Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Por Ronald Obaldía González*

       LA REALIDAD DE SIEMPRE. Es revelador el fenómeno extendido de las tentativas a “la autocratización”, mediante “la lógica” del método del “acoso del poder”, acompañado de la degradación de las instituciones judiciales y del control político.

      El comportamiento asumido por los líderes “iliberales” y populistas, también lo repitió a su medida el mandatario ultraderechista perdedor. Se alineó con los que plantean el supuesto y falso recambio social. Se aprovechan de las debilidades funcionales y quizás estructurales de la burocracia estatal, de la desigualdad social, la escasa movilidad social, la corrupción – que además persigue al presidente electo -, así como el incumplimiento o el déficit de las políticas sociales del Estado democrático liberal, que a pesar de Bolsonaro, todavía sigue relativamente intacto en la nación amazónica.

       Ciertamente, la sociedad brasileña arrastra serias fragilidades económicas. Antes de las administraciones de Lula da Silva hubo desconexión de los poderes formales con las necesidades y las expectativas de la gente (Alberto Mora Román). El indiferentismo o “el menosprecio a la igualdad social” se transformaron en toda la evidencia, provocadora de los descontentos (antisistema) de la gentes.

       En el peor de los casos terminan aceptando, peligrosamente, la erosión de los fundamentos del Estado democrático. A causa de tales disrupciones, tampoco hay que extrañar el ascenso a la presidencia, primero, así también la elevada votación alcanzada esta vez por el propio Bolsonaro.

      EL FALLIDO MIMETISMO. Al hacer mención de Bolsonaro cabe tomar en cuenta la veracidad de los “emblemáticos” incidentes de carácter golpista del magnate presidente Donald Trump, referidos a la organización de las tentativas insurreccionales del 6 de enero del 2021 en el Capitolio (Washington). Lo que iba a servir de vehículo para la deslegitimación de la victoria del presidente demócrata Joe Biden, habida cuenta del presunto fraude, inexistente.

       En el refreno de la “cuasi insurrección”, luego se impone la verdad frente a la post-verdad de Trump, un desenlace que siguió igual cauce en días recientes. En este mes, el expresidente Trump se ha visto obligado a guardar silencio, en vista del desteñido resultado del Partido Republicano (GOP) en las elecciones de medio periodo, que tuvieron lugar en “el gran coloso del norte”. Lo que en adelante habría de augurar el desplome de su controvertido liderazgo en el “Gran Partido Viejo”.

       Lo último, un similar evento que podría exportarse, en detrimento de la ultraderecha brasileña, guiada por el actual gobernante. En el caso particular del narcisista Bolsonaro, ahora con el ánimo deshecho, deberá de resignarse en ser el primer mandatario brasileño, incapaz de haberse alzado con la reelección (Armando Hernández. La Opinión, México). Las encuestas se lo habían pronosticado.

       Afortunadamente, el magnate empeñado en volver a la presidencia, se estrelló con la solidez de la democracia estadounidense, al igual que las tentaciones de Jair Bolsonaro, quien hasta ahora se ha abstenido de aceptar la derrota. Lo positivo es que el ultraderechista Ejecutivo brasileño, lo mismo que Donald Trump, solo han conseguido apoyo para un mandato (El País_España): un alivio transitorio dentro de la comunidad democrática mundial. Por cuanto, el poder del radicalismo con Giorgia Meloni a la cabeza de Italia deja un panorama sofocante y pesimista.

       Como sea los conservadores y la ultraderecha (sin Bolsonaro) tampoco quedarán en el ostracismo; se rehusarán “a poner en juego innecesariamente la nueva mayoría ganada en el Congreso” en la pasada contienda. Más bien el gobierno brasileño ha adelantado los trabajos para el objetivo “del proceso de transición con el grupo de personas designado por Lula". Por su parte, el Ejército, en su primer pronunciamiento tras el término de las elecciones, ha expresado su renuencia a interferir con el cambio de gobierno, puesto que “piden que las disputas se resuelvan por las vías democráticas” (NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR).

       LEJOS DE SER UN ESTADO FALLIDO. A nuestro criterio, los desenlaces de octubre del 2022 devendrán en beneficio de la estabilidad democrática y la consolidación del Estado de derecho de la nación carioca. La cual se ha visto aislada a nivel internacional.

      El presidente suramericano entró en líos frontales sobre todo con el presidente Joe Biden y con los mandatarios europeos. A ellos les desagradaron sus posturas antidemocráticas, en cuenta el escepticismo suyo sobre el cambio climático (Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, 2019).

       Más que justificado (el aislamiento) ante las discordias por la cuestión de la Amazonia: un Patrimonio Natural de la Humanidad, según la UNESCO; gradualmente destruida por los incendios, permitidos por el Jefe de Estado. Se añaden las descoordinaciones con el gobierno en Brasilia, en lo relacionado con la atención internacional de la emergencia de la pandemia del covid-19, entre otras áreas de la cooperación y los intercambios económicos bilaterales y multilaterales.

       Constatado el veredicto popular, favorecedor del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, han comenzado a desmoronarse las protestas de los movimientos extremistas de derecha. Los reclamos negacionistas de ellos, suponiendo el fraude en las votaciones – recreación del frustrado mandatario - pierden valor, tras conocerse el incuestionable resultado de las votaciones en su contra.

       Los extremistas, desesperada e infructuosamente, optaron por suplicar el golpe de Estado a cargo de las fuerzas armadas – de odiosos credenciales en materia de derechos humanos -, con tal de evitar la tercera asunción de Lula (según ellos un comunista); cuyas calificadas habilidades y el buen olfato político se pondrán de nuevo a prueba en la búsqueda de los diálogos pluralistas a favor de la cohesión social y las cooperaciones nacionales e internacionales.

       Le corresponderá la misión de convertirse, junto con Geraldo Alckmin, el liberal vicepresidente electo de la República Federativa, en los baluartes de “la desbolsonarización divisiva”, mal movilizador de la intolerancia radical, el fundamentalismo religioso, el racismo, la deforestación y la devastación de la diversidad biológica del Amazonas, cuyo rol de sumidero del carbono es vital para el resto del planeta (Izabella Texeira, Ana Toni, Laurence Tublana). La destrucción amazónica estuvo asociada a la persecusión que los pueblos indígenas experimentaron.

       El territorio selvático ha sido objeto de la condenable e irracional explotación de una parte del poderoso e influyente sector empresarial de la agroindustria o de los agronegocios. Un sector responsable de más del 25% del PIB, pero desafectos a cualesquier medidas ambientales, lo que explica que fueran de los donantes de la campaña electoral de Bolsonaro – (Camila Villard Duran. DW_español. Alemania).

También de las deforestaciones amazónicas y demás ecosistemas aparecen involucrados los terratenientes, los mercaderes mineros, madereros, ganaderos, aquella toda especie de depredadores, adheridos a las políticas ultra-neoliberales del gobierno vigente hasta enero del 2023.

       CON UNA VISIÓN RENOVADA. Los probados antecedentes de los mandatos de Lula nos permiten anticipar las calificadas capacidades suyas, para favorecer la impostergable reconciliación nacional. Seguros estamos que dará curso a la recuperación de las actividades económica y comercial, la inversión y el turismo, hoy desaceleradas a nivel global, en razón de los altos costos de la emergencia sanitaria relacionada con el covid-19.

       Él sabrá cómo reducir las brechas sociales, de ello posee calificado conocimiento y experiencia. Porque tiene autoconciencia de lo que quieren los brasileños: "Vivir, comer y tener una buena vivienda".

       La elevada cultura política del próximo mandatario de esa reconocida potencia mundial, constituye el capital natural, que lo tiene capacitado en lidiar con las severas consecuencias socioeconómicas, acumuladas por la guerra entre Ucrania y Rusia, manifiestas a través de los fluctuantes precios de los energéticos, unidos a la gradual inflación y el faltante de alimentos. En las subrayadas alteraciones y penurias, entre otras complicaciones, Brasil registra efectos adversos, tampoco de ellas se exime el norte y el sur globales.

       En otro orden, resulta equivocado concebir el regreso de Lula da Silva al Poder Ejecutivo como la estricta culminación "de un ciclo de victorias en la izquierda latinoamericana”, la cual está distante de ser un bloque homogéneo (Javi López. El País_España).

       Al tiempo que el Partido de los Trabajadores “es uno más”, de una coalición amplia, pluralista, la cual integra a otras nueve fuerzas políticas de diferentes y actualizados pensamientos y programas políticos. Todas ellas se unieron ante el deseo de terminar con los años de Bolsonaro (El País_España. López, idem).

       Ha sido uno de los iniciales aciertos de él haber incorporado en su fórmula electoral, y en este instante el Vicepresidente electo, a Gerardo Alckmin, perteneciente a la derecha liberal; fue su contendiente en las elecciones presidenciales del 2006. Desde la Vicepresidencia, Alckmin estaría en capacidad y habilitado de coordinar la política económica del próximo gobierno.

       La alianza que triunfó sobre la ultraderecha es de igual modo un triunfo de las democracias occidentales, de los derechos humanos, del ecosistema de la Amazonia, también del clima planetario, e inobjetablemente para la salud y estabilidad política del talentoso pueblo