Por Lic. José Luis Madriz Arroyo*
Educar desde la interculturalidad. Decía el maestro Paulo Freire, “no somos seres de adaptación sino seres de transformación”. Los educadores somos por excelencia agentes de cambio. Desde el tema de la pluriculturalidad, tema que hoy nos reúne, los educadores tenemos la gran responsabilidad de trasformar los viejos esquemas con las que se dio estructura a la nación costarricense.
Los discursos decimonónicos sobre de que éramos una nación blanca y homogénea culturalmente. Digo éramos porque hoy estamos reflexionando sobre ideas totalmente distintas que nos llevan a repensar estos paradigmas. Desde el aula debemos de ir dando espacio a que afloren esas particularidades que muchas veces subyacen ocultas. En nuestros estudiantes coexisten diversos orígenes que por ninguna razón deben ser opacados y menos por ideas ya ampliamente superadas. Desde mi labor docente he desarrollado distintas actividades de educación cultural tanto en las instituciones educativas en las que me ha correspondido laborar, así como en la comunidad y a nivel regional.
A continuación, detallo algunas de ellas. En el 2007 inicié un programa de educación cultural que tiene como objetivo principal la promoción de la diversidad cultural de nuestros pueblos originarios. En este programa se fomenta el conocimiento de dichas culturas, se gestiona un acercamiento a las comunidades en las que las personas asistentes tienen la oportunidad de recibir talleres, charlas, probar comidas tradicionales, participar de actividades culturales específicas como por ejemplo el Juego de los Diablitos y conocer las distintas realidades en las que nuestros indígenas luchan en el presente por la conservación de su acervo cultural.
He organizado recorrido guiados a distintos sitios arqueológicos en especial varios recorridos por los sitios con esferas de piedra declarados patrimonio cultural de la humanidad, de igual forma a sitios históricos de interés nacional y museos. Se han ejecutado voluntariados en distintas comunidades indígenas de la zona Sur del país como los que se han apoyado procesos de recuperación territorial, revitalización del idioma y apoyo a festivales culturales.
Estas actividades son accesibles al público en general y su objetivo es acercar a las personas a su identidad cultural de una forma vivencial. Colaboro con el programa Las Sociedades Centroamericanas entre el mundo colonial y la Modernidad de la escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica en la organización y realización de conversatorios virtuales sobre diferentes temas relacionados con pueblos indígenas de Costa Rica y de América Latina los cuales son transmitidos por Facebook Live y están disponibles en la página del programa.
En el 2019 -recién se había incorporado al calendario escolar la celebración del día de la persona chiricana establecida el 26 de mayo por el Ministerio de Educación[1]tuve la oportunidad de organizar junto al antropólogo José Luis Amador un conversatorio en el colegio técnico de Jacó sobre la presencia chiricana en esa comunidad. Tema de gran relevancia dentro del contexto porque Jacó es una comunidad fundada por migrantes chiricanos. A esta actividad asistieron estudiantes y personas de la comunidad descendientes de los chiricanos fundadores.
Como parte de la exposición se presentó una genealogía de estas familias, desde las que las habían llegado buscando oportunidades hasta sus herederos más recientes. Otras de las actividades que he desarrollado a nivel de educación secundaria han sido charlas sobre los aspectos culturales de nuestros pueblos originarios en los que los estudiantes tienen un acercamiento directo con las producciones artesanales y rasgos más determinantes de sus manifestaciones culturales.
Actualmente estoy iniciando la creación de un centro cultural en Orotina llamado Casa Maíz en el que se desarrollarán una serie de actividades como talleres, charlas, encuentros con el propósito de enlazar a los pueblos indígenas con la región del Pacifico Central.
La educación desde el enfoque pluricultural permite tender caminos de diálogo, primero con nuestros orígenes personales y luego con los otros. Es un ejercicio en el que nos enriquecemos, tomamos conciencia de nuestro pasado para poder definirnos en el presente y proyectarnos en el futuro.
Claro está que, para poder desarrollar este reencuentro de nuestros estudiantes con sus identidades, los educadores primero habremos tenido que interiorizar la importancia que esto tiene y hasta haber hecho esa introspección de quiénes somos. De lo contrario seguiremos dejando la pluriculturalidad para los motivos de los actos cívicos de algunas fechas escolares.
Muy lejos de verlo como nuestra vivencia cotidiana, con el disfrute y el ejercicio del derecho a la otredad que ello implica. La diversidad se disfruta, se valora, se siente. Así debemos comprenderlo para llevar a nuestros estudiantes por ese camino de poner en valor sus particularidades.
Nuestro salón de clase es el lugar al que confluyen una serie de procesos históricos que han tomado rostro. Un rostro de migrante, de afrocaribeño, de indígena, de chino, de chiricano solo por citar algunos.
Debemos educar para que esos rostros se hagan visibles, para que salten como cuando no podemos disimular una alegría. Que se salga el acento distinto, el llamar a las cosas con diferentes nombres, ya basta de disimular en pro de una homogeneidad fingida. Los educadores tenemos el poder de hacer que nuestras personas estudiantes descubran quienes son y que compartan entre ellos eso que los hace distintos.
Es necesario lograr lo que dice Octavio Paz “El mundo cambia si dos se miran y se reconocen”.
*Lic. José Luis Madriz Arroyo. Docente de Estudios Sociales.
