H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 


 

Por Lic. Elio Francisco Omodeo Chaves*

      A un año de declarado el primer caso confirmado de COVID 19 en Costa Rica, las cosas han cambiado profundamente. El primer momento fue de absoluto temor, en donde cruzábamos los dedos para que esta enfermedad no atravesará nuestras fronteras y evitar su propagación, pero no fue así, comenzamos a reunirnos en familia a medio día a escuchar las conferencias de prensa, que nos actualizaban los datos día a día y nos hacían ver con preocupación, que la enfermedad avanzaba inevitablemente en nuestro país. 

      El temor inicial se fue incrementando, convirtiéndose en pánico, cuando escuchábamos y observábamos las imágenes que por medio de noticias o redes sociales nos llegaban desde muy diversos países del mundo. La gente moría en las calles los hospitales estaban saturados, al punto de que los médicos debían elegir entre pacientes, a quienes se les atendía con los equipos adecuados, y a quienes se les posponía para "después" la atención en una Unidad de Cuidados Intensivos. 

      Pero Costa Rica seguía de pie, manteniendo cifras de contagios, ocupación de camas UCI y decesos, muy por debajo del resto de países americanos y del mundo, lo que nos llenaba de esperanza y orgullo de nuestro sistema de salud. 
Durante esta etapa, la mayoría de las personas acataron las indicaciones giradas por el Ministerio de Salud. Pero para mucho este fue el inicio de un proceso muy violento de cambio, en sus condiciones de vida. Algunos vieron reducida su jornada de trabajo. Otros simplemente quedaron desempleados y debieron buscar opciones que les permitieran sobrevivir ante esta situación. 

      Muchos lograron reinventarse, cambiar lo que tradicionalmente hacían y generar nuevas alternativas, algunas muy exitosas y otras no tanto, y la pandemia continuaba su camino. 

      Fue un año que nadie imaginó, un año desgastante. Y eso generó mucha presión sobre las autoridades nacionales. Manifestaciones, bloqueos, violencia se fueron presentando en distintos escenarios. Y eso llevó a reflexionar a nuestros gobernantes, que poco a poco fueron "aflojando el mecate" de las restricciones, hasta llegar a la situación en que nos encontramos hoy. 

      "La pandemia terminó" pareciera ser el grito que dan a entender muchas personas. Hoy a pesar de que se mantienen algunas restricciones, mucha gente, le perdió el miedo al Coronavirus. Ya los cuidados no son los mismos, y lo podemos ver constantemente a nuestro alrededor; los parques están llenos de personas disfrutando a la sombra de los árboles las hermosas tardes veraniegas de marzo. En muchas comunidades los fines de semana, se juegan partidos de fútbol aficionado y algunos comercios se muestran abarrotados. Ya no vemos largas filas de personas aplicando el protocolo de lavado de manos en forma correcta y está práctica en muchos casos se transformó en un simple enjuague con agua, acompañado de un secado en la misma ropa. Es decir, nos estamos sintiendo más cerca de la normalidad, lo cual podría ser un enorme riesgo para todos. 

      La pandemia no ha finalizado, y aunque ya el proceso de vacunación va caminando de una forma eficiente, no podemos tirar por la borda todo lo que hemos avanzado. Debemos retomar las buenas prácticas, y hacer conciencia sobre la necesidad de retomar esos principios solidarios, en donde todos nos protegemos para proteger a los demás. Por eso es muy importante no bajar los brazos, ni dejarnos dominar por el deseo de volver a esa ansiada normalidad. 

*Lic. Elio Francisco Omodeo Chaves. Profesor de la Cátedra de Historia de la UNED y Asesor Regional de Educación Cívica Dirección Regional de Educación San Carlos. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.