Por Magíster. Javier Olivares Ocampo*
Los movimientos sociales en afán de la independencia de Centroamérica culminaron exitosamente el 15 de setiembre de 1821. Ese acontecimiento fue el producto de un largo proceso de superación de desasosiegos, venido en parte desde fuera, pero con causas internas suficientes para rendir provechos contra la subyugación española. Aquel acontecimiento parece reducirse a un hecho político, pero detrás de él hubo actores sociales protagonistas, en especial desde 1810, cuando se toma con madurez el propósito de emancipación.
Haciendo un repaso de los acontecimientos ocurridos en Guatemala, el 14 y 15 de setiembre de 1821; encontramos una importante gravitación popular, así como la participación de la mujer, bien representada en María Dolores Bedoya, fue ella quien diera el primer grito de independencia. Hija de Pedro Bedoya y de Manuela Antonia González, esposa del doctor Pedro Molina. Junto a Basilio Porras recorrió las calles de Guatemala la noche del 14 de septiembre de 1821, para instar a la población a que apoyaran la independencia; asimismo al amanecer del 15 de setiembre se presentó junto a más personas a las afueras del Palacio Nacional. Tras la firma del Acta de Independencia, hubo música de marimba y explosión de cohetillos como celebración de tan ansiado suceso.
Dolores Bedoya fue una prócer guatemalteca, participó en el movimiento de independencia de Centroamérica:
Bedoya sobresalió en una época en donde las mujeres no tenían trascendencia en temas políticos. Su participación sentó las bases para que se les incluyera más en decisiones sociales en el futuro. Esto debido a que su papel en este proceso ayudó a comunicar al pueblo lo que estaba sucediendo. No obstante, en aquellos años la mujer era marginada y no se le permitía sobresalir y mucho menos aparecer en documentos o figurar como prócer del acontecimiento patriota. Pero sin duda alguna, en Guatemala fue una pieza importante al involucrarse en un movimiento que estaba controlado por hombres. Al haber formado parte del suceso, la prócer abrió una brecha para que posteriormente las mujeres guatemaltecas se integraran en decisiones y movimientos del pueblo. (Biografía de Dolores Bedoya de Molina)
Dolores Bedoya, también había vivido en Nicaragua, sabía leer y escribir, se le reconoció por sus habilidades para redactar documentos, significó gran apoyo para su esposo Pedro Molina en la lucha por la independencia, su oratoria fue fundamental para arengar a sus vecinos y crean un sentimiento común de emancipación. Ella estaba consciente, que su participación como mujer, podía tener consecuencias, pues al inmiscuirse en temas políticos sus propósitos podrían no ser exitosos. Su valor se concentra en la actividad de comunicar al pueblo la importancia de ser independientes, de formar en la población una idea crédula del proceso, de modo tal que la reacción popular se hiciera vehemente e incidiera en los indecisos que deliberaban.
Cuando el pueblo se unió, fue formando una muchedumbre enardecida tras la voz de independencia, aseguraba a los negociadores que la decisión multitudinaria había sido tomada; consumado el hecho, la fiesta continuó como una forma de ratificación y aprobación de la firma del Acta de la Independencia; conmemoración sostenible en el tiempo hacia el Bicentenario.
La presión social causó, de manera insoslayable, la toma de decisiones sobre los firmantes de la independencia: Gabino Gaínza, jefe político; José Antonio Larrave, alcalde; y los regidores del Ayuntamiento: Mariano Larrave, Pedro de Arroyave, Isidoro del Valle y Castriciones; y el síndico Mariano Aycinena; Lorenzo Romaña, Mariano Beltranena y Llanos, Antonio Rivera Cabezas, José Mariano Calderón, José Matías Delgado, Manuel Antonio Molina, y Domingo Diéguez, como secretario. Estos signaron el documento llamado Acta de Independencia, la que liberó a las 5 provincias, del reino de España.
Ese protagonismo social, lo expone Townsend de la siguiente forma:
Una lectura atenta del Acta de la Independencia proclamada por Guatemala el 15 de setiembre de 1821 demuestra que sus autores la condicionaron estrechamente a la aprobación y respaldo de las provincias, y a que un congreso de sus diputados decidiera, en última instancia, sobre el pronunciamiento de la capital. Las cláusulas condicionantes insertan su reticencia desde el primero de sus artículos: “Que, siendo la independencia del gobierno español, la voluntad general del pueblo de Guatemala y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse, el señor jefe político la mande publicar a fin de prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo.” Que es tanto como decir que la ruptura con España fue proclamada por las jerarquías civiles, militares y eclesiásticas de la capital para anticiparse y contrarrestar, moderándolo y limitándolo, al mando insurreccional “del mismo pueblo”. (Townsend, 1973: p. 21)
Fue más fuerte la disposición del pueblo que el titubeo de los dirigentes hispánicos, quienes por la insistencia de la insurrección debieron modificar sus propósitos leales al reino; esa separación de España “se consumaba en Guatemala, por hábil y oportuna conversión de sus sectores dirigentes y privilegiados, sin definición de régimen interior, y como ineludible y prudente antídoto de proclamaciones radicales, cercado por la movilización del pueblo, que reconocía en Pedro Molina y en José Francisco Barraundia a sus tribunos, la oligarquía capituló en una rendición condicional” (Townsend, 1973: p. 22). Esa transición de los sectores partidarios anti- independencia se debió a la presión de los grupos radicales y de forma soslayada dieron el paso para prever posibles enfrentamientos, no sin antes considerar una salida digna al prever la decisión final basada en la posición de las provincias y de un Congreso.
La propuesta de formar un Congreso y la aprobación de las provincias para concretar la separación políticamente, se debe a la pretensión de opacar el movimiento popular unificado en los liderazgos: Pedro de Molina, Dolores Bedoya y Francisco de Barraundia. El debate enfrentó a Molina y a José Cecilio del Valle; Molina era radical, Valle de ideas moderadas. Ese choque de ideas dio lugar al surgimiento de dos partidos políticos: Los Gacistas dirigidos por Valle y los Cacos liderados por Molina.
Tras elecciones para diputados a las cortes ganó el partido de Valle. Sin embargo, los Cacos lograron una victoria al deshacerse del Capitán Carlos de Urrutia y Montoya, en su lugar colocaron al sub-inspector del ejército Don Gabino Gaínza el 9 de marzo de 1821. Gaínza un hombre de edad avanzada y de carácter débil, fácil de convencer hacia la línea libertadora. “En ese sentido, el Acta es una hija legítima del partido gacista y del más egregio de sus corifeos, el Auditor de Guerra, don José Cecilio del Valle (Townsend, 1973: p. 22)
Pese a algunas indecisiones prevaleció el voto de los separatistas en mayoría “celebrando con aclamaciones y vivas” por el pueblo que presenciaba la histórica decisión. El “sordo rumor del descontento” al registrarse un voto adverso intimidó a los contrarios de la independencia, muchos de los cuales hicieron abandono del campo. (Townsend, 1973: p. 22)
Según Townsend, citando a Maure:
En Guatemala, la facción en derrota supo retirarse línea tras línea, con el mínimo de pérdidas. “lejos de ser vejados los españoles anti- independientes –recuerda Maure- fueron tratados con toda consideración”. Los criollos hispanizantes, que se habían inclinado ante lo inevitable, pusieron sus esperanzas, hasta ese momento imprecisas y vagas, en que ocurriera, antes de la reunión del Congreso, algo que los salvara de una república resueltamente democrática. (Townsend, 1973: p. 22)
El proceso emancipador en Guatemala golpeó a una autoridad endeble, al alto clero y a los funcionarios, con la participación disconforme de los independentistas, la presión multitudinaria de criollos y de mestizos, además de los liderazgos de personas libres que tomaron el mando en las decisiones de 1821, “tomando parte en el movimiento el mismo capitán general don Gabino Gaínza, y de más autoridades españolas” (Fernández, 2005: p. 72) En adelante los centroamericanos supieron conducir un proceso que los acercó cada vez más a la constitución de las repúblicas libres, soberanas e independientes; habían dado el primer paso: acabar con más de tres siglos de dominación imperial española, tan injusta como despiadada.
*Magíster. Javier Olivares Ocampo. Investigador y Exprofesor de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo:
Fuentes consultadas
Fernández, Ricardo. (2005) Cartilla Histórica de Costa Rica. San José, Costa Rica. EUNED.
Townsend, Andrés. (1973) Las Provincias Unidas de Centroamérica. San José, Costa Rica. Editorial Costa Rica.
Biografía de Dolores Bedoya de Molina. Aprende Guatemala.com. Recuperado de https://aprende.guatemala.com (11 de Junio, 2021)
