Ficha técnica
Dirección: Serguéi M. Eisenstein
Fotografía: Eduard Tissé.
Edición: Serguéi M. Eisenstein.
Música: Edmund Meisel y Nikolái Krinkov.
Año: 1924.
Duración: 82 minutos.
Por Mag. Wargner*
La película busca exponer el trato inhumano que recibían los trabajadores antes de la Revolución Rusa de 1917. El abordaje lo hace desde una óptica marxista para mostrar la lucha de clases como un camino justo de emancipación. El objetivo del director es justificar la revolución como una consecuencia inevitable de la explotación laboral. Estamos dentro de la primera etapa del cine propagandístico de la Unión Soviética, el más crudo y cercano a sus valores fundamentales. El trabajador se muestra como un colectivo, no como un individuo, lo cual me parece muy contradictorio desde mi lógica, si bien la explotación laboral deshumaniza a la persona, despojarla de su individualidad también.
El tema central del argumento es el desarrollo de un movimiento huelguístico y la violencia que lo envuelve, pero mostrado desde una óptica totalmente parcializada. Con tantos problemas que vive el mundo hoy, hablar de huelgas podría ser inapropiado e históricamente anacrónico, principalmente en Costa Rica donde las huelgas son materialmente imposibles de formalizarse. Curiosamente, todos los beneficios que los trabajadores disfrutan en la actualidad provienen de luchas colectivas de los trabajadores, pero eso casi nadie lo quiere recordar.
En la actualidad el tema de la lucha de clases podría resultar cansado, pero a principios del siglo XX produjo importantes cambios históricos. Precisamente en esta cinta el villano es el capitalismo y el director recurre a todo tipo de estereotipos para personificarlo. El dueño de la fábrica es un hombre obeso, vestido de traje entero que vive en una lujosa mansión con todo tipo de lujos, pero su principal característica es la falta de sensibilidad ante el dolor humano. Se representa como un ser totalmente despiadado sin ningún tipo de escrúpulos ni contradicción moral.
Lo que me gusta de este tipo de películas es que se vuelven en contra de quien las produjo. Esta cinta fue prohibida en muchos países, incluso en la Unión Soviética, precisamente por considerarla extremadamente subversiva. El cine es censurado cuando cuenta una versión que no calza con el discurso de las esferas del poder. De la misma forma la información que trasmiten los medios occidentales de la invasión rusa contra Ucrania está distorsionada para ser congruente con el discurso de la OTAN. Ya hemos visto ejemplos de censura: el canal RT en español fue bloqueado de YouTube por dar una mirada distinta de los hechos. Los historiadores de hoy debemos estar atentos a la censura, no podemos conformarnos con la información oficial para documentar los hechos pretéritos.
Desde el punto de vista técnico la película está adelantada a su época, el director fue un pionero artístico y estético del cine. Los cortes son innovadores y sus recursos de montaje siguen siendo imitados hoy. Como todas sus películas, esta es muy emotiva, busca generar en el espectador el sentimiento de inquietud. Su objetivo es generar empatía ante una causa: La Revolución Rusa. Para esto utiliza el recurso de mostrar el sufrimiento humano a flor de piel, recurso que va a utilizar durante el resto de su carrera. Un ejemplo es la muerte de un niño durante la represión policial contra los huelguistas.
Esta película nos permite acercarnos y entender la naturaleza filosófica, económica y social que impulsó el surgimiento del comunismo a inicios del siglo XX. El caldo de cultivo de la Unión Soviética fue la falta de oportunidad, la explotación laboral, la pobreza y la respuesta violenta de las clases trabajadoras ante la opresión. Sin embargo, este pueblo subversivo se convirtió en un problema dentro de la propia Unión Soviética. Para mantenerse en el poder, los que predicaron el comunismo cayeron en las mismas prácticas represivas de la época zarista. Stalin cometió atrocidades, masacres y violaciones a todos los derechos fundamentales para garantizar la supervivencia de su régimen.
La subversión contra el poder es un instrumento usual que utilizan los grupos emergentes, pero una vez que llegan al poder, se ven obligados a reprimir con violencia cualquier amago de disidencia. Hay muchos ejemplos en la Historia, como el caso cubano, donde Fidel Castro era un líder opositor que marchaba en las calles protestando contra las injusticias y que luego lo vimos reprimiendo cualquier expresión de incomodidad. En Costa Rica también hay ejemplos de líderes que predicaron la protesta y luego la reprimieron. En la web circula una fotografía de un Carlos Alvarado joven participando en un bloqueo durante una protesta contra el “combo del ICE”. Un par de décadas después le correspondió romper bloqueos y protestas contra el plan fiscal que impulsaba su gobierno.
A mediados del siglo XX, en el contexto de la Guerra Fría, los Estados capitalistas se vieron obligados a mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, precisamente para evitar el surgimiento de revoluciones de corte comunista. Costa Rica es un vivo ejemplo de ese fenómeno, donde los derechos laborales que están escritos en las leyes son ejemplares. Desgraciadamente, en el país hay sectores que no tienen acceso a todos esos derechos. Los trabajadores agrícolas, por ejemplo, en su mayoría no tienen acceso a seguro social. Por otro lado, muchos de los trabajadores urbanos de fábricas y comercios lidian con el incumplimiento de pagos de horas extra y jornadas laborales abusivas. Incluso, en la UNED, hay dos categorías de trabajadores: unos que tienen el disfrute pleno de sus derechos laborales, y otros de segunda categoría que no gozan todo el año de un salario pronto y cumplido.
*Mag. Wagner profesor de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico:
