Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Ficha Técnica

Dirección: Edward Ludwig.

Guion: Edward Ludwig.

Duración: 58 minutos.

Año: 1921.

Realizado por Mag. Warner Ramírez Arroyo*

     En 1819, el escritor neoyorquino Whasington Irving publicó un cuento titulado Rip Van Winlkle, una interesante sátira a la sociedad de su época. Estados Unidos recién había ganado la independencia y las “hostilidades” entre realistas e independentistas aún se mantenían vigentes. Todavía había algunos personeros influyentes que no se sentían a gusto con el vaivén de la joven democracia y recordaban con nostalgia los tiempos pretéritos. Esto no es para asombrarse, la unidad nacional y federal que hoy gozan los Estados Unidos aún no se habían terminado de fraguar. El eterno conflicto entre conservadores, que añoraban el pasado y los liberales que gozaban los cambios recientes, se mantenían a flor de piel. Rip Van Winkle, durmió 20 años y al despertar, no logró encajar en la nueva sociedad. Esta alegoría fantasiosa compara a los conservadores que se oponen al cambio con un hombre que ha dormido 20 años. Estamos ante una parodia muy interesante y solapada contra aquellos que temen a la modernidad.

     El cuento fue un éxito y se convirtió en parte del acervo literario estadounidense, hasta el punto de considerarse una leyenda en el imaginario colectivo. Ha sido adaptado al teatro, al cine y a la televisión, además de haber sido referenciado en el arte plástico, la animación y la música. No cabe duda de que la fantasía, al igual que la historia y el cine, es una forma de explicar el mundo. Su adopción cinematográfica se estrenó en 1921, casualmente en una época donde el conflicto entre conservadores y liberales estaba a flor de piel.

     En 1919 había finalizado la Gran Guerra, un conflicto que a largo plazo trajo muchas ventajas geopolíticas a los Estados Unidos, pero que dejó un gran número de veteranos de guerra empobrecidos, de lo cual poco se habla. Podríamos decir que con la Guerra terminó el siglo XIX, su romanticismo y su conservadurismo. La guerra fue una bofetada para la humanidad, la hizo despertar y alejarse de las imposiciones moralistas y religiosas. No podemos olvidar los disturbios raciales en Chicago durante 1919, donde se dieron crímenes de lesa humanidad por cuestiones de piel. Las fricciones sociales que se arrastraban desde la Guerra de Sucesión estaban vivas. El conflicto estalló cuando los veteranos de guerra afrodescendientes intentaron reincorporarse al mundo como ciudadanos estadounidenses. No podemos juzgarlos, la nación los había llamado a la guerra precisamente como ciudadanos, con discursos muy nacionalistas.

     No todo fue un revés para los grupos conservadores, en 1920 lograron la promulgación de la Ley Seca. De nuevo los dogmas religiosos y la moral cristiana recuperaron incidencia en la conciencia de las personas. Pero la llegada de la modernidad fue implacable, la ley seca cayó por su propio pesos y trajo más conflictos sociales que los que eliminó. El crimen organizado se recrudeció a niveles nunca vistos, llegó la época de los gánster y su intromisión en las más altas esferas políticas. El cambio más significativo lo vivieron las mujeres. En 1920 se aprobó el voto femenino, un duro golpe a los valores patriarcales religiosos. En la década de los 20 las mujeres se empoderaron laboralmente, también gracias a la Gran Guerra. Los aires de libertad les permitieron llegar al cine y a la radio, convirtiéndose así en divas e ídolos sexuales del consumo de masas. Entonces, las cadenas impuestas por la moral tradicional judeocristiana iniciaron a caer.

     Así iniciaron los locos años 20, la sociedad occidental tuvo una efervescencia cultural: Llegó el art deco, el provocativo charlestón, el jazz, la proliferación de los automóviles, la masificación de los teléfonos, la aviación civil, los perfumes industriales, la ropa de diseñador y los dibujos animados. Todas estas expresiones evidenciaron el fin de una sociedad moralista y religiosa que dio paso a una sociedad liberal. Esta es la temática central del cuento Rip Van Winkle, duerme el conservadurismo y despierta la libertad.

     Volviendo a la película de 1921, el argumento relata la historia de Rip Van Winkle, un emigrante holandés que vive en un pueblo neoyorkino a finales de la dominación británica. Huyendo de los fastidios de su esposa, Rip huye a las montañas donde se une a la jerga y la borrachera de unos extraños seres hasta quedarse dormido. Después de 20 años, Rip despierta en medio del campo, avejentado y sólo. Cuando llega a su pueblo se da cuenta que su esposa y sus amigos ya no están. La monarquía inglesa ha sido sustituida por la democracia estadounidense. Rip es tomado por loco por sus lugareños, hasta que un viejo hombre lo reconoce. Lo curiosa de esta historia es que aplica para ser contada a inicios del siglo XIX, cuando Estados Unidos recién se había independizado; a finales del siglo XIX, cuando muchos no toleraban la abolición de la esclavitud; en 1920, cuando inició la liberación femenina o a inicios del siglo XXI, cuando se da un repunte sobre la tolerancia de la diversidad sexual.

     El valor de esta película no radica en aspectos los técnicos propios del arte cinematográficos, dadas las limitaciones de la época, pero nos recuerda el valor del cine como documento histórico. Más que contar historias reales, el cine nos muestra el conglomerado de valores que regían la sociedad que lo produce. Este tipo de películas son una ventana al pasado, nos muestra las inquietudes de aquellos que la crearon, más allá de la fantasía, el cine es un reflejo de la sociedad. Y es más sorprendente cuando notamos que nuestros conflictos poco han cambiado en 200 años.  

*Mag. Warner Ramírez Arroyo. Profesor de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.