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 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Mag. Ronald Eduardo Díaz Bolaños*

      El 23 de abril se conmemoró el Día Internacional del Libro y este año, coincidió con los 405 años de la muerte de Miguel de Cervantes (1547-1616), uno de los más célebres exponentes del Siglo de Oro de la literatura castellana y autor de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de La Mancha (1605), obra cumbre de la literatura en lengua española.

      A pesar de haber transcurrido más de cuatro siglos de la publicación de Don Quijote, esta monumental obra constituye una escuela de humanismo para el presente, en el que el autor, por medio de las vivencias del personaje principal y su fiel escudero Sancho Panza, realizan un viaje en el que va mostrando el contexto en el que se desenvuelve la sociedad española de su tiempo. La forma en que Cervantes examina las condiciones políticas, sociales, económicas y culturales de su contexto plantean un interesante marco para comparar esas mismas condiciones con las de otras sociedades, por ejemplo, la Centroamérica contemporánea, por lo que a través de su lectura, permite el reencuentro entre el pasado y el presente.

      De esta forma, el presente artículo constituye una interpretación de las condiciones actuales en Centroamérica a la luz de una lectura del Quijote como un texto humanístico, mediante el estudio de elementos comunes entre el contexto político, económico, social y cultural de la España en tiempos de Cervantes y la Centroamérica contemporánea. Para ello, se exploran ambos contextos sociales, se analizan dos de los grupos sociales más representativos de dichos contextos, se compara la lucha quijotesca contra los molinos de viento con el advenimiento de la globalización y se propone la figura de Don Quijote como un referente de valores universales.

      En la España del siglo XVI, espacio en el que se desarrolla el mundo quijotesco, se caracterizaba por ser un territorio en el que residían “unos 10,5 millones de habitantes. Se consagró el absolutismo real. La Iglesia tiene un gran poder; unas 150.000 personas viven consagradas a la religión y disponen de casi la mitad de las rentas del país. Se desarrolla la burguesía, obstinada en ennoblecerse. Las clases populares vivieron con prosperidad hasta 1.550, si bien se empobrecieron posteriormente; de ahí la abundante mendicidad y el auge de la picaresca” (Gilabert, 2012, p. 9). Es decir, era una sociedad que a pesar de haberse beneficiado por las conquistas territoriales en América y la extracción de sus metales preciosos, no pudo resolver sus contradicciones internas debido al rígido sistema político y social imperante.

      La Centroamérica contemporánea, se ha caracterizado por ser un territorio donde tras superarse los conflictos armados de la década de 1980 y los procesos de transición hacia la democratización que le siguieron, persisten las desigualdades y donde el 47% de su población vivía en condiciones de pobreza hacia el año 2013, porcentaje que se incrementará producto de la crisis generada por el COVID-19 en el istmo. Además, se presentan altas tasas de violencia y dependencia económica a pesar de los intentos de diversificación en tiempos recientes (Viales, 2012; Díaz y Viales, 2020).

      Tanto la España de finales del siglo XVI en la que escribe Cervantes como la Centroamérica de inicios del siglo XXI se caracterizan por ser sociedades en crisis económica y social, donde pueden identificarse elementos comunes que se podrían comparar a la luz de una lectura atenta del Quijote.  

      De acuerdo con Jeremy Bachelor (2012, p. 19): “Desde la perspectiva de los lectores contemporáneos, el principal beneficio de Don Quijote está en su capacidad para provocar el pensamiento crítico no sólo en relación con la época descrita, sino también con la realidad moderna. En este ambiente, Cervantes hizo que su público actual analizara su sociedad simultánea, sus principales problemas y cómo las personas se enfrentaban a ellos.” En otras palabras, el autor supo enfocar los problemas de la sociedad de su tiempo mediante situaciones jocosas, en las que describió las acciones de diversos personajes que representan a los estamentos que componían la estructura social española de finales del siglo XVI e inicios del siglo XVII: nobleza, clero, comerciantes, artesanado y campesinado.

      En el caso de la nobleza, don Quijote se afana por reconocerse como un hidalgo, en una época en que este estamento ejercía el poder a través de un sistema monárquico hereditario, muy diferente al de las monarquías constitucionales o regímenes republicanos que imperan en las sociedades occidentales contemporáneas. Esa idea de reconocerse como parte de uno de los estamentos dominantes se refuerza mediante su autoinvestidura de caballero y la lectura de obras de literatura caballeresca que inspiraron sus andanzas por tierras manchegas: “La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo” (Quijote, I, 4).

      Si Don Quijote representaba a la nobleza, su fiel amigo y compañero Sancho Panza, de acuerdo con Bachelor (2012, p. 4): “es un representante de la parte más pobre de la sociedad española. Ni siquiera es agricultor, está por debajo de ese nivel, es un jornalero agricultor”. Es decir, pertenecía al estamento más bajo del campesinado, el que no tenía acceso a la tierra y ganaba su sustento trabajando en los terrenos de otros propietarios.

      En la Centroamérica contemporánea, se presentan grandes desigualdades sociales como en la España del Siglo de Oro, si bien no existe propiamente una nobleza que transmite el poder hereditariamente, hay una clase social conformada por políticos, empresarios y hacendados, dueños de la tierra y del capital privado, cuyos recursos económicos se han visto beneficiados con las políticas de liberalización económica de las últimas décadas. Además de detentar el poder, gozan de los niveles más altos de calidad de vida que les permite adquirir gran cantidad de bienes y servicios, así como los últimos adelantos tecnológicos.

      En el otro extremo de la estructura sociedad, el campesinado experimenta el aumento de las desigualdades sociales, lo que mueve especialmente a los que carecen de tierra, a marcharse a las capitales y ciudades principales, donde muchas veces no logran mejorar sus condiciones de vida y se integran a los barrios marginales, o bien, se trasladan a otros países, en condiciones riesgosas y no pocas veces careciendo de documentos de identificación, con el anhelo de superar sus dificultades económicas. A diferencia de Sancho, que se encontró a Don Quijote, estas personas muchas veces no encuentran quién les brinde una mano para hacer más llevadera su existencia.

      Uno de los pasajes más conocidos del Quijote es el de la épica lucha contra los molinos de viento, a quien el protagonista de la novela cervantina confunde con gigantes: “arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante. Y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo” (Quijote, I, 8). Este pasaje, puede interpretarse como una metáfora de la tensión que puede existir entre los seres humanos y las máquinas, cuando los primeros intentan abrirse espacio ante las segundas y perciben que ya han dejado de ser simples herramientas para facilitar el trabajo.

      Si bien la España de finales del siglo XVI era una sociedad preindustrial, Cervantes podría haber preconizado el impacto que tendría un mundo dominado por las máquinas, donde el ser humano sería desplazado por una de sus invenciones, tal y como ocurrió durante la Revolución Industrial algunos siglos más tarde, cuando se dieron las rebeliones de los luditas en Gran Bretaña que entre finales de 1811 e inicios de 1812 atacaron máquinas y propiedades ocasionando daños valorados en millares de libras y provocaron la intervención de las autoridades para detenerlos (De La Fuente, 2004).  

      La expansión de la industria trajo consigo consecuencias contradictorias, como por ejemplo el beneficio económico para unos y el empobrecimiento para otros. Además, también hubo procesos de deshumanización al darse más valor a las ganancias que a las condiciones sociales, por lo que los sectores desfavorecidos debieron luchar para mejorar sus condiciones de vida y superar las injusticias (Marín, 2012).

      En este marco de expansión industrial, en el que “se ofertarban nuevos productos; se elevó la demanda de nuevas materias primas; creció el ingreso de la población y en consecuencia la demanda de nuevos bienes” (Viales, 2012, p. 177), las relaciones económicas se volvieron más complejas y se internacionalizaron aun más los vínculos entre las regiones industrializadas y las que exportaban sus materias primas hacia las primeras, lo que dio como resultado el surgimiento de una segunda etapa de la Revolución Industrial que se enmarca en el período que Marín (2012) denomina la segunda globalización, la que se ha ido transformando y extendiendo a todo el planeta de la mano de los principales procesos económicos, culturales y tecnológicos experimentados desde mediados del siglo XIX.

      Actualmente, de acuerdo con Marín (2012) se vive una cuarta etapa de la globalización en el que la tecnología y los intercambios económicos han hecho posible unificar al mundo, lo que ha permitido una mayor integración de países a diferencia de la época de Cervantes, en que se estaba desarrollando la primera etapa de la globalización de la mano del sistema mercantilista que favorecía el atesoramiento de metales preciosos extraídos principalmente del Nuevo Mundo, por lo que el proceso globalizador era muy incipiente.

      Ciertamente, la globalización ha traído beneficios para la humanidad, ya que el desarrollo tecnológico ha favorecido el aumento de la calidad de vida y tener más información para el uso cotidiano, no obstante, hay que reconocer que en no pocas ocasiones, ha derivado en desventajas y limitaciones como la excesiva dependencia de la tecnología, el surgimiento de una cultura de masas homogenizadora y la aparición de nuevas formas de exclusión hacia aquellos grupos sociales que carecen de los recursos suficientes para estar al día con la adquisición de los adelantos tecnológicos característicos del mundo globalizado.

      En el caso de Centroamérica, una parte significativa de la población reside en zonas rurales, donde el acceso a las nuevas tecnologías se dificulta por el estado de los caminos o la baja cobertura de la red de telecomunicaciones. Aun así, incluso en las ciudades, los sectores marginales también tienen dificultades de gozar de los beneficios de esa cultura globalizada.

      Dicho sea de paso, la misma globalización ha abrumado a los seres humanos de tal forma que ha tendido a invisibilizar las barreras culturales entre los diferentes pueblos. Si bien es cierto esto ha permitido que los pueblos den a conocer sus culturas al resto del planeta, también se ha desarrollado lo que Marín (2012, p. 434) ha denominado “homogeneización cultural y el desarrollo del pensamiento cultural único” que han pretendido establecer una única cultura globalizada que intenta absorber las demás culturas y una sola forma de pensamiento hegemónico frente a la pluralidad de criterios propio de las sociedades democráticas.

      Nuevamente, es necesario volver la mirada hacia el hidalgo manchego y ver cómo su figura se constituye en un referente literario para una serie de valores que fueron importantes en su época y lo serán para la humanidad de todos los tiempos. Delgado-Valdez (2011), basándose en A. T. López (2005), hace un recuento de los principales valores que se encuentran en la obra cervantina: la valentía, la justicia, la moderación, la belleza, la fe, la trascendencia, la integridad, el bien, la amistad, la lealtad y la solidaridad. Habría que agregar también la firmeza de Don Quijote, debido a la aprehensión que mostró del ideal caballeresco durante sus andanzas.

      De hecho, Don Quijote encarna la figura de un hombre de profundos valores y sólidos criterios de justicia, porque “él mismo se pone al servicio de los desposeídos, las viudas, los humildes. Busca el bien aunque los medios y las circunstancias no le sean propicios” (Delgado-Valdez, 2011: 89). Por ello, el célebre caballero andante de La Mancha busca construir su propia utopía, anhela con vivir en un mundo más justo donde él se convertiría en un artífice para la construcción de esa sociedad ideal por medio de sus buenas acciones y la realización de sus más profundas convicciones.

      Todos estos valores son fundamentales para el ser humano en medio del mundo globalizado del presente, donde el proceso de homogeneización cultural privilegia el modelo de una persona consumista que muchas veces vela por su crecimiento como individuo sin tener en cuenta a sus semejantes, en particular quienes se encuentran excluidos del sistema. Gracias a esos valores, el ser humano puede llevar una existencia conforme con sus convicciones y contribuir desde su posición, en la construcción de un mundo más justo y solidario.       

      Al final de la obra, el insigne caballero, como todo mortal, perece: “Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente don Quijote de la Mancha, había pasado desta presente vida, y muerto naturalmente, y que el tal testimonio pedía para quitar la ocasión de que algún otro autor que Cide Hamete Benengeli le resucitase falsamente y hiciese inacabables historias de sus hazañas” (Quijote, II, 74). Con su muerte, acaba también su utopía, no obstante, pasó a la posteridad como un hombre de bien que recorrió La Mancha mostrando sus andanzas de caballero y legó un modelo de ser humano virtuoso para las futuras generaciones, en particular para estos tiempos de globalización.

      Precisamente, los ideales de Don Quijote constituyen un referente para la construcción de una nueva propuesta de sociedad basada en los valores de la justicia y la solidaridad, en franca oposición con los gigantes de la deshumanización y el consumismo que alienan al ser humano de sus mejores atributos. Al igual que Don Quijote, que aparentemente muere derrotado por las circunstancias, un ser humano de profundos valores y firmes convicciones, no se cansa de luchar y dar sus mejores esfuerzos para construir un mundo más justo y humanizado aunque muchas veces signifique nadar contracorriente o luchar contra gigantes imaginarios como lo hizo el ilustre hidalgo Don Quijote de La Mancha.

      Finalmente, Don Quijote de La Mancha constituye un referente de valores humanísticos, por la integridad de su vida y el ferviente deseo de hacer realidad la idea de un mundo más justo basado en su propia utopía. Tanto en la España de finales del siglo XVI como en la Centroamérica de inicios del siglo XXI, dos contextos políticos, económicos y culturales diferentes, no obstante, tienen en común las situaciones críticas que atraviesan y presentan desigualdades sociales significativas, por lo que una figura como la del ilustre caballero manchego representa al ser humano que anhela vivir en una sociedad diferente y se esfuerza por alcanzar sus metas y luchas para que otras personas mejoren su calidad de vida.

*Mag. Ronald Eduardo Díaz Bolaños. Profesor Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Referencias

Bachelor, Jeremy W. (2012). Don Quijote: Una esmerada crítica de la sociedad aún valiosa en nuestros días. Faculty Scholarship – Spanish. http://digitalcommons.olivet.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1001&context=span_facp.

Cervantes, Miguel de (s.f.). El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. Barcelona: Ediciones Nauta.

De La Fuente López, Patricia (2004). Los luditas y la tecnología: Lecciones del pasado para las sociedades del presente. Comunicación presentada en las IX Jornadas sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad: La perspectiva filosófica, Ferrol (España), 11-12 de marzo de 2007. http://mimosa.pntic.mec.es/~sferna18/materiales/salus/LUDITAS.pdf.

Delgado-Valdez, Juana Lilia (2011). De los valores de Don Quijote o la razón de la sinrazón: una aproximación a la literatura cervantina desde la Axiología. Investigación Universitaria Multidisciplinaria 10(10), pp. 80-90. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4106718.pdf.

Díaz Arias, David y Viales Hurtado, Ronny (2020). Centroamérica: neoliberalismo y COVID-19. Geopolítica(s). Revista de Estudios sobre Espacio y Poder 11(Especial), pp. 53-59. https://doi.org/10.5209/geop.69017.

Gilabert Molés, Mercedes (2012). Cervantes, el Quijote y su presencia en La Mancha. http://mayores.uji.es/datos/2011/apuntes/fin_ciclo_2012/Cervantes.pdf.

Marín Hernández, Juan José (2012). ¿El mundo de la globalización o la globalización del mundo? En Díaz Arias, David; Viales Hurtado, Ronny y Marín Hernández, Juan José. Historia de la Cultura: la construcción del mundo contemporáneo. Siglos XIX-XXI (pp. 317-495). San José, Costa Rica: EUNED.

Viales Hurtado, Ronny (2012). De la economía mundial a la economía global. En Díaz Arias, David; Viales Hurtado, Ronny y Marín Hernández, Juan José. Historia de la Cultura: la construcción del mundo contemporáneo. Siglos XIX-XXI (pp. 151-314). San José, Costa Rica: EUNED.