Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

     

     En el marco de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de Costa Rica, quisimos contribuir a esclarecer parte de nuestra historia y ayudar a entender y valorar mejor que esta es más que un puñado de 200 años.  Basado en ello, es importante comprender que desde larga data, el territorio de lo que hoy es Costa Rica, se ha enriquecido con los aportes e interacción de diversos grupos culturales. 

     Desde esta perspectiva, cabe resaltar el rol participativo de muchos hombres y mujeres que han sido grandes protagonistas a lo largo de la nuestra historia y que hoy, son vilmente olvidados y por ende, no los encontramos en grandes pedestales ni nadie que les rinda homenajes pomposos.  

     Pues a decir verdad, cada una de estas personas invisibilizadas, sintetiza y refleja una época determinada….SU ÉPOCA.  De este modo, es justo tributar también homenaje, desde hace tiempo adeudado, a las personas con diferentes tradiciones culturales que se aventuraron en avanzar y llegar hacia estas tierras y pese que son parte de nuestra historia, siguen sin aparecer en las páginas oficiales de aquella historia que solo personifica y reduce las grandes hazañas de todo un pueblo en unos cuantos... 

Así les invitamos a realizar un viaje fabuloso con todas estas personas por el tiempo. 

 

Una historia que inicio hace más de 12.000 años

     En retrospectiva, es importante conocer que el territorio de lo que hoy constituye la República de Costa Rica fue ocupado por el ser humano desde hace aproximadamente 12.000 años y desde entonces comienza mi historia y su historia. 

     Así los rastros  materiales  encontrados indican que la llegada de diversos grupos étnicos fue paulatina y mantuvieron como organización sociopolítica principal el cacicazgo, lo cual muestra que eran personas sumamente inteligentes y no como algunos lo cuenten de manera absurda y peyorativa, que se trataba de unos cuantos salvajes desperdigados por ahí.

     De igual modo, los vestigios confirman que mantenían un funcionamiento sociocultural enmarcado dentro de una lógica de sobrevivencia basada en el conocimiento ancestral con gran respeto al ambiente y la agricultura; la cual se complementó con la recolección, la caza, la pesca, el trueque, entre otras actividades que fueron mostrando la posibilidad de abandonar el nomadismo.  

     Todos ese cúmulo de hechos confirman, que si hubo amplia presencia de asentamientos y que en la mayoría del área que hoy conforma el territorio de Costa Rica se juntaron y vincularon diversos colectivos sociales desde larga data.  

     Particularmente, en estas condiciones consiguieron perdurar hasta la llegada de los europeos a finales del siglo XV;  cuando a partir de entonces y del consecuente contacto cultural que se consumó entre ambas partes, se derivó un intenso proceso de  conquista y colonización, que además de invasivo y lastimero, conllevó a la desestructuración del orden autóctono vigente. 

Siglo XIX

     Con la desconexión del poder colonial español en 1821, la vida pos-independentista no fue de paz y amor como suele decir la historia idílica y conformista. Pues a decir verdad estuvo plagada de gran escepticismo y miedo a lo que podía venir. Sin duda, esta trascendental declaratoria supuso a los pobladores de la incipiente República, el ingente reto de modificar su antigua vida colonial, lo cual no fue fácil ni regalado.  

En particular, la noticia sobre la independencia constituyó un parteaguas, que brindó la gran oportunidad de separarse por completo del viejo orden, pero a la vez, una verdadera quimera por articular uno con matices propios y más justo al que se tenía.   Igual costó sangre... mucha sangre y sacrificio de nuestros ancestros, y no fue tan pacífico como algunos repiten; pues luego devino una época donde hubo que cerrar filas en varias ocasiones, para contrarrestar la soberbia, la ambición, la arrogancia, el egoísmo de grupos hegemónicos que con visión enajenada se apuntaron a exfoliar y pisotear las fibras más sensibles de la dignidad y la soberanía nacional.   

     Aunque quizás este tipo de situaciones puedan parecer trágicas y desafortunadas dentro de una concepción histórica idílica oficial como siempre se la han contado; cierto es, que este carácter y compendio de reacciones oportunas tomadas por el pueblo sirvieron a la postre, de fuente inspiradora para el forjamiento de la nacionalidad y enrumbar la forma  de  vida  de los  colectivos costarricenses. 

     En tanto, este listón de encuentros y desencuentros de muchos y muchas son los que justamente, ayudaron a dar sentido y carácter a los elementos identitarios que van a distinguir, cohesionar y adherir de manera voluntaria, a aquellas personas que se van a considerar posteriormente como costarricenses. 

     Así las cosas, las diferentes fuerzas que configuraban el universo costarricense de aquel momento, se vieron obligadas a resolver el dilema  que trajo el nuevo juego político-social. En lo político a reacomodar el poder y la ardua formación del Estado Nacional; y en lo económico, insertar a Costa Rica al mercado mundial.  No obstante, con el logro de este último cometido devinieron cambios trascendentales en la estructura socio económica del país; los cuales empezaron a notarse con mayor intensidad, en el ocaso de la época decimonónica.  

Primera mitad siglo XX  

     Por consiguiente, en el devenir del siglo XX, se finiquita entrega sin precedentes, a la consolidación de una economía agro exportadora, la cual es usada para profundizar la inserción al capitalismo mundial, fortalecer el nacionalismo y la hegemonía de algunos sectores socioeconómicos.  

     En reacción a esta relativa desidia se evidenció durante el periodo una creciente polarización de la población; que convirtió al país en tierra fértil para la gestación de fuerzas sociales y alianzas orientadas a promover el cambio por la vía de la reforma y otras formas de lucha social. 

     Con ese espíritu, en las décadas del 30 y 40 del siglo XX, Costa Rica vivió un nuevo proceso de reformismo, el cual significó un parte aguas sin precedentes. Máxime, con la transformación institucional derivada a través de  la articulación de fuerzas político-sociales antagónicas, mostró, madura capacidad para lograr ingentes acuerdos, en favor de los grupos históricamente desasistidos.  

Segunda mitad siglo XX  

     Pese a la extraordinaria coyuntura donde convergieron y pactaron nuevas y viejas fuerzas con el propósito de dar cabida a la acción política común  inspirada en principios del reformismo social, esto no impidió que la población se polarizara y se desencadenara el conflicto bélico del año de 1948.   Sin embargo, y contra todo pronóstico, Costa Rica logró sorprender una vez más; pues por el contrario,  se gestó una de las decisiones más inteligentes y visionarias que haya deparado y guardado la historia política….la disolución definitiva del ejército nacional como institución costarricense. 

     Así las cosas, el civilismo se arraigó y convirtió en el elemento identitario del costarricense por antonomasia y también se erigió en el imaginario colectivo, la idea de ser una sociedad consecuente con la paz.  

Estado benefactor   

     En general, la constante histórica de Costa Rica a partir de la segunda mitad del siglo  XX, se va a caracterizar por regímenes políticos preocupados por fortalecer el desarrollo humano centrados en la prosperidad, la educación, la salud y la participación ciudadana.  

     De esta manera, con el desarrollo de un Estado benefactor se logró un sólido régimen democrático, el cual adquirió grandes avances en el plano humano y seguridad social. Dentro de ese contexto, se crearon varias instituciones con las que se pudo dar sostén a la democracia como la Caja Costarricense del Seguro Social, el ICE, entre otras.  

     Esta lógica se robusteció, con la creación de toda la institucionalidad universitaria pública, pues en este entramado, es cuando sobresale la Universidad Estatal a Distancia, que vino a profundizar el proceso de democratización de la educación. 

     Así las cosas se generaron pilares esenciales de la democracia encargados de brindar mayor cobertura de los servicios sociales y esenciales a la ciudadanía, al punto de lograr  Costa Rica a tener los más bajos índices de pobreza en Latinoamérica. 

Finales del siglo  XX  

     Pese a todo lo anterior, desde finales del siglo XX, se comenzó a almacenar una serie de cambios políticos, sociales y económicos que fueron amenazando el sistema democrático.  

     Tales como la ingobernabilidad, el descontento, las promesas incumplidas, la impunidad, los vicios políticos y el filón de casos de corrupción.  

     Así el balance histórico, muestra que la democracia eficaz y efectiva a lo largo de la historia ha sido fundamental. Visto así, constituye uno de los rasgos más convincentes y valiosos de la esencia y vitalidad del Estado costarricense que más se extraña. 

     Bajo esta perspectiva, a las vísperas del bicentenario, estamos urgidos de rescatar la capacidad histórica de lograr consensos mediante la discusión sana y sincera.   

     En tanto, son numerosos los pasajes en la historia patria que dan fe del pacto, la concordia, el acuerdo, entre otras formas loables para dar termino a la incomprensión, la desidia, la soberbia, el egoísmo político y económico, entre un sinfín de problemas que afectan la sociedad. 

     Así las cosas, la conmemoración no la debemos encallar en un conjunto de rituales efímeros a veces cursis y hasta sin sentido. Por ende, estamos obligados a verla como un espacio para la revalorización de las proezas de nuestros antepasados y las diferentes fuerzas sociales que han defendido con acrisoladas virtudes; la soberanía nacional, la dignidad, las convicciones históricas y todos los elementos identitarios que nos han distinguido por antonomasia.  

     Partiendo de esta lógica, la conmemoración que realiza nuestra Universidad, no se debe limitar a un conjunto de actos donde solo se recuerda sino donde se decida dar  resignificación y deconstrucción constante a la historia patria.   

     Bien que este inspirada en la razón de la academia pública; que promueve en cada actividad de las que hoy se anuncian, la participación incluyente, dinámica e integral de todas las personas que habitan los diferentes territorios. 

¡En la costa rica del bicentenario todos debemos tener cabida…!

Cátedra de Historia de la UNED