“La muerte es también un acto de vida” (Bombal, 1996, p.7)
Por Licda. Guadalupe Méndez Ardón*
La Amortajada de María Luisa Bombal es una obra llena de símbolos y de imágenes poéticas. También se puede decir que es una especie de literatura intimista. Este tono confesional, por ejemplo, se puede percibir a partir de la multiplicidad de voces narrativas; primero se presenta un narrador omnisciente que nos describe tanto los acontecimientos de las honras fúnebres como los pensamientos de Ana María, la amortajada. Otros narradores, también le confiesan su dolor, admiración, odio, amor…y es que la muerte brida ineludiblemente esa libertad al ser humano.
Dentro de los muchos símbolos que presenta la obra, uno bastante interesante es la muerte. Esta novela desde su título nos platea el tema, y las circunstancias que rodearán al personaje central (dicho sea de paso este es un cadáver listo para ser enterrado). Habla sobre la correspondencia de la vida y la muerte, para tener una es indispensable la otra. Existir implica morir.
La mayor parte de las connotaciones simbólicas de la muerte se sugieren o quedan explícitas en la novela. En primera instancia, es un hecho de que la muerte es un aspecto que implica la destrucción de la existencia, y Ana María, está completamente consciente de ello, lo mismo las personas que la rodean “Ahora la saben muerta, allí están rodéenla todos” (p. 6).
En segundo lugar, por ejemplo, la muerte nos introduce a mundos desconocidos ya sea el del infierno o del paraíso. El cadáver, observando a quienes la visitan hace un recuento de lo que estas personas significaron en su vida, algunos recuerdos son hermosos pero al mismo tiempo en ocasiones la hundieron en el dolor. En “vida” (la cual no la satisfacía mucho) vivió su propio infierno y su propio paraíso. En el recuerdo del cura nos damos cuenta de que para ella su cielo – infierno eran terrenales, y no es sino a través de su muerte que los conocemos “¡El Paraíso Terrenal, Ana María! Tú vida entera no fue sino la búsqueda ansiosa de ese jardín ya irremisiblemente vedado al hombre por tu querubín de espada de fuego” (pág. 97)
La muerte implica también para Ana María pasar a otro estado. Según Chevalier, todas las iniciaciones atraviesan la fase de la muerte antes de abrir el acceso a una vida nueva, solo de esta manera la muerte nos libra de las fuerzas negativas. Y eso es su muerte, el para el cadáver, es un paso a otro mundo en el cual va a descansar y a librarse de l todos los pesares del mundo.
Por último, la muerte es regenerativa; el volver a la tierra, a la raíces, a lo primigenio, revitaliza a Ana María, “Pero, nacidas de su cuerpo, sentía una infinidad de raíces hundirse y esparcirse en la tierra como una pujante telaraña por la que subía temblando hasta ella, la constante palpitación del universo.” (p. 105). Este simbolismo se complementa con el simbolismo de la lluvia el cual es agente fecundador del suelo, y de este se obtiene fertilidad, “¡Ah, si los hombres supieran lo que se encuentra bajo ellos, no hallarían tan simple beber el agua de las fuentes! Porque todo duerme en la tierra y todo despierta de la tierra” (105). Finalmente, esta regeneración se lleva a cabo para enfrentar a la muerte verdadera, la segunda muerte “Había sufrido la muerte de los vivos. Ahora anhelaba la inmersión total, la segunda muerte: la muerte de los muertos.” (p.106)
*Licda. Guadalupe Méndez Ardón. Profesora de la Cátedra de Lengua y Literatura de la UNED y docente de Español. Correo eléctronico:
Bibliografía
Bombal, María Luisa. La amortajada. Editorial Andres Bello: Chile. (1996)
Chevalier, Jean. Muerte, Lluvia. Diccionario de los símbolos. Herder: Barcelona. (2003)
