Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Por Lic. José Alberto Calderón Navarro*

     Se dice por ahí que en esta vida nunca se deja de aprender, o por lo menos no debemos dejar de hacerlo. Cada día que llega trae consigo la oportunidad de un nuevo aprendizaje, quizás pequeño, quizás grande; a lo mejor por una grata experiencia o, por el contrario, por una no tan buena.  Sin embargo, siempre ha habido, hay y habrá oportunidades para mejorar nuestro conocimiento personal, profesional o sobre la vida.  Esto es una realidad para cada persona: niña, joven, adulta o ya mayor; buena, mala o no tan buena o no tan mala, rica o pobre; sabia o desconocedora; inteligente o con un cerebro tal vez poco entrenado.

     Lo anterior lo digo porque en una profesión como la de tutor eso es una realidad que nos reta siempre que vamos a compartir lo poco que sabemos con cada estudiante que se sienta al frente nuestro.  Y no es solo porque, como se dijo en otra oportunidad, lo que se prepara para una tutoría no necesariamente nos sirve para otra o un grupo diferente, sino porque la realidad no es la misma para todas las personas.  Cada quien tiene una historia de vida, con hechos, sensaciones, penas y alegrías que le son propias, similares quizás, pero diferentes a las de otros seres humanos.  Todos somos diferentes en la igualdad, pero valiosos por todo lo vivido.

     A lo largo de los años en la UNED he conocido personas con historias de esfuerzo para salir avante ante las adversidades; mujeres de familia que debieron enfrentar la crítica de sus familiares u otras mujeres que han querido amilanar sus ímpetus de superación diciéndoles lo irresponsables que son al dejar a sus hijos por irse a estudiar, sin ver que ese estudio se enfrentará como una forma de procurar mejores condiciones de vida a sus hijos y no como una cuestión de vanidad personal.  Una decisión lejana al egoísmo de pensar en sí mismas, sino muy próxima al bienestar presente y futuro de quienes son su responsabilidad más determinante.

     En otras ocasiones uno quisiera que las personas ya formadas, con una vida de estudio y laboral ya resuelta, aprendan acerca de la convivencia que implica compartir espacios públicos como las calles y las aceras.  ¿Por qué pensar en una convivencia  de espacios públicos?  Es una pregunta cuya respuesta está si observamos cómo las personas se comportan y comparten las vías públicas.  Hay un signo de desarrollo personal que en la actualidad toda persona que tiene un cierto ingreso o una ocupación de cierto nivel desea alcanzar: el vehículo; de ahí que sería importante aprender acerca de cómo compartir la vida en la carretera o en las aceras.

     Tener un vehículo es una responsabilidad acerca del respeto a los derechos de las otras personas, tengan o no otra máquina de estas, caminen a pie por las áreas destinas para peatones o se desplacen en otros automotores que cumplen la función de transportar personas o mercancías.  Esta responsabilidad no siempre es interiorizada por conductores de vehículos propios o ajenos y a nuestra universidad en la sede central de Montes de Oca hay muchos que tienen pendiente esta tarea.  Si usted debe tomar un autobús de la línea de Sabanilla hacia el este del cantón durante las horas de trabajo, tenga la certeza que debe abordarlo en media calle porque hay vehículos que alguna persona dejó en el área de la parada del autobús.

     Si usted debe realizar una visita al edificio donde se encuentran el Centro de Idiomas y la Vicerrectoría de Investigación deberá buscar un espacio entre el mar de automóviles que ahora inundan las calles y hasta las aceras del residencial Buenos Aires.  ¿Es posible que la licencia de conducir se obtenga para dejar estacionado mi vehículo en cualquier lugar y olvidarme de los transeúntes?  Pareciera que sí, porque no aprendí, u olvidé, que no debo estacionarme a cierta distancia de una esquina, que no debería obstruir una salida de emergencia, de un garaje o el espacio de desplazamiento prioritario de las personas: las aceras.

     Siempre debemos aprender, cada día podemos hacerlo.  La idea de este pequeño escrito es crear conciencia sobre la necesidad de volver los ojos a los demás y no pensar solo en nuestras íntimas comodidades. Compartir es una necesidad que impone alguna responsabilidad a todas las personas.  Si se va a pasar de un lado a otro de una vía es fundamental asegurarse volver a ver en diferentes direcciones para evitar riesgos de atropello, pero también es importante si se conduce estar alerta acerca de todo lo que se mueve alrededor nuestro. Estamos en capacidad absoluta de aprender o reaprender cualquier cosa.

     Recordemos que compartir los espacios públicos implica el respeto a los demás y a sus derechos: al espacio vital, al ambiente saludable, al desplazamiento sin obstáculos, a la tranquilidad, al llegar a donde deseamos ir a tiempo, a poder desplazarme por una acera por mis propios medios, sea que lo haga a pie, con algún elemento que me permita hacerlo de manera permanente o temporal como una silla de ruedas, muletas o un bordón.  Pensar en los demás es una buena decisión y una acción que si la tomamos todos podemos tener una mejor convivencia de los espacios públicos, los cuales deben estar en buenas condiciones sin que haya una diferencia entre aceras o calles.  Pero esa es otra historia de la que podemos hablar más adelante.

*José Alberto Calderón Navarro. Profesor e investigador Cátedra de Historia. Correo electrónico. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.