H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Por MSc. Sonia Vargas Fernández*

      La recurrencia de huracanes y su huella no es un fenómeno reciente en la región de América Central, son una manifestación recurrente de un fenómeno natural potenciado por el desarrollo carente de planificación y cauterizado de sentido de solidaridad intergeneracional; sus consecuencias nos permiten reflexionar y poner freno al abuso realizado en esta endeble geografía física.

      El entorno físico de América Central permite tener contacto con manifestaciones de biodiversidad privilegiadas, algunas que ni siquiera se pudieron llegar a descubrir, otras que las sociedades invasoras de vieja y reciente data se las han llevado para siempre.  Un estudio reciente de la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo del SICA (2020), nos recuerda que Centroamérica representa el 8% de diversidad, además sus costas representan el 12% de las costas de Latinoamérica y el Caribe.

      La riqueza natural de la región de América Central (incluyendo en este caso a Panamá), contrasta con el impacto que producen los fenómenos naturales de la región, entre ellos los huracanes.  Esta vulnerabilidad se potencia con desarrollo humano sin planificación impulsado por la creciente necesidad de recursos productivos para crear fuentes de empleo y mejora en los indicadores macroeconómicos.  En suma, la región es una zona de contradicciones.

      Los huracanes en la región han generado retrocesos significativos en los indicadores económicos, en el pasado los efectos de Mitch, según Mansilla para “Honduras las pérdidas fueron equivalentes al 80% del PIB de 1997, mientras que las de Nicaragua representaron alrededor del 49% del PIB, siendo estos dos países los que concentraron el mayor volumen. A nivel regional los daños fueron equivalentes al 13% del PIB centroamericano” (2008, p.6).

      La región, en el mes de noviembre del 2020 sufrió en el lapso de dos semanas el embate de los huracanes Eta e Iota.  Los efectos en pérdidas humanas, pérdidas en infraestructura, paralización de las actividades económicas y labores de reconstrucción, reflejan una región de contradicciones, una región con gran riqueza natural y a la vez amenazada por fenómenos naturales de gran impacto.  Esta situación obliga a tomar consciencia y repensar patrones culturales de consumo y de desarrollo humano, por la búsqueda de la armonía con el entorno natural y con el legado que se debe dejar a las futuras generaciones en materia de prevención de riesgos y políticas de desarrollo humano coherentes con el tipo de región en la que vivimos.

      Lejos de entender el clima como un factor de desgracia humana, desde una postura ética solidaria y armónica se le debe considerar como un bien común, es la postura que nos ofrece el Papa Francisco (2017) en la encíclica Laudato sí, en concordancia con la ciencia se considera el aumento en los eventos meteorológicos como una consecuencia del calentamiento global.

      El Huracán Mitch generó en la región un cambio en las políticas de gestión de riesgo, precisamente durante la XX cumbre de presidentes de Centroamérica en el marco de la Declaración de Estocolmo Para la Construcción de América Central del 25 al 28 de mayo de 1999, según Mansilla, en esa cumbre se asumió por los gobiernos como objetivo principal “la reducción de la vulnerabilidad ecológica y social de la región” (2008, p.22)

      Es claro que el proceso de impacto ecológico se presenta por una evidente lógica extractiva colonialista y especialmente de desforestación de la región, a lo largo del proceso de colonización y durante los primeros ciento cincuenta años de vida independiente se consolidó un modelo de desarrollo basado en la explotación sin freno de los recursos naturales, siendo el enclave bananero y la ampliación de la frontera agrícola consolidaciones de ese modelo, por el cual hoy la región paga sus consecuencias ecológicas y sociales.

      Revertir ese proceso no solo requiere un cambio de políticas públicas, sino un cambio cultural y en el actuar de los pertenecientes a los sectores económicos que se han visto favorecidos con esos modelos de desarrollo humano, por cuanto hoy han heredado a nuestra región la pobreza profundizada por el calentamiento global, por un modelo de desarrollo basado en la explotación intensiva factores naturales impone a sus pobladores como única alternativa el vivir en zonas de riesgo y explotando bienes naturales que afectan los ecosistemas.

      Es la hora de la responsabilidad individual y global, no es posible que naciones desarrolladas que en el pasado y el presente se ven beneficiadas de la diversidad biológica y humana de la región, hayan disfrutado y sigan disfrutando de los beneficios financieros obtenidos en su ahorro gracias a una explotación sin control de recursos humanos y natural  es, sin asumir la consecuencia de su influencia y poder global.  Es la hora de que la comunidad internacional y cada uno de los seres humanos, comprenda que los efectos de su conducta repercuten globalmente, es la hora de racionalizar el consumo, pero también asumir la responsabilidad de las generaciones pasadas, indudablemente existe un principio moral en la responsabilidad que tienen las naciones desarrolladas por lo que ha ocurrido y ocurre en América Central.  

      No significa que los habitantes de la región no tengan retos en la gestión del riesgo, pero también tienen la responsabilidad política de señalar a los culpables del pasado y del presente del desequilibrio ecológico y social que ocurre en la región, en donde los más pobres viven en las zonas de mayor riesgo.  No se trata de buscar ayudas, sino de señalar a los responsables internos y foráneos que han propiciado y siguen generando miseria y desesperación en millones de personas damnificadas por los desastres naturales.

      La responsabilidad de cada uno, significa racionalizar el consumo, buscando el equilibrio ecológico y social, la responsabilidad de todos, tener consciencia de las actividades que producen ese desequilibrio ecológico y social, para combatirlo desde su raíz, y lograr que los que obtienen mayores beneficios financieros de esa sobre explotación del pasado y del presente realicen su aporte político y económico.

 

*Mag. Sonia Vargas Fernández. Profesora de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico:Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Referencias bibliográficas

Mansilla,; E. (2008). Centroamérica a 10 años de Mitch. Reflexiones en torno a la reducción del riesgo. Obtenido de www.preventionweb.net › gar › Chap5 › recovery .

Sistema de la Integración Centroamericana. (  2015 ) Estrategia Regional Ambiental Marco 2015-2020 Obtenido de https://www.sica.int/ccad/eram/bosques.aspx#:~:text=La%20regi%C3%B3n%20centroamericana%20contiene%20el,1%2C600%20km%20de%20arrecifes%20coralinos.

Papa Francisco. (2017). Carta encíclica, Laudato sí, Sobre el cuidado de la casa común. San Pablo. Bogotá. Colombia.