Lic. Manuel Vargas Chinchilla*
Hacer el esfuerzo de imaginar o recrear la vida cotidiana de una familia campesina promedio de principios a mediados del siglo XX, no es tarea sencilla, pues aún cuando crecimos en hogares pobres, esa pobreza no se acerca a la experimentada por nuestros padres y abuelos.
Leer Recuerdos en mi soledad, novela de Guillermo Benavidez Rubí, permite ir delimitando el contexto histórico del conjunto del relato, ese que se enmarca en la dinámica del Estado Liberal en agotamiento, con la aparición de los elementos reformistas, comunistas y socialdemócratas que evidencian su agotamiento.
Quizá el elemento dominante en el conjunto de la novela se plasma en el hecho de que, a los personajes pobres de la misma, las cosas no les sucedieron según sus sueños y ese círculo de pobreza se sigue reproduciendo. La vida efectivamente para ellos siempre les jala hacia abajo.
En ese sentido a lo largo del relato y de los diálogos entre los personajes se logra encontrar una serie de elementos reveladores alrededor de visiones de mundo contrapuestas, pero que guían la cotidianeidad de cada uno de esos individuos y que en diversas situaciones se ven confrontados; confrontaciones que se dan no solo entre ricos y pobres, sino dentro de los mismos pobres.
Contradicción capital – trabajo
Este elemento es bastante significativo, pues se puede ver el derrotero que siguen las relaciones laborales en los cafetales y en donde las demandas de los trabajadores simplemente no son de la urgencia del patrón, sin embargo, la conflictividad no es ajena a este conjunto de relaciones sociales.
“Caminaron hasta Heredia a la casa de don Esteban, pero el no quiso atenderlos, situación que les provocó mayor descontento. Tomaron la decisión de ir al cafetal a hacer acto de presencia, pero no realizarían ninguna labor hasta que sus peticiones a favor de Andrés fueran escuchadas. Don Esteban llegó dos días después al cafetal alrededor de las nueve de la mañana y se encontró a sus peones sentados en medio del callejón conversando amenamente.
- ¡Haciendo tertulia y no me invitaron!” (Benavides, 2021, pág. 55)
La reacción del patrón no se hace esperar cuando la dinámica del trabajo se ha detenido, ello golpea directamente sus intereses, en la lógica del capital el trabajo no debe detenerse. Eso queda explícito en el siguiente diálogo entre don Esteban y sus peones:
- “¿Qué es lo que pasa muchachos? El monte está tan alto que ya casi sale el jaguar y ustedes sentados como si no tuvieran que hacer.
- Pues si, supongo que viene a hablar con nosotros de don Andrés ya que antier no nos quiso atender.
- ¿Cómo, que era para eso? No fue que no los quise atender, estaba reunido con el padre Castrillo. Como ustedes saben, es nuestro deber aportar algo para la Iglesia, cuando el padre pide ayuda económica debemos hacerlo, no podemos olvidarnos de Dios, es necesario estar en paz con él. Pero muchacho Jorge, lo que le pasó a don Andrés no es culpa mía, eso es culpa de Javier. Yo no tengo vela en ese entierro.
- Si, efectivamente fue Javier quien dio la orden, pero es usted quien despidió a don Andrés.
- La verdad le hice un favor, ya Andrés está muy viejo, llegó la hora de su retiro.” (Benavides, 2021, pág. 56)
En esa misma ruta de pensamiento, a los ojos del patrón la posibilidad de dar apoyo a un trabajador accidentado, en este caso Andrés, no es viable, la reacción del patrón no se hace esperar:
- “¿Cómo pretende usted eso? La situación económica está muy difícil, ya no alcanza la plata para nada. Jamás, escúcheme bien, jamás haría eso. Además, ya lo despedí, Andrés no trabaja para mí.” (Benavides, 2021, pág. 58)
Por otra parte, dentro de las experiencias de Jorge en las bananeras, también es posible rastrear las contradicciones patrono – trabajador, incluso las puede diferenciar de las vividas en los cafetales:
“– Por allá el trabajo en los cafetales es duro, pero acá, por acá no hay descanso. ¿ustedes no se sienten agotados? ¡Dichosamente decidimos tomarnos el día libre! Aquí las jornadas de trabajo son muy extensas, y muchas veces tenemos que trabajar hasta la noche. Aquí no importa si llueve o hace sol, no importa si es temporal o no, no importa si uno está enfermo, aquí es trabajar como sea.” (Benavides, 2021, págs. 73-74)
Es en esos espacios de reflexión frente a las condiciones materiales de trabajo, que surge la necesidad de organizarse para enfrentar a la bananera:
“– Precisamente a eso me refiero, por eso mi insistencia, debemos estar organizados para dar la lucha” (Benavides, 2021, pág. 74)
Condiciones de vida en fincas cafetaleras
En las fincas cafetaleras los peones deben seguir las órdenes dadas por el capataz, y por costumbre al capataz no se le contradice y es precisamente en ese marco que ocurre el accidente de Andrés y el conjunto de eventos que desencadena. Javier ordena:
- “A desramar güevones.
- ¿Cómo dice usted Javier? Creo que podríamos hacer otra tarea, en estas condiciones mejor no arriesgar.
- A mi ningún mocoso me va a decir lo que debemos hacer. Como siempre, Jorge criticando y retando. A trabajar o se atienen a las consecuencias.”(Benavides, 2021, pág. 48)
En ese momento es que Andrés sufre una caída al desramar un árbol y la reacción del patrón es de enojo y se decide el despido del trabajador. “Para Andrés este fue su último día de trabajo en el cafetal de don Esteban, quien molesto por la noticia manifestó: eso se saca uno por andar contratando viejos inútiles” (Benavides, 2021, pág. 49)
Otro elemento ilustrativo de las condiciones de vida en las fincas cafetaleras es que los hijos de los pobres no estudian (el caso de Jorge es una excepción). “Pocos comprendían el valor de la educación, creían que eso era para los hijos de los finqueros y ellos solo debían saber cómo trabajar el café, y para eso no necesitaban aprender a leer.” (Benavides, 2021, pág. 50)
Asumir un papel de líder y dirigente (esto producto de el enriquecimiento de la visión de mundo de Jorge), en su enfrentamiento con don Esteban, recibe el peso de quien se enfrenta solo ante el patrón:
“Después de la discusión con don Esteban, la situación para Jorge se tornó difícil, porque además de su despido, don Esteban habló con los dueños de los cafetales vecinos para que no lo contrataran más por revoltoso, según decía él. Esta situación lo impulsó a buscar nuevos horizontes y a emprender su viaje al Caribe.” (Benavides, 2021, pág. 61)
Condiciones de vida en las fincas bananeras
El relato suma además una imagen clara del paisaje con el que Jorge se encuentra, un paisaje repetitivo, monótono, en el que dominan la llanura, el banano y la vía férrea. Ello le obliga a fijar su recuerdo de Rita. Sin embargo, fue suficiente un día de labor para sentir el peso del trabajo alrededor del banano. “Así pasaron los meses como peón de la bananera, mas tan solo fue necesario un día de trabajo en las plantaciones para conocer su realidad y la de los peones bananeros. Sentía en su piel un verde color banano, en su sangre un negro color mancha y en su boca el sabor amargo del bananal.” (Benavides, 2021, pág. 64)
De los diálogos entre Jorge, Williams y Rubén se puede apreciar que, frente a las condiciones de trabajo, difíciles, se suma la discriminación por el origen étnico. Negros e indígenas sufren el racismo. Acuerpando las afirmaciones de Williams, Rubén señala que la suerte de los indígenas no fue muy distinta de la de los negros: “-Los bribris. Nosotros, al igual que sus antepasados, fuimos masacrados y humillados. Al igual que a ustedes, nos hicieron sus esclavos, aquí en nuestra propia tierra. Pero a pesar de eso, hemos logrado sobrevivir todos estos siglos.
-Por ese mismo sitio vinieron – Dijo Rubén, señalando al mar.” (Benavides, 2021, pág. 71)
Ese conjunto de reflexiones alrededor del mundo laboral, las jornadas, la discriminación, las carencias sufridas, nutren el discurso para proponer un movimiento por parte de los trabajadores:
“Todos ustedes al igual que yo, hemos sufrido día tras día los maltratos, los atropellos, las injusticias, las condiciones insalubres en las que trabajamos, así como las largas jornadas laboradas para esta compañía. Lo hemos invitado esta noche con un objetivo, queremos que se nos unan, queremos iniciar una huelga y necesitamos su apoyo.” (Benavides, 2021, pág. 76)
Los impactos de las condiciones de vida en la esfera afectiva
Hay una serie de aspectos en la novela que de alguna forma permiten reflexionar sobre las cosas o eventos que golpean la afectividad de los personajes.
Aún cuando Juan no superó su pobreza material, evidencia la soledad de un viejo peón de finca que al atardecer de su vida se queda solo, solo, pero agradecido con la vida. “Ninguno de sus hijos le había brindado asilo, pero Juan no esperaba mucho de la vida, por el contrario, se sentía agradecido con ella, la vida le había dado trabajo, una mujer e hijos con los que vivió sus mejores momentos del pasado.” (Benavides, 2021, pág. 11)
El mismo Juan que, cuando joven, tiene que abandonar el hogar paterno, por la situación que sufrió su hermana y que de alguna forma en la sociedad de la época era tolerable. “Al ver la pasividad de su madre, Juan tomó la decisión más impulsiva de su vida, no sin antes hablar con María y hacerle la propuesta, ofrecimiento que ella acogió sin ningún miramiento.
-Me voy para Heredia con mi hermana.” (Benavides, 2021, pág. 16)
Junto a este elemento se entretejen otros que tiene que ver con una sociedad dada a los prejuicios, venir de un hogar pobre, y además convivir con el que dirán de tener a su padre preso y ser de la comidilla pública.
Se visualizan experiencias en donde se deben tolerar los abusos de un esposo ebrio y los del patrón oportunista, producto de las condiciones de pobreza y la necesidad de trabajo para medio salir adelante. “Don Esteban, dueño de muchos cafetales del pueblo y de la mejor finca, la Finca Grande, era sumamente bondadoso con Javier y en especial con su mujer. Él decía públicamente que le encantaban sus tortillas y el café chorreado, por tal razón iba a saludarla muy frecuentemente, aún en ausencia de Javier, quien en sus momentos de visita estaba dirigiendo a sus peones.” (Benavides, 2021, págs. 43-44)
Hay un elemento afectivo de primer orden presente en el relato, el sueño permanente por salir de pobres. Esa construcción mental que se hacen las personas, siempre pensando en un mundo mejor al que se tiene. Ese es el caso de Jorge, “soñaba con un cerco para su madre, donde su padre sembrara su propia milpa y tuviese su propio cafetal.” (Benavides, 2021, pág. 38) Intentar materializar ese sueño está detrás de la idea de viajar al Caribe, ya algunos como Mario Gómez decían que “trabajar en la zona bananera era sinónimo de salir de la pobreza. (Benavides, 2021, pág. 39)
La resistencia ante las ideas de cambio social
Las reacciones frente a las ideas de cambio social son diversas y se dan de acuerdo a la visión de mundo que poco a poco se van construyendo, algunas alimentadas por la información que se recoge de los textos escritos y a ella se suman las condiciones de vida en las que se forma el individuo.
En el caso de Jorge hay una carga importante de enojo e impotencia primero ante la actitud de don Esteban, pero sobre todo ante el silencio de sus compañeros.
Don Esteban patrón y dueño de finca no oculta sus intenciones, no está dispuesto a tolerar la afrenta que le hacen los peones:
“Ya basta de tanto reclamo. – Dijo don Esteban con voz firme, y conforme iba hablando alzaba su tono de voz – No se metan en la vida de los demás, preocúpense por la suya propia, y les digo esto porque si no se ponen a trabajar ahora mismo los despido a todos, y vean a ver de dónde cogen plata para darles de comer a sus familias; y además, si no empiezan ahora mismito, vayan buscando casa para vivir” (Benavides, 2021, pág. 57)
Por su parte la reacción de los peones aún cuando se aprecia sumisa, de momento no están por llevar más allá sus actuaciones. “Ramiro fue el primero, juntó sus herramientas, levantó la pala y la dejó caer sobre su hombro y se perdió entre las matas de café para retomar sus labores” (Benavides, 2021, pág. 57) Y la reacción de Gonzalo al enterarse de que su hermano fue despedido, es muy enérgica: “- ¡Usted y sus libros! Por eso tiene la cabeza llena de tantas ideas raras, por eso yo me quedo como estoy” (Benavides, 2021, pág. 59)
El conjunto de apreciaciones refleja que, al campesino, aún le queda mucho camino por andar en la construcción de mecanismos y condiciones que le permitan enfrentar al patrón.
Seguir buscando a Jorge
Un detalle interesante en el conjunto del relato, tiene que ver con la figura de Jorge, personaje al que unos buscan y todos esperan, del que no se quiere hablar en las conversaciones de adultos y niños.
Jorge es quien cristaliza la excelencia del trabajo del campesino, labor bien aprendida, pero también es el apasionado lector. “De su padre Juan Ruiz, Jorge heredó los conocimientos y las destrezas que lo llevaron a ser un excelente peón de cafetal. De doña Ana heredó la pasión por la lectura, esta le permitió contar con una visión de mundo más amplia y más justa.” (Benavides, 2021, pág. 53)
En alguna medida Jorge encarna a un ser incomprendido, por la magnitud de las ideas de las que se ha ido apropiando y que no calzan con las que tienen sus contemporáneos. Se reafirma cuando dice:
“Además, si usted aprendiera a leer me comprendería más. Uno con la lectura conoce gente con los que nunca podrá estar, conoce sus pensamientos, conoce su vida. Con la lectura uno puede conocer lugares que ni se imagina que existen. Y sucede que no puedo quedarme callado, ante una injusticia nadie debería callar. (Benavides, 2021, pág. 60)
¿Por qué seguir buscando a Jorge?
La búsqueda de Jorge es lo que mueve a Gilberto para emprender su viaje. “Para Gilberto, era su primer viaje lejos de su familia, era su primer viaje en tren y su primer viaje al Caribe. Su estadía en la estación le generaba mucha ansiedad. (Benavides, 2021, pág. 2) Probablemente la misma ansiedad que pudo vivir Jorge en su primer viaje. Pero además para Gilberto significa tener la posibilidad de terminar de descubrir a ese personaje que le llamó tanto la atención desde niño.
En mucho seguir buscando a Jorge es apelar a la esperanza, la esperanza que abrigó la familia que lo espera, la misma que abrigan quienes piensan que otro mundo y otra sociedad pueden ser posibles. Sobre todo, en momentos en los que desde el poder se lanzan justificaciones para golpear las organizaciones y personas que defienden hoy la simple sobrevivencia de los que menos tienen, los pobres.
Fuente citada
Benavides, Guillermo (2021) Recuerdos en mi soledad. San José, Costa Rica: Editorial Grafika.
*Mag. Manuel Vargas. Es docente jubilado de Estudios Sociales y extutor de la Cátedra de Historia.
