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 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Por MSc. Ronald Eduardo Díaz Bolaños*

“Los protagonistas de Nuestra Señora del Mar son los pescadores, las mujeres trabajadoras, las comunidades porteñas”.

Dionisio Cabal (Muñoz, 2003).

     Con esas palabras, el cantautor y folclorista costarricense Dionisio Cabal Antillón (1954-2021), mencionaba parte de los principales actores que protagonizaban la celebración de las tradicionales fiestas de la Virgen del Mar que tienen lugar anualmente en el mes de julio en la ciudad de Puntarenas. Cabal compuso una cantata, titulada Nuestra Señora del Mar, fruto de una investigación relacionada con esta devoción, la presentó en la Casa de la Cultura de esta ciudad de la costa del Pacífico, los días 16 y 17 de julio de 2003 (Muñoz, 2003).

       Esta cantata incluía una serie de “canciones retahílas y versos narrativos. Leyenda, historia, tradición reflexión y alegría se dan la mano con la música y la poesía” (Muñoz, 2003), fue presentada por el grupo Cantares, al que pertenecía Cabal (cuyo repertorio se orienta hacia la música popular costarricense), un año después en la Catedral de Puntarenas y por iniciativa del Pbro. Emilio Montes de Oca Cordero (1963-2021). Además del cantautor participaron Aurelia Trejos y Juan Carlos Mena, con el apoyo del percusionista Juan Alberto Solera y del guitarrista Mario Solera, del conjunto JKM, quienes interpretaron una obra que recrea la vida de varios grupos sociales pertenecientes a las comunidades puntarenenses que participan en las celebraciones de esta devoción mariana (Historia de agua salada, 2004).   

     Precisamente, una de las principales muestras de la religiosidad popular de los habitantes de la ciudad de Puntarenas es la fiesta que se celebra cada año, a mediados de julio, en honor a la patrona de esta población portuaria, la Virgen María venerada bajo el título de Nuestra Señora del Carmen, que la Iglesia Católica Romana considera Patrona de los Marinos y los puntarenenses la llaman cariñosamente “la Virgen del Mar”. A comienzos del siglo XX, la Virgen del Carmen era la patrona de los navegantes en Puntarenas, ciudad que por aquel entonces era el principal puerto de la costa pacífica costarricense y un prominente sitio turístico y comercial (Campos, 1984-1985, p. 89; Valverde, 2008, pp.21-40).

    En Costa Rica, la devoción a la Virgen del Carmen fue introducida por los españoles, su imagen aparece en el inventario de una iglesia fechado en 1692 y se le incluye en una de las procesiones rogativas celebradas en Cartago en 1723, debido a la intensa actividad volcánica del Irazú ocurridas entre febrero y marzo de dicho año. En dicha ciudad surgió una cofradía en su honor, mientras que en San José se construyó un oratorio en honor a esta advocación, situado en la cuadra que por décadas ha ocupado la sede del Banco Popular y se trasladó al emplazamiento del templo parroquial capitalino actual, debido a la donación que hicieron las hermanas Jerónima y María Concepción Quirós Castro para construir un templo dedicado a esta devoción en el siglo XIX (Campos, 1984-1985, pp.29, 31-33 y 88; Zamora, 1988, pp.3-4).

   Los 16 de julio, o en un día cercano a esta fecha en que el calendario católico señala como día de esta advocación mariana, se organiza una peculiar procesión que a diferencia de la mayor parte de las manifestaciones devocionales de este tipo que se celebran en Costa Rica; tiene lugar en las aguas del Golfo de Nicoya donde se ubica la ciudad de Puntarenas: los fieles puntarenenses llevan en una barca la imagen de su patrona, la cual se adentra en el mar en compañía de otras embarcaciones, guiadas por expertos marinos, acompañados de sus familias, amigos, autoridades eclesiásticas y civiles, devotos y turistas. Dicho sea de paso, esta tradición tiene lugar durante la estación lluviosa cuando se debilita el viento y se facilitan las interacciones entre el flujo de agua dulce procedente de los ríos y la onda de la marea que intervienen en los procesos de mezcla en las aguas de uno de los estuarios más importantes de América Central que alberga un significativo desarrollo pesquero y comercial (Cambronero-Solano et alt., 2019). 

   

Fuente: cortesia del autor, Puntarenas, 16 de octubre 2022.

        La tradición oral puntarenense remonta el origen de esta devoción a una “experiencia de fe”, como la llama Manuel Alvarado Murillo (Quesada, 2022), que tuvo lugar en 1913, cuando un grupo de pescadores de perlas que viajaba en la embarcación El Galileo, estuvo a punto de zozobrar por una tempestad a la altura de Punta Guiones (Guanacaste). El propietario de la embarcación pesquera, Hermenegildo Cruz Ayala (¿1863?-1933), empresario chiricano instalado en Puntarenas, conocido como Don Merejo y dedicado a la extracción y comercialización de perlas; atribuyó a las oraciones dirigidas por el personal de su nave hacia la advocación mariana de Nuestra Señora del Carmen, el hecho de salir ilesos del impacto del fenómeno meteorológico. El empresario Cruz, convencido de la sobrenaturalidad del suceso, se reunió con el Pbro. José Daniel Carmona Briceño (1869-1929), párroco de la ciudad de Puntarenas y decidieron organizar una procesión marina que tendría lugar en julio del siguiente año, en coincidencia con la festividad de dicha advocación mariana, como una forma de agradecimiento por haberse evitado el naufragio del que sería el buque insignia de su pequeña flota pesquera (González, 2010; Quesada, 2022).

     Los autores Luz Mary Arias y Oriester Abarca (2015a, pp.11-34), por medio de una investigación documental realizada en la prensa local de la época, pudieron documentar esa primera procesión marina organizada por el Padre Carmona en 1914, pese a que no hallaron información sobre la experiencia vivida por la tripulación de El Galileo ni del papel del empresario chiricano en los comienzos de esta tradición puntarenense. Ambos autores analizan las detalladas relaciones publicadas por los periódicos sobre las primeras cuatro procesiones marinas y las fiestas que se organizaban en Puntarenas con ocasión del día de Nuestra Señora del Carmen que evidencian el nivel de participación de la feligresía puntarenense y además de los actos religiosos, se realizaban regatas en el Estero ubicado al norte de la ciudad y otros eventos de índole social.      

   La historiadora Arabela Valverde (2008, pp.92-94), también señala al Padre Carmona como promotor de esta celebración que fue elogiada por los medios de comunicación de ese entonces, por el fomento que hacía de la religiosidad popular y la atracción que ejercía sobre la afluencia de peregrinos y turistas provenientes del resto del país, con el fin de presenciar los actos religiosos y a la vez, incentivó la actividad comercial local a raíz de la crisis económica y política que abatió al país, consecuencia de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y de la dictadura del Gral. Federico Tinoco (1917-1919). La celebración de 1917, se realizó en un ambiente de algarabía – pese a las dificultades que atravesaba el territorio costarricense - la ceremonia estrictamente religiosa contó con la presencia de Mons. Juan Gaspar Stork (1856-1920), obispo de San José de Costa Rica y la imagen fue llevada en una lancha acompañada por otras embarcaciones, algunas con motivos seculares como la lancha decorada en forma de cisne a cargo del chino José Apuy y Eva, del Cuerpo de Exploradores, que representaba a las naciones aliadas partícipes de la Primera Guerra Mundial.

   En la década de 1920 la celebración se convirtió en una verdadera tradición, pues solamente participaban las lanchas de cabotaje y en años posteriores se amplió a otras embarcaciones, entre ellas La Rosana dedicada al comercio de madera y al transporte de la imagen, labor que sería más tarde asumida por el barco Stella Maris. Los pescadores llevaban en hombros la imagen de la Virgen del Carmen, mientras sus embarcaciones eran adornadas con sencillez, basadas en el papel y  el mecate. La comunidad china local participaba adornando una lancha con motivos de su cultura, una de las más atractivas del desfile: cisnes, peces y dragones (Álvarez, 1998, pp.106-107). Además de esta población asiática, otros grupos extranjeros residentes en Puntarenas como los españoles, italianos y sirios también estuvieron representados en la procesión marina (Arias y Abarca, 2015a, p.39).

    En las décadas siguientes se continuaron las celebraciones en honor a la Virgen del Mar, que además de los actos religiosos propiamente dichos – entre ellos la procesión marina – incluían actividades sociales, musicales, deportivas y lúdicas, a parte del incentivo que generaban en la economía local la afluencia de peregrinos y visitantes procedentes de otras zonas del país (Arias y Abarca, 2015a, pp.34-38). 

La promulgación de la bula pontificia Sacrorum Antistites del Papa Juan Pablo II (1920-2005), erigía la Diócesis de Puntarenas el 17 de abril de 1998 abarcando un territorio de 3 654,04 km2 (comprende los cantones de Puntarenas, Monteverde, Montes de Oro, Esparza, Garabito, Parrita y Quepos) y una población estimada en 423702 habitantes. Su primer obispo fue Mons. Hugo Barrantes Ureña y su ordenación episcopal tuvo lugar el 16 de julio de dicho año, en coincidencia con la fiesta de la Virgen del Carmen (Conferencia Episcopal, 1999, pp.108-109). Al constituirse el templo parroquial de esta ciudad portuaria en catedral, la organización de la festividad tendría un vínculo mayor con las autoridades diocesanas.

   Los festejos de 1998 iniciaron el 10 de julio, se hizo una recepción para el nuevo prelado el día 15 y en la mañana siguiente fue su ordenación episcopal en el Estadio Lito Pérez. El 18 de julio tuvo lugar la procesión de la imagen de la Virgen del Carmen saliendo de la iglesia de Barrio El Carmen, recorrió las calles porteñas hasta la catedral y el día 19 tuvo lugar la tradicional procesión marina; el Cuerpo de Bomberos la trasladó a la Base Naval y de ahí al barco Pikin Star, acompañada por el obispo Barrantes, un grupo de sacerdotes, la banda civil de Puntarenas y personalidades de la ciudad. A su vez se hicieron presentes decenas de embarcaciones, decoradas con banderas, flores y globos; siguieron a la imagen que peregrinó hasta Caldera y luego retornó a la mencionada base; mientras que numerosos visitantes la seguían desde el Paseo de los Turistas y alrededores del Estero. Posteriormente la imagen fue trasladada a la Catedral, hubo carruseles y ventas de comidas, se celebró una misa el 20 de julio en dicho templo y una vez concluida se le trasladó al templo de Barrio El Carmen (Muñoz, 1998, p.14; Ridelman, 1998, p.2).

   En el año 2000, se celebraron los 150 años de la fundación de la Parroquia de Puntarenas, las fiestas se organizaron del 7 al 16 de julio que comprendieron actos religiosos (novena con misas, horas santas y rosarios), la presencia de los carruseles eléctricos de la Ciudad Mágica, mascaradas, concentración de motociclistas, competencia de lanchas, serenata y un concierto de música católica el día 10. La celebración religiosa principal - que precedió a la procesión marina - tuvo lugar el 9 de julio, presidida por el obispo Barrantes, en cuya homilía resaltó los principales problemas que enfrentan los fieles puntarenenses destacando el deterioro de los recursos marítimos y terrestres, debido a los grandes proyectos turísticos, la pesca excesiva, la minería a cielo abierto y la contaminación de las aguas marinas y fluviales (Castro, 2000, 8A; Catedral de Puntarenas, 2000).

   E1 17 de julio de 2005, la imagen mariana fue trasladada por la nave Punta Guiones junto a un centenar de embarcaciones que incluían otros barcos, pangas, lanchas y hasta cayacs, evento que fue dedicado a Walter Navarro, entonces Director de la Fuerza Pública. Un lustro más tarde, el 11 de julio de 2010, la imagen fue transportada por el barco camaronero El Rey, adornado con 250 flores traídas del puerto caribeño de Limón (Rodríguez, 2005; Ávila, 2010).  

   Arias y Abarca (2015a) resumen la procesión marina que tuvo lugar en 2013, año en que de acuerdo con la tradición oral puntarenense se conmemoraría el centenario del fallido naufragio de El Galileo, donde es notoria la participación de autoridades eclesiásticas y civiles, aspecto que ya estuvo presente en los primeros festejos de la Virgen del Mar un siglo atrás:  

   La procesión por vía acuática inició cerca de las 11:30 a.m., luego de que Óscar Fernández, Obispo de Puntarenas, ofició una misa en la Catedral; en la cual estuvieron presentes obispos de todo el país, la entonces presidenta Laura Chinchilla Miranda, acompañada por el señor Carlos Ricardo Benavides, Ministro de la Presidencia en ese momento. La procesión marítima partió de la terminal de ferris, bordeó La Punta y continuó paralela al Paseo de los Turistas hasta el Muelle de acero, donde actualmente atracan los cruceros. Entre las personas que iban en “la Capitana”, el ferry San Lucas II, capitaneado por el señor Miguel Salas, estuvo la señora Chinchilla Miranda. (p.38)

   En 2015, las celebraciones de Nuestra Señora del Carmen contaron con la presencia del presidente Luis Guillermo Solís (2014-2018) y donde se dio a conocer un mensaje del obispo Óscar Fernández relacionado con la situación del sector pesquero puntarenense. De acuerdo con Laura Ávila (2015): 

    Al final de la Santa Misa se realizó la tradicional procesión de barcos por el Golfo de Nicoya, en la que los obispos bendijeron las embarcaciones de los pequeños pescadores y turistas que de diversas formas expresaron su fe y su amor a la Virgen María. (p.8).

    Las medidas de restricción impulsadas por la administración de Carlos Alvarado Quesada (2018-2022) para contener la propagación de la pandemia de COVID-19 impidieron la realización de una procesión multitudinaria, como era lo usual, en el año 2020, aunque en su lugar las familias devotas adornaron modelos armables de pequeñas embarcaciones de madera que fueron enviadas a la catedral como un signo de presencia durante las celebraciones transmitidas por redes sociales (Rodríguez, 2020). Un año más tarde, la procesión marina se restablece cuando la imagen vuelve a ser transportada en un bote junto a varias embarcaciones cuyos tripulantes debieron cumplir los protocolos de prevención del contagio del virus SARS-CoV-2:

     Este año, la procesión dará inicio a las 9:00 a.m. y zarpará desde Chacarita e irá navegando los canales de los manglares que comunican con el estero, visitando los muelles y las embarcaciones de pescadores, y finalmente, hará un recorrido frente al Paseo de los Turistas. (Redacción, 2021)  

    En 2022, con la relajación de las restricciones fue posible una mayor participación de fieles en las celebraciones de la Virgen del Mar en Puntarenas. En esta ocasión, la procesión marina tuvo lugar el sábado 16 de julio, que inició con el recorrido en lancha de una imagen de Nuestra Señora del Carmen por el Estero, procedente de Chacarita, que realizó varias visitas donde se encontraban fieles que habían construido altares adornados con motivos religiosos. Las embarcaciones esperaban en dicho estero el comienzo de la procesión que rodeó la punta hasta llegar al muelle de cruceros. Se aprovechó la transición entre la marea baja y la alta que hacían propicias las condiciones de navegación para el evento que atrajo a fieles y visitantes de distintas partes del país (Instituto Meteorológico Nacional, 2022). Además de las decoraciones de carácter religioso que eran notorias en varios de los barcos, pangas y lanchas, hubo algunas naves adornadas con motivos seculares, que iban desde la bandera del equipo de fútbol local hasta la efigie de alguna figura de la cultura de masas y se observaron motos acuáticas que se unieron al recorrido de este evento.

    En síntesis, durante más de un siglo en los meses de julio tiene lugar una de las devociones marianas que más atrae a peregrinos y turistas fuera de la tradicional romería hacia la ciudad de Cartago algunas semanas más tarde. La procesión marina que caracteriza a las fiestas de la Virgen del Mar, se ha convertido en un importante elemento de identidad para la población puntarenense –un vehículo de memoria como lo puntualizan Arias y Abarca (2015b, pp.1-4) - ya que involucra a diversos sectores sociales que participan en un evento religioso que ha conservado sus características a través del tiempo y cuya organización fue asumida por la Diócesis de Puntarenas a partir de su fundación en 1998.    

 

Agradecimiento

    El autor agradece a Luis Ricardo Romero Valverde, Gabriel Madriz Sojo y Luis Diego Arias Campos por la búsqueda de fuentes para el presente artículo, al personal del Archivo Histórico Arquidiocesano Bernardo Augusto Thiel (AHABAT), por facilitar documentación relacionada con las celebraciones de Nuestra Señora del Carmen y al Programa de Estudios Sociales de la Ciencia, la Técnica y el Medio Ambiente (PESCTMA) del Centro de Investigaciones (CIGEFI) de la Universidad de Costa Rica por el aporte institucional en esta investigación.

*Ronald Eduardo Díaz Bolaños. Profesor de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

Bibliografía

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