¡Vaya forma de empezar el 2022!
En los años la situación económica de Costa Rica ha sido muy compleja, caracterizado por desempleo, altas tasas de endeudamiento y aumento del costo de los alimentos y servicios. Este contexto se incrementó con el COVID-19, ya que las restricciones y problemas en las cadenas de suministro, fueron las justificaciones para el incremento de precios materias primas, insumos productivos, materiales de construcción, vestido, transporte y servicios públicos tales como electricidad y cable. Un ejemplo muy cotidiano es el caso de los medicamentos y productos vinculados con la salud.
En los meses de enero, febrero y ahora en parte de marzo del 2022, la coyuntura internacional derivado del conflicto en Ucrania, ha ocasionado consecuencias espantosas que ha tocado directamente el costo de la canasta básica. Y en los últimos días el aumento del precio de la gasolina asusta a muchas personas, pues se vislumbra que el tipo de cambio, las tasas de interés y el resto de productos también continué esta tendencia.
La crisis en Ucrania es producto de la rapiña de las potencias económicas y de sus socios, entre los que tienen mucha culpa Estados Unidos, La Unión Europea y Rusia, pero sobre todo todas las empresas e inversionistas que están detrás. Y como siempre los grandes perdedores han sido el pueblo de Ucrania y de forma indirecta el resto del planeta ante la inflación que se está generando en un corto plazo.
Lo más preocupante a nivel nacional, es que las autoridades y grupos políticos han visto la solución en bajar el presupuesto y “recortes” al gasto cuyo efecto puede ser peor que la enfermedad que desean atacar. Pues esto afectará en la calidad de los servicios públicos y en especial en el campo educativo y salud.
Es imperante mejorar la recaudación de impuesto, mejorar la gestión pública y combatir la corrupción, tanto pùblica como privada, pero parece que pare estos temas no hay la misma voluntad que en el caso de la Ley de Empleo Público.
En lo cotidiano se observa la naturalización de una lógica muy peligrosa: ¡sálvese quien pueda! Esta lo viven día a día las familias quienes están siendo afectas por esta situación. El asunto es que este proceso de afectación es paulatino y por capas sociales. Esto viene a dividir la ya de por sí muy fragmentada sociedad costarricense.
Y para complicar el panorama, los resientes procesos electorales y en la seguda ronda que viene, evidencian que la situación y las políticas neoliberales continuarán. Como siempre surge la pregunta, ¿Cuál es nuestro papel en este proceso? Para responder a esta interrogante hace falta generar el diálogo y debate nacional, el cual ha faltado en los últimos años, en especial en los últimos cuatro.
Cátedra de Historia de la UNED
