Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Ficha técnica

Dirección: Veit Harlan.

Producción: Otto Lehmann.

Guion: Veit Harlan, Ludwig Metzger y Eberhard Wolfgang Möller.

Fotografía: Bruno Mondi.

Edición: Friedrich Karl von Puttkamer

      Esta película fue estrenada en 1940, en Alemania, a inicios de la II Guerra Mundial. El gobierno nacional socialista, tenía como agenda inculcar en su población sentimientos antisemitas para justificar la persecución que llevaban a cabo contra el pueblo judío. Son muchas las causas que llevaron a este momento oscuro de la Historia, entre ellas la “purificación” de la sociedad alemana, la cual era un pilar primordial en la construcción de este nuevo nacionalismo. Los nazis entendían que las manifestaciones culturales, incluido el cine, eran una herramienta que permitía posicionar “ideas” en la población. De esta forma, se iniciaron a producir películas, cuyo tema central era culpar a los judíos y a cualquier otra minoría de los problemas que se vivían en Alemania.

      El origen de la palabra semita tiene origen en el propio judaísmo. Es en el libro del Génesis, donde se clasifica la humanidad en tres cepas correspondientes a los hijos del patriarca Noé: Sem, Cam y Jafet, quienes habrían sobrevivido al diluvio. En la tradición judía, el pueblo de Israel desciende precisamente de Sem, de donde se origina el término semita. A partir del siglo XIX, la academia lingüística llamó pueblos semitas a los que hablaban lenguas originarias del medio Oriente. De forma paralela, en el contexto del auge de las teorías de superioridad racial, el término semita se inició a usar de forma despectiva para referirse a las personas judías. Ya en el siglo XX, se había teorizado el odio hacia estos pueblos y se le denominaba antisemitismo.

      Es un error pensar que el odio contra los judíos fue una invención de los nazis, más bien se remonta a la antigüedad. En la Roma Imperial, se le consideraba un pueblo tendencioso a la rebelión y voluble al fanatismo religioso. Hay varios escritos latinos donde se refieren a ellos de forma despectiva. Durante la Edad Media, cuando el cristianismo se posicionó en Europa, la discriminación contra los judíos se acrecentó aún más, principalmente por la percepción religiosa antagonista que tenían de Cristo. También encontraron recelo por su desarrollo cultural en torno al comercio y las finanzas, algunos judíos llegaron a acumular importantes riquezas y esto despertaba suspicacias y actos vandálicos. Los Pogromos, que fueron usuales en Rusia y Polonia, eran linchamientos masivos llevados a cabo para despojar a los judíos de sus bienes económicos. Las muchedumbres asaltaban con violencia pueblos o mercados judíos para saquearlos e incluso aniquilarlos. También podemos citar la persecución sufrida en España bajo el amparo de la Santa Inquisición.

      Este repaso histórico, nos deja claro que el antisemitismo no es exclusivo de la Alemania nazi. A inicios del siglo XX, el odio contra los judíos formaba parte de las culturas europeas, estaba generalizado y era aceptado por una parte muy importante de la población, incluso en el propio seno de la Iglesia Católica. A nivel histórico las responsabilidades deben darse a quien les corresponden, porque sería injusto culpar sólo a los nazis y absolver a sus cómplices. También podemos asegurar, de forma contundente, que el aporte de los nazis al antisemitismo fue atroz y lo llevaron a niveles nunca vistos. Con el fin de desaparecer a los judíos y apoderarse de sus bienes, los nazis sistematizaron la persecución, los aislaron en guetos, los deportaron masivamente, violentaron sus derechos en campos de concentración y cometieron innumerables aniquilaciones. Todo el poderío burocrático e industrial propio de la modernidad europea se puso al servicio de este vergonzoso episodio de la humanidad.

      Está claro que todo este vendaval no se dio de la noche a la mañana. Los judíos fueron perdiendo sus derechos de forma gradual y progresiva. Cuando los nazis llegaron al poder financiados por familias muy poderosas y por una gran proporción de las clases populares, se inició una campaña propagandística sistematizada en contra de los judíos. Se les culpó de la derrota de Alemania en la Gran Guerra y se les reprochó su falta de patriotismo y solidaridad para financiar la reconstrucción. Esta propaganda se manifestó en el currículo educativo, carteles, artículos de opinión y por medio del Cine.

      Uno de los artífices de llevar el antisemitismo al cine fue Paul Joseph Goebbels, quien ocupó el cargo de ministro de instrucción pública y propaganda en el Tercer Reich. Una de sus “obras maestras” fue precisamente una película titulada El judío, la cual narra de una forma caricaturesca, la vida de Joseph Süß Oppenheimer. En la realidad este personaje vivió entre 1689 y 1738 y llegó a ser asesor del duque de Wurtemberg Carlos I Alejandro. Durante su vida, logró amasar grandes riquezas gracias a su habilidad con las finanzas, pero cuando el duque murió, Joseph cayó en las garras de sus detractores. En su etapa final, fue acusado de varios delitos, entre ellos fraude, robo, hechicería y depravación. Siendo víctima de un juicio con tintes antisemitas, fue condenado a muerte.

      Sin embargo, la película muestra una versión totalmente distinta. La primera degradación que se le hace es el aspecto visual del personaje. Lo vemos como un ser lúgubre y demoniaco con el objetivo de predisponer al espectador de la incuestionable maldad del judío. Todos los actos que comete están motivados por su maldad, egoísmo, odio y lascivia. Con engaños, logra incidir en la desgracia del duque, enriquecerse de forma deshonesta, asesina a sus detractores y deshonra a una mujer alemana que termina quitándose la vida. El tema central es convencer al espectador de que los judíos se infiltran en la sociedad alemana y la corrompen desde adentro. Entonces, se entiende que la salvación del pueblo alemán es expulsar o aniquilar a todos los judíos. Esta película, evidencia que el cine se puede utilizar como un instrumento de poder para apoyar los proyectos culturales de una clase gobernante que controla un Estado. En este caso, funcionó para generalizar en la población el sentimiento antisemita y justificar cualquier acto discriminatorio contra ellos.

      La película fue un éxito, lo cual resulta vergonzoso. Para su producción se invirtieron casi 2 millones de dólares y su recaudación fue un poco más de 6 millones. En su primer año fue vista por más de 20 millones de espectadores. Incluso se continúa exhibiendo en círculos neonazis que predican teorías de superioridad racial. Como espectadores educados, debemos aprender que el cine es susceptible de ponerse al servicio de los valores de quienes lo financian. No todo lo que intentan inculcarnos a través de los medios de comunicación masiva es adecuado.