Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Por Carlos Picado Morales*

    Treinta años atrás se inició una revolución tecnológica que impactó muy positivamente la producción editorial en nuestro país y en el mundo. Antes de ese momento, la producción editorial era muy rudimentaria y no favorecía la publicación a tiempo y oportuna de materiales, documentos y libros del quehacer universitario. En el proceso de preprensa o preimpresión, para realizar las artes finales, se utilizaba una plantilla trazada sobre un acetato. En el acetato se colocaba una hoja de papel y sobre esta hoja se pegaban, con una cera especial, los textos según lo establecido en el diseño.

     El total de los textos lo conformaban las llamadas galeras, que eran unas tiras largas de papel. También se le denominaba galerada. Esos textos eran levantados mediante máquinas de escribir diseñadas para ese propósito, pues estas tenían bolas de tipos; es decir, estas tenían de realce una letra u otro signo, que permitían cambiar las características tipográficas y así marcar las diferencias en los textos o en los caracteres.

     Para efectuar las correcciones en las galeras de texto, estas se marcaban con un lápiz de color azul o rojo –se utilizaban estos colores porque no eran sensibles a la luz del proceso de fotomecánica – y se realizaban de forma manual. Luego de cortar y extraer con bisturí las letras o palabras con errores, las correcciones se pegaban con la cera especial que facilitaba su incorporación.

     Los folios, los textos de las cabezas o los textos de los pies de página, se pegaban uno a uno, en todas las páginas de cada arte final. Con un papel fotográfico se trabajaban imágenes y dibujos para ilustrar aquellos contenidos que así lo requerían y, de igual manera, estos se insertaban de forma manual, según lo previsto y dispuesto en el diseño de cada página.

     Luego de terminar las artes finales, se procedía a realizar los negativos en película. En otras palabras, se le tomaba una fotografía a las artes finales. Además, esos negativos se pasaban por tres recipientes: uno con revelador, otro con fijador y el último con agua. Como parte del proceso de perfeccionamiento, se retocaban con un pincel y un producto llamado “opaque”; igualmente, esta parte del proceso se hacía a mano.

     Finalizado el retoque de los negativos, seguía el montaje de estos en un papel especial llamado máscara, donde, los negativos se colocaban, uno a uno, en ese papel, para formar cada pliego del contenido que llevaría el documento completo. Esa parte del proceso se hacía de acuerdo con el tamaño del corte de papel en el que se imprimiría el documento final.

      Realizados esos procesos de preprensa, se trabajaban las planchas; para esta fase se colocaban los pliegos del montaje de los negativos sobre la plancha y se exponían a una luz especial. Luego, esas planchas se revelaban, también de forma manual, para colocarlas posteriormente en la máquina de impresión que permitiría la reproducción de la cantidad de ejemplares requerida del documento.

     Los avances tecnológicos vinieron a cambiar totalmente la forma de trabajar e impactaron, en un primer momento, los procesos de preprensa y luego les tocó a los procesos de impresión.

     En la parte de preprensa, con la aparición de computadoras y programas especializados para la producción gráfica, se revolucionó la forma de trabajar los textos para generar las artes de los documentos; sin duda fue un salto que posibilitó que varias tareas realizadas manualmente, quedaran en el olvido; por ejemplo, el levantado de textos empezó a llevarse a cabo en archivos digitales y ya no en galeras; también, se eliminó el uso del bisturí y del lápiz con el que se hacían las correcciones en papel; ahora, esas correcciones se pueden hacer directamente en el archivo digital.

     La diagramación de los textos para las artes finales se empezó a elaborar de forma digital. Con los textos digitales, las imágenes y los dibujos para ilustrarlos también se digitalizan; atrás quedó el papel fotográfico. Ahora, según los programas informáticos existentes para la creación y diseño de textos, este proceso se basa en las páginas maestras; es decir, en el modelo de página que se define dentro de un documento como el fondo para la creación de páginas reales.

      Mediante las páginas maestras, se crea el marco de los textos, donde los elementos repetidos se colocan en la cabeza o al pie de las páginas, mientras los folios van de forma automática en cada página, al posibilitarlo el programa. Definidas esas características, en las páginas maestras se incluían las páginas necesarias requeridas por el documento.

     La elaboración de los negativos encontró un medio más sofisticado y se inicia el uso de los equipos de fotocomposición, equipos especializados para procesar los negativos, de donde salen totalmente listos para el proceso del montaje.

     Al igual que sucedió en los procesos de preprensa, en los de impresión, la tecnología siguió avanzando y hace aproximadamente quince años aparecen los equipos CTP. Con estos equipos y con la nueva tecnología de punta, se logra pasar de los procesos manuales de preprensa a realizar la diagramación de textos y los montajes de páginas de artes finales de forma electrónica en programas de cómputo especializados para esos efectos, pero también, se da un progreso muy importante porque esas nuevas tecnologías permiten la eliminación de los negativos —lo que ocasionó una disminución de los químicos utilizados en ese proceso, impactando de forma muy positiva el medio ambiente al mitigar la contaminación producida— y de los montajes que se hacían de forma manual, reduciendo con ello la cantidad de procesos y pasando directamente de la computadora a la plancha (CTP) o a un medio de impresión digital; estos últimos de aparición más recientes.

     Ambos sistemas, el CTP y la impresión digital, desplazan, por completo, todos los procesos manuales; esto es, vienen a revolucionar el campo editorial, e inclusive también hacen obsoletos el uso de los equipos de preprensa existentes hasta ese momento, como la procesadora de negativos, y dan paso a formas altamente efectivas, renovadas y eficientes de producir.

     El avance tecnológico también faculta reducir los tiempos de producción, mejorar la calidad de los documentos y abrir la posibilidad de la producción bajo demanda, que ayuda a reducir los altos costos de mantener grandes cantidades de material impreso en inventario, pero sobre todo, se logra impactar la forma de ofrecer, de publicar y de divulgar el conocimiento, la investigación y la docencia que se genera desde y en las universidades públicas de nuestro país. Esta evolución en los procesos y en la tecnología, es lo que permite que la producción de material impreso pase de lo antiguo a lo moderno.

*Carlos Picado Morales, Fue miembro del Consejo Universitario, Universidad de Costa Rica. Dirección de contacto:  Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Biblio-Enlace: Cátedra de Gestión y Servicios en BUI-ECSH-UNED: //www.historiauned.net/lrobles/AppData/Local/Microsoft/Windows/Temporary%20Internet%20Files/Content.Outlook/9OZFUZ7N/Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo." style="box-sizing: border-box; color: rgb(0, 153, 255); text-decoration: none; background-color: transparent;">Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.