Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

El arte es ya de por sí un medio para llevarnos a una reflexión, y así se evidencia en los poesía de Heberto Padilla, Juan Gelman, Alejandra Pizarnick, Jose Emilio Pacheco, Oscar Hahh, Roque Dalton y Ana María Rodas. Es una poesía comprometida con la sociedad contemporánea, pues desenmascara la injusticia, la corrupción, la desigualdad, el sexismo, la religiosidad sin sentido; denuncia desde lo más hondo del espíritu humano toda la podredumbre que corroe nuestro entorno. 

Dos poemas que llaman la atención son “Confianzas” de Juan Gelman y “Miseria de la poesía”, de Jose Emilio Pacheco, en ambos poemas se explicita que el ejercicio de escribir puede conducir a un cambio. La poesía por ser subjetiva tiene esa fuerza que quizás ningún otro género posea, en ambos poemas en lugar de apelar a la racionalidad, se parte a la sensibilidad humana, y desde allí surge la reflexión.

En “Confianzas” el yo lírico escribe mostrando desperanza de que su escritura sirva para algo, hay un pesimismo acerca de que sus palabras sirvan para algo, pero el pesimismo no se desprende de él, sino de lo que dicen de su poesía.  Sin embargo, es precisamente, su negación, que genera los deseos de cambiar. Tal vez la palabra por sí misma, como lo es el ejercicio de escribir por escribir no es nada, pero lo que realmente importa en realidad es como se recibe esa palabra y lo que se hace luego con ella. Lo más importante es accionar, así empieza y termina el poema “se sienta a la mesa y escribe”. Lo que indica que es un ejercicio que no debe de dejarse, debe ser constante, no importa que parezca que no sirva de mucho.  El poeta no dejará de ejercitarse, porque hay una esperanza al cambio. 

Por otra parte, el yo lírico reconoce que ciertamente las condiciones  económicas, políticas, sociales, no mejorarán, pero a través de una reflexión  podemos comenzar a tener una actitud ante  sociedad que realmente haga los cambios necesarios.  La circularidad del poema nos remite a la idea de que no se debe abandonar la esperanza de luchar por una sociedad distinta. Y los cambios inician cuando empezamos a pensar distinto, cuando nos hemos sensibilizado.

¿Por qué este poema nos puede mover a este estado? Porque el yo lírico se está confesando con nosotros, nos está exponiendo su alma, somos sus confidentes, que depositamos la confianza en nosotros y ante esa posición que nos asigna debemos hacer algo.

En “Miseria de la poesía” al yo lírico también lo parece dominar una desesperanza, y ese es el motivo que lo impulsa a escribir, no sabe “qué hacer” con el tú lírico, lo único que se le ocurre es escribir y tener ‘la esperanza’ de que sus palabras conduzcan a la criticidad. La peor que podría pasar es que nadie las conozca, esa es la mayor miseria de la poesía, que quede en el anonimato absoluto.   

 En unos cuantos versos hace un breve recuento de algunas problemáticas que aquejan a nuestras sociedades latinoamericanas: destrozo de la naturaleza, del patrimonio histórico, la suplantación de la identidad…y aunque se está consciente de esto, no se hace nada. No es mirar con nostalgia lo que se ha perdido, es pensar y accionar.  Si el tú lírico puede apropiarse de estos versos, entonces hay posibilidad de cambio. Después de todo, la esperanza es lo último que se pierde.

La poesía, en estos dos poemas, tiene la función de evidenciar que el ser humano debe ser un sujeto activo, y no un objeto el cual se pueda manipular.  Pero este mensaje no llegaría sino es a través de una escritura, como se ha indicado, que esté comprometida con la sociedad e invite a pensar críticamente.   

*Licda. Guadalupe Méndez Ardón. Profesora de la Cátedra de Lengua y Literatura de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.