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 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
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Ficha Técnica

Dirección: David Lean.

Guion: Robert Bolt.

Fotografía: Freddie Young.

Montaje: Anne V. Coates.

Vestuario: Phyllis Dalton.

Año: 1962.

Duración: 222 minutos.

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Escrito por Mag. Wagner Ramírez

       A esta película yo le llamaría uno de los más grandes espectáculos de la historia del cine, simplemente porque es un derroche de talento que deslumbra con su belleza. Eso no la exime de contradicciones importantes, principalmente porque su intencionalidad no es loable en lo absoluto. Pero, estamos ante una producción que puede brillar tanto en el cielo como en el infierno. Aunque tiene una duración de casi 4 horas, la trama y la vivacidad del relato mantiene atento y entretenido al espectador, siendo esto es un gran logro.

      La película inicia con la muerte del protagonista en 1935 en Inglaterra y el resto podríamos llamarlo un flashback que se remonta al Cairo en 1916. La cinta se desarrolla en medio de la Gran Guerra que asoló el viejo mundo a partir de 1914, precisamente en la Rebelión Árabe contra el Imperio Otomano, circunstancia que fue aprovechada por los británicos para debilitar a su enemigo y extender sus intereses económicos en Medio Oriente. Thomas Edward Lawrence fue el oficial que funcionó como eslabón entre los británicos y los árabes.

    La trama avanza entre diálogos largos y pocas escenas de acción, pero tiene un ritmo constante. La fotografía, podría pensar, presta la mitad de la belleza a la película. Los montajes, los paisajes, el posicionamiento innovador de las cámaras y el uso de la luz muestran vida. La escenografía es hermosa, se capta la inmensidad del desierto de forma envolvente. Casi se puede sentir el sol abrasador y el sofocante aire cargado de partículas de arena. Los vestuarios son muy convincentes también. Las actuaciones están en un nivel alto de calidad. Precisamente dos grandes del cine brillan aquí: Alec Guiness y Antony Quinn. Aunque, como es común en Hollywood, sobresalen más los ojos azules de Peter O' Toole que su propia actuación como protagonista, pero tampoco llega a desencantar. En resumidas cuentas, la parte técnica y la estética nos otorgan una obra hermosa y digna de galardones de la Academia.

    El cine se debe juzgar por lo que es: un arte, pero también por lo que provoca en la sociedad, el cine tiene intencionalidades políticas en la mayoría de los casos y entre más alto sea el presupuesto más se compromete con lo “políticamente correcto”, esto evita el riesgo de la poco rentable censura previa. Debemos entender que el cine y la historia, aunque caminen de la mano con frecuencia, no siempre se respetan entre ellos.

    Ya he dicho que el objetivo del cine es entretener y Lawrence de Arabia lo logra, pero no perdemos el tiempo si citamos algunas de sus imprecisiones históricas. El director no evidencia un conocimiento certero de los pueblos del desierto por que muestra un estereotipo más parecido a los tiempos medievales.  El protagonismo de Laurence de Arabia en la historia real fue más discreto y menos divino que en la película. En la cinta los árabes son buenos y los turcos malos, casualmente son los árabes los que tienen más disposición de someterse a los intereses británicos y compartir sus riquezas naturales. Lo cierto es que en la guerra no hay buenos ni malos, hay ganadores y perdedores y en el cine los buenos siempre ganan. El Imperio Otomano es pintado como un conglomerado de pillos que se divierten en torturar al protagonista. Como si los británicos no fueron especialistas en administrar campos de concentración y tortura en Sudáfrica y la India. A veces siento una gota de cinismo en los cineastas occidentales o fuertes ataduras ideológicas para atreverse a contar la verdad.

       Algunos no creen en las casualidades, pero existe un fuerte paralelismo en el rol de T. E. Lawrence en Arabia a principios del siglo XX y el rol de un agente de la CIA en Afganistán a inicios del siglo XXI, pareciera que la humanidad no evoluciona. ¿Acaso no pasa igual en la actualidad? Los medios de comunicación occidentales satanizan cualquier gobierno que no esté dispuesto a someterse a intereses imperialistas y toda la población mundial se lo cree. Hablemos del caso de Afganistán ¿Qué andaba haciendo el ejército de Estados Unidos en Afganistán aparte de perseguir enemigos, procurar el control de los recursos naturales y activar la economía armamentista? ¿Alguien puede creer el cuento que les interesa la democracia, los derechos de las mujeres y el bienestar social de Afganistán? ¿Cuántos jovencitos estadounidenses derramaron su sangre para que una empresa productora de armas reactivara la economía de unos cuantos? Lo que sí podemos decir es que el gobierno de Estados Unidos abandona la zona y la deja en una de las peores crisis humanitarias del siglo XXI.

       Precisamente esta es la enseñanza que nos deja Lawrence de Arabia: “Los gobiernos de Medio Oriente son abominables y los gobiernos occidentales tienen la obligación de salvarlos, aunque sea por medios militares y violentos. Es posible que también necesiten una ayuda altruista para administrar sus recursos naturales” ¿Quién enciende la llama de la violencia el invasor o el invadido? A mí, esto me recuerda la invasión filibustera en Centroamérica a mediados del siglo XIX, otro ejemplo del famoso Destino Manifiesto que sólo ha servido para justificar atrocidades.

     ¿Por qué hay tanto esfuerzo en glorificar la memoria de T. E. Lawrence? En la película vemos que existe un fuerte paralelismo entre Lawrence, Jesús o Moisés. Todos ellos sufren calamidades en la zona desértica de Medio Oriente, para al final convertirse en salvadores. Este rol salvador por medio de armas es el mismo rol quieren asumir los occidentales, desde la Edad Media, cuando inventaron las cruzadas.

    Los principales huecos de la película están en el guion. Existe un conflicto con el protagonista porque no se logra entender del todo sus motivaciones ¿Quiere ser un súbdito Honorable de la distinguida y casi divina Corona Británica? ¿O busca ser un héroe o convertirse en un dios para los pueblos del desierto y trascender como Jesús o Mahoma? Estamos claros que no estamos ante una reconstrucción histórica del personaje, es una interpretación romantizada que busca justificar las incursiones militares de los británicos y estadounidenses en Medio Oriente. Coloca las naciones occidentales como abanderadas de la salvación de pueblos gobernados por reyes crueles y desalmados, como si eso no fuese un factor común en Occidente también. Precisamente, estamos ante un panfleto político cuyo lienzo es el cine y la historia con un resultado artístico bello, pero nocivo si no se sabe interpretar.

     Yo me quedo con el primer diálogo donde dos hombres observan el busto de T.E. Lawrence en la Catedral de San Pablo en Londres:

  • Era el hombre más extraordinario que he conocido.
  • ¿Llegó usted a conocerle bien?
  • Le conocía.
  • Bueno ¿Pero realmente cree usted que merece estar aquí?

 

*Mag. Wagner Ramírez. Profesor de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.