El contexto actual es muy complejo y volátil. Iniciamos cada mañana con gran incertidumbre sobre cómo terminará el resto del día y la semana. En el caso costarricense la situación es más compleja debido a otros problemas económicos y sociales que se han acumulado en los últimos años.
Resulta paradójico el año del bicentenario de la independencia nacional se experimenta una de las coyunturas financieras más difíciles de nuestra historia y el gobierno más neoliberal de nuestra historia. Sin embargo, es necesario que esta situación no puede atribuirse únicamente a la crisis derivad del COVID-19.
Solo para recordar, en año 2018 el país enfrentó diversas manifestaciones contra el denominado “combo fiscal”, lo cual provocó la mayor huelga de la historia de Costa Rica dirigida por el sector educativo, la cual fue muy atacada por los medios de comunicación y sectores económicamente más poderosos. A pesar de que se sumaron miles de personas en las calles, al final sus voces fueron ignoradas y los educadores tildados de enemigos de la patria.
El año 2019 y 2020 se sumaron nuevos movimientos sociales provenientes en especial de zonas fuera de la Región Central se manifestaron contra la asfixiante situación económica y el abandono sistemático experimentado en las últimas décadas por los gobiernos de turno. Sin embargo, tal como sucedió en el caso anterior, sus demandas y clamores llegaron a oídos sordos.
En el 2020 producto de la pandemia mundial, el desempleo, el costo de la vida y pero sobre todo la desconfianza de la población en el sistema político e instituciones aumentó a niveles preocupantes. En este año los medios de comunicación, promovieron una campaña de desprestigio contra las instituciones y programas públicos, el cual mermó ante el surgimiento de crisis sanitaria, donde el país palpo las ventajas de contar con la C.C.S.S, Ministerio de Educación Pública el sistema de universidades estatales, entre otros centros y entidades.
Para nadie es un secreto que el país urge de un plan de recuperación económica y de proyectos concretos, pero no se logran apreciar estas opciones ni a corto ni mediano plazo. Por el contrario, parece que se va a repetir la historia de siempre donde los costos de la crisis la asumirán los sectores populares y tan golpeada “clase media”.
Por si fuera poco en este mes hay un proyecto para aumentar la edad de pensión, el aumento de porcentajes de cobro y la reducción de los montos que se reciben al final de una vida de trabajo y esfuerzo. En definitiva, el panorama no podría ser más desolador.
La culpa de la situación para la gran mayoría de los costarricenses la tiene la clase política, pero hace tiempo que estos personajes han dejado de generar decisiones y proyectos por cuenta propia según sus tendencias partidistas o ideología, por el contrario hoy más que nunca se evidencia que solo responden a los intereses económicos de ciertos sectores, los cuales ponen el ritmo de la música que más le conviene.
Como resultado de la situación económica es agobiante, las familias y la sociedad en general muestran signos de gran tensión social, intolerancia y división. Dichos elementos son un caldo de cultivo que puede desencadenar en una espiral de violencia y mayor injusticia en un corto plazo.
En definitiva, como urgimos de lideres tan visionarios como los que tuvo la administración de don Alfredo González Flores (1914 -1917), la cual se comprometió con la mejora de la gestión pública, la búsqueda de la transparencia, la creación de oportunidades para la mayoría y de contar con una banca pública que realmente favoreciera el desarrollo económico de país; pero todo por la justicia tributaria con la consigna que “el rico pague como rico y el pobre como pobre “.
Hoy más que nunca necesitamos retomar los caminos que han hecho grande a nuestro país, pero para esto es necesario que todas personas tomen responsabilidad de sus acciones, un compromiso real por parte de los sectores económicos y políticos, pero sobre todo que las personas despierten y luchen por defender lo que tanto ha costado alcanzar: un estado de derecho, instituciones y políticas públicas a favor de la salud y educación pública a favor de la inclusión y solidaridad.
Cátedra de Historia de la UNED
