
En este mes la noticia de la eliminación de las Pruebas FARO implicó una noticia que tuvo un gran impacto en la comunidad docente, por supuesto a los estudiantes y sus familias; puesto que por meses se había estado trabajando en rumbo a la preparación de estas pruebas y los retos que implicaba en un contexto tan complejo como el actual.
Ante esta decisión es necesario reflexionar cual es el rumbo de nuestra educación, la cual parece ser dictada completamente por los grupos políticos de turno que un proyecto educativo y de formación de mediano o largo plazo.
Cambios como estos y otros que seguramente se van a implementar en estos próximos años, implican grandes inversiones, tiempo y esfuerzos que corren el riesgo de desperdiciarse o de ser abandonados.
Tanto la implementación como la abrupta eliminación de las pruebas FARO, son evidencia de la necesidad de contar con una hoja de ruta de largo plazo, cuyo fin sea realmente el mejoramiento de la calidad de educación y de la formación que reciben la niñez y juventud de Costa Rica.
Lo preocupante es caer en el engaño que la solución es la privatización de la educación o bien la aplicación de medidas neoliberales basadas en recortes y en crear una educación cuyo único fin sea satisfacer las necesidades del mercado laboral, pero sacrificando en el proceso el componente humanista y relegando formación cultural.
En definitiva, el tema de la educación es una prioridad debe ser motivo de reflexión nacional y de consenso, mediante la consulta a los verdaderos actores que forman parte de ella, la comunidad docente, de los cientos de especialistas de nivel mundial que tenemos en el país, pero sin olvidar los pilares y fundamentos de la sociedad costarricense, en lugar de modas pasajeras o ocurrencias producto de la improvisación, el populismo y la experimentación.
Cátedra de Historia de la UNED
