H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

     

      En estos meses se han impulsado en Costa Rica varios proyectos e iniciativas cuyo fin es la reducción del “gasto público” como medida para aliviar las tan golpeadas finanzas públicas del país, entre las que sobresalían el aumento de impuestos, eliminación de instituciones, congelar salarios sector público y la impopular iniciativa del préstamo con el Fondo Monetario Internacional.

      Los principales medios de comunicación han informado, como ya es de costumbre, de forma parcial sobre estos hechos. Una vez más sus encabezados develan una inclinación política e interés por favorecer a un sector financiero interesado en la reducción del estado y su institucionalización bajo el pretexto de combatir la crisis fiscal y cual se acrecentó con el famoso COVID-19. Sin embargo, los verdaderos temas de fondo y las causas estructurales, tales como la evasión de impuestos, la corrupción y la red de clientelismo político y económico que existe en Costa Rica no se abordan.

      La reducción de la inversión  áreas prioritarias para el desarrollo y combate de la desigualdad en el país, tendrá profundas repercusiones en la brecha social, la cual cada vez es mayor en el país, tal como lo confiarma el coeficiente Gini, el cual permite comprender el nivel de desigualdad de una sociedad. En el caso costarricense, la tendencia refleja que cada vez más una  minoría está concentrando la mayoría de los recursos, cuyo resultado será un clima de tensión y conflictividad.

      No es posible pretender hacer recortes sin planificación ni considerando implicaciones de estas decisiones a mediano y largo plazo. Como siempre, con esta nueva “crisis” que más que crisis parecen ser una forma de vivir en Costa Rica, los sectores menos favorecidos y clase trabajadora son los que pagarán los platos rotos.

      Como resultado de los movimientos sociales ocurridos hace unas semanas y del manejo mediático, un grupo político y económico han retomado sus deseos por promover la privatización, el cierre de instituciones públicas y programas bajo el pretexto de “parar la fiesta”. Estos argumentos son peligrosos, pues aunque es verdad que se debe mejorar la prestación de servicios, la duplicidad de trámites y evitar gastos superfluos, no se pueden confundir ni caer en el engaño que programas en favor de la inclusión social, educación, salud y cultura  son un desperdicio o un gasto innecesario por el contrario son los pilares que han ayudado a forjar la sociedad que tenemos.

      Por estos motivos, es necesario en este fin de año estar atentos, pues existe mucho interés en promover proyectos y políticas cuyos efectos implicarán un deterioro de toda la sociedad en su conjunto, pero en especial de la mayoría que hoy lucha con uñas y dientes para mantener a su familia a flote a pesar de todo.

      A tan solo un mes de terminar este año, cargado de ansiedad e incertidumbre, no podemos bajar la guardia pues el estado de derecho, sus instituciones y las garantías sociales que hay en Costa Rica no han sido un regalo, sino una conquista social que ha costado sudor y sangre por lo que vale la pena seguir protegiéndolos.

Cátedra de Historia de la UNED

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