueve el argumento y el simbolismo del relato. Sancho representa las contradicciones morales de la sociedad japonesa y la opresión de quienes ostentan el poder. Así como el destino acerca a los protagonistas a Sansho en la primera parte de la película y luego los aleja en la segunda parte, también la sociedad japonesa puede aprovechar la desgracia de la guerra para crecer moralmente y alejarse de las injusticias sociales que han cultivado en el pasado. Es ineludible notar que Mizoguchi, como muchos otros intelectuales progresistas de su época, percibieron la guerra como un acto más de opresión por parte de la Aristocracia y una oportunidad para liberarse.
*Mag. Wagner Ramírez. Profesor de la Cátedra de Historia. Correo electrónico:
