H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Mag. Ronald Obaldía González*

    Hay que poner en claro que el ambiente político doméstico de los Estados Unidos de América, al igual que el decaído orden liberal internacional, consustancial al multilateralismo diplomático, la apertura económica, el libre comercio, la acción cooperativa globales y la adherencia al sistema de protección de los derechos humanos, lo ha erosionado gravemente un personaje político, dedicado a intentar "construir", con la venia de una élite de serviles, un poder autoritario, cuyo "recurso del método" se basa, de manera deliberada, en el irrespeto de las normas constitucionales e instituciones políticas y cívicas. Lo cual corre aparejado con el menosprecio a la cultura de la convivialidad pacífica y pluralista.

    Las tensiones derivadas de este fenómeno, ni siquiera pudieron neutralizarse ante el ascenso económico de los Estados Unidos de América, registrado de forma inmediatamente anterior a la aparición de la pandemia del Covid-19. Según los análisis desprendidos por los terapeutas en "psicología profunda", un personaje de tal calibre: narcisista, megalómano, misógino, se decanta por sembrar a su favor la división de la sociedad, la difusión de los odios "al demonizar" los inmigrantes, remover la intolerancia racial (Idoya Noain), así también el deslegitimar los postulados democráticos liberales y humanistas.

    Anomalías que llegaron a tener impacto internacional, ya que los aliados trasatlánticos de la superpotencia mundial, "quien ha perdido liderazgo global", resienten la arrogancia "trumpiana" y las arbitrarias medidas de política exterior de un dirigente incapaz de reunir habilidades diplomáticas (Shlomo Ben Ami). Al entrar "en guerra contra las democracias occidentales", todo el trabajo se le ha facilitado a los astutos y ambiciosos líderes autoritarios de Rusia y en especial la China Popular con su Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda, en lo relativo a tomar peligrosas ventajas en la esfera global. No obstante, Vladimir Putin y Xi Jinping, respectivamente, se cuidan de denigrar las naciones "Tercermundistas" - ellas urgidas de los imperativos del alivio de la deuda externa -, absteniéndose de igualarlas con los "anos de los seres humanos" (The Washington Post, 12/01/2018): "la mejor versión" del Trump desmesurado, xenofóbico y racista, hoy desnudado por la verdad.

    A propósito de la China del Presidente Xi Jinping, valga hacer mención del mayor tratado de libre comercio del mundo, un bloque con China a la cabeza que excluye a la nación estadounidense. En este mes, el acuerdo fue suscrito virtualmente en el marco de una cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), organizada por Vietnam; dicho cometido deja entrever la torpeza de Washington en sus tratos con el Asia Pacífico y Oceanía al haber renunciado al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. En detrimento de la influencia estadounidense y en la competencia en curso, quedará cimentada la posición de China con más firmeza como socio económico del sudeste asiático, de Japón y de Corea, al poder moldear las reglas comerciales de la región (Reuters/Kham), de hecho habrá de frenar cualquier movimiento hacia una política de relajación entre el Gobierno de Xi y la Administración de Biden, quien acusa a Xi de "matón" (BLOOMBERG / IAIN MARLOW Y NATALIE LUNG).

    El Presidente Donald Trump lidera de forma mesiánica la fracción ultraderechista dentro del Partido Republicano (GOP), la que difiere del conservadurismo de dicha formación política, ésta tradicionalmente ajena a los acercamientos con cualesquiera manifestaciones de carácter socialista. A dicha fracción se le achaca el arriesgado y potencial reforzamiento "del supremacismo blanco", unido a la particular modalidad del aislacionismo- nacionalista y populista, corrientes a las que se suman los blancos evangelistas - fundamentalistas. Todos juntos se atrevieron a desacreditar la ciencia en contextos cruciales de su país y la sociedad internacional, ya sean las realidades y las consecuencias del cambio climático o el calentamiento global, así como la atención de la emergencia de la pandemia del coronavirus, el que tanta devastación ha originado en la Unión Americana, entre ellos la muerte de más más de 250.000 habitantes. La responsabilidad de este drama recae en la frivolidad y la desastrosa gestión sanitaria de la Administración Trump (Noain, ídem), quien se desligó de las políticas cooperativas en materia de salud pública planetarias, a causa del retiro de su país de la Organización Mundial de Salud (OMS).

    El retrato indecoroso - producto del ego enfermizo suyo - lo dan a conocer los medios de comunicación, la especulación pierde ya sentido, al registrarse las imágenes y las diatribas de un gobernante estadounidense, por lo demás "inusualmente llamativas", quien evita ahorrarse las reacciones rabiosas, negacionistas, propias del perdidoso. Entretanto, recurre de manera insana de cualesquier medios y maniobras ofrecidas por el alto poder concedido, en cuenta el partidario, los cuales desvirtúa, mediante el complot, la intimidación y las fantasiosas teorías de la conspiración, con tal de rechazar la contundente derrota electoral - le impide la reelección presidencial -, de la cual llegó a ser objeto en los comicios generales, celebrados el pasado 3 de noviembre en "el Coloso del Norte. Los que, según él, fueron masivamente fraudulentos, pero tampoco presenta prueba alguna. Eso sí, el magnate ("ficticio") rechaza haber cometido fraude o delitos, relacionados con la evasión de impuestos e injustificadas omisiones tributarias, sobre lo cual se le imputan cargos.

    Los mayores expertos en derecho electoral de Estados Unidos de América, cercanos al Partido Republicano, han rechazado unirse a las acciones judiciales de Trump (Pablo Ximénez de Sandoval), dada las reconocidas debilidades argumentarias y probatorias encontradas en ellas. En esa dirección, el líder de la mayoría Republicana en el Senado de la Unión, Mitch McConnell, ha señalado que el 20 de enero del próximo año habrá un traspaso de poder «ordenado» de la actual Administración del presidente, Donald Trump, a la siguiente, del electo, Joe Biden (ABC), a pesar de la pertinaz decisión del mandatario de elevar sus reclamos al Tribunal Supremo, cuya legalidad le asiste, esta vez trastocada, "sin principios morales", a la medida de sus intereses antidemocráticos.

    En tal desorden, mejor dicho en medio de una subversión inaudita, causado por el ego herido de Trump, el proceso de transición de Joe Biden y Kamala Harris del opositor Partido Demócrata, hacia la Presidencia y la Vicepresidencia de la nación, se ha visto atacado y entorpecido, porque "los instintos naturales" del derrotado lo mueven de modo compulsivo y "surrealista" a anunciar "que la elección está lejos de haberse acabado", esto cuando la mayoría de las grandes cadenas de televisión estadounidenses le cortan las comparecencias; proceden a interrumpirle las transmisiones en las que el presidente denuncia fraude y ataca al sistema electoral sin pruebas.

    Los reclamos del mandatario derrotado fueron comparados "con el monstruo de Frankenstein" por Matthew Brann, un juez de Pensilvania que los desestimó. Tanto de surrealismo ha habido en tal "vergüenza nacional", que al ex-presidente venezolano Hugo Chávez (+), en compañía de los miembros de las oligarquías dictatoriales de China y Cuba, se les ha adjudicado roles estelares en la aparatosa tragicomedia al estilo de "la Marca Trump". Esta vez le corresponde el turno a los tiranos de las diferentes latidudes del mundo, en especial de los países meridionales, quienes se solazan al mantenerse seguros y aferrados a sus posiciones de poder, por cuanto, ese poder supranacional, guardián sancionador, quien vive pendiente de ellos, ha perdido prestigio y credibilidad de demócrata excepcionalista.

    Mientras escribimos este comentario las autoridades de los Estados de Georgia, Michigan y Pensilvania le acaban de asestar un severo golpe legal, al igual que otros de carácter judicial, al descalificar las supuestas irregularidades, que a través de invectivas denuncia el mandatario y sus asesores cercanos. Esos expertos que lo salvaron de un fallido "impeachment", concluido en febrero de este año, por el cual salieron a relucir expedientes oscuros, frente a quien intenta ahora deslegitimar, sin posibilidades de éxito, el resultado final de la votación, producto de un peculiar sistema electoral, por el que se reafirma voluntad popular. Un sistema que está arraigado en lo más profundo de la historia democrática nacional, habida cuenta de la institucionalización funcional en él de los mecanismos políticos, que conllevan consigo pesos y contrapesos, a través de los cuales la sociedad civil tiende a evitar el otorgamiento de poderes absolutos a cualesquiera autoridades políticas y administrativas, sea también uno de los cincuenta Estados o un conglomerado de ellos.

    Sin embargo, frente al espectáculo indigno de su líder, no pocos dirigentes del Partido Republicano, de forma antidemocrática "miran hacia otro lado", indiferentes "al legado de Abraham Lincoln", por lo que se convierten en cómplices del atropello contra la voluntad del pueblo y la integridad de los valores constitucionales, así como de la polarización social, fraguada por Trump, amigo de autócratas e implantadores de Estados de barbarie de la talla de Kim Jong-un, Vladimir Putin, Rodrigo Duterte, Jair Bolsonaro, Viktor Orbán, entre otros.

    Lleva razón el expresidente Barack Obama al advertir "que una única elección no arreglará la problemática de la división" de la nación estadounidense, al reconocer las disfuncionalidades democráticas a la medida de los intereses de Trump, "son profundas"; se trata de una "psique social" en ascenso. Porque los ideales de la democracia liberal de la primera potencia mundial los ha sacudido un presidente inescrupuloso, atípico en la historia de los Estados Unidos de América. El propio Biden hace eco de tales vicisitudes; señaló que “es tiempo de unir y sanar» en la población de EEUU, por lo que "que es hora de dejar atrás la ira y la dura retórica y unirnos como nación”. "TRUMP, YOU ARE FIRED, GO TO HOME".

*Mag. Ronald Obaldía González. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.