Por Sonia Vargas Fernández*
Don Rodrigo Agüero Valverde nace en el distrito de Ureña (hoy distrito San Isidro) el 22 de mayo de 1940 en el hogar conformado por doña Aracelly Valverde Calderón y don Gustavo Agüero Barrantes. Cursó sus estudios primarios de I ciclo en la escuela Gustavo Agüero Barrantes (misma que lleva el nombre de su padre), y los estudios primarios de II ciclo en la escuela Mixta de Pedregoso. De ambas instituciones guarda grandes recuerdos, asegura don Rodrigo, que la escuela para él era un lugar de interés, de aprendizaje y entretenimiento al que le gustaba mucho ir. Además de aprender hizo grandes amigos que perduraron con el paso del tiempo, y a quienes les guarda gran aprecio.
Recuerda con gran cariño a sus maestros, pero con especial afecto a don Genaro, el cual le enseñó a tratar bien a la gente para recibir el mismo trato, según don Rodrigo los maestros eran amigos de todas las personas del pueblo, se relacionaba en las actividades culturales como turnos, partidos de futbol y actividades religiosas; eran muy queridos y respetados. Con nostalgia menciona, eso se perdió; porque los maestros en la actualidad pasan muy ocupados con tanto papeleo y enseñar ya no es prioridad.
Añora los juegos tradicionales que los niños practicaban en esa época, como mirón, mirón, brincar la cuerda, el trompo y las carreras con otros niños, por eso asegura que no había niños gordos, se gastaba mucha energía en el campo.
Su padre muere muy joven (48 años), don Rodrigo con 22 años toma parte de las responsabilidades de la familia, como hermano mayor se solidariza con su madre para sacar adelante a sus ocho hermanos, Agnes, Betty, Olger, Alex, Danilo, Gustavo, Geovanna y Ronald.
Debió hacerse cargo de la finca que les dejó el padre al fallecer, herramienta de salvación para la familia, en ella cultivaban café que cosechaban entre la familia y algunos peones, además tenían ganadería de leche, recuerda que ordeñaban 22 vacas que daban 150 botellas, mismas que vendían en las comunidades vecinas. Indica don Rodrigo que ordeñar es muy candado, solo se llega a ser ágil con la práctica, pero era inevitable porque la necesidad de ingresos imperaba.
Una anécdota curiosa que narra don Rodrigo es cuando fue a la Catedral a pedirle permiso a Monseñor Delfín Quesada Castro para repartir la leche el viernes Santo, ya que la creencia era que si no lo hacía lo excomulgaban. La preocupación era que además de venderle a los vecinos y comerciantes surtía de leche al hospital, allí los pacientes no podían quedarse sin el delicioso líquido por eso la petición al obispo.
Cuenta don Rodrigo que sus primeros trabajos fuera de la finca fue un cine, lo llamó Astral, acondicionó un local que le alquiló la Junta de Educación de la escuela y allí proyectaba películas mexicanas, tenía entradas de 50 céntimos y de un colon. Sus clientes eran personas de los pueblos vecinos, debido a que no había televisión el cine era toda una novedad y una forma sana de recrearse. Para avisar a sus clientes que la película iba a empezar sonaba una sirena varias veces, de manera que el sonido llegara a la mayor cantidad de personas. Sin servicio eléctrico una planta de diésel era la encargada de alumbrar unos cuantos bombillos y de proyectar la película, como anécdota jocosa narra don Rodrigo que una vez una película solo le dejó 16 colones de ganancia, frustrado se los jugó en lotería y se ganó 7000 colones, eso fue una felicidad porque era un montón de plata para esa época.
Con 27 años y después de cinco años de jalar don Rodrigo se casó el 23 de diciembre de 1967 con doña Vera María Rivera Castro en la Catedral de San Isidro de El General, con ella lleva 56 años casado. Nunca abandonó a su madre y hermanos, siguió colaborando con ellos en todo lo posible, más bien su esposa pasó a ser parte fundamental para seguir apoyándolos. Don Rodrigo y doña Vera procrearon dos hijos, Helbert y Carlos, y para alegrar su corazón tiene un nieto; José Pablo.
Por otra parte también dedica su vida a su familia, don Rodrigo se ha dedicado a servir en el cantón de Pérez Zeledón y en su amada comunidad, ha visto crecer a San Ramón Sur, pasó de ser un caserío muy pequeño a ser en la actualidad la cabecera del distrito de Páramo, comunidad próspera en la cual se mezcla la agricultura y la ganadería con el sector terciario de bienes y servicios.
Fue don Rodrigo, 30 años presidente de la Asociación de Desarrollo de San Ramón Sur, además de sindico, regidor, jefe de maquinaria del Ministerio de Obras Públicas y Transportes, miembro de la Comisión de Obras de la Municipalidad, desde esos puestos luchó por mejoras y aperturas de caminos vecinales de varios distritos del cantón de Pérez Zeledón, construcción de puentes, apertura de plazas de deporte, EBAIS, y salones comunales.
Recalca don Rodrigo, toda esa labor la realicé con rectitud, orden y poniendo por delante los valores que deben emplearse cuando se trabaja con bienes públicos. Reconoce que para lograr mejoras en los pueblos hay que meterse en política, estar cerca de los que tienen poder, pero menciona que mientras se haga con honradez y de acuerdo con el orden jurídico está bien, porque es en bienestar de la comunidad.
Con 82 años don Rodrigo Agüero Valverde se siente satisfecho, contento por lo vivido, se siente orgulloso por la labor cumplida como hijo, hermano, esposo, padre, abuelo y miembro de una comunidad. Agradece a Dios por haberle dado tanto, indica que para hacer patria se debe iniciar desde la base que es el lugar donde se vive. Hombre querido en San Ramón Sur, y reconocido en el cantón de Pérez Zeledón; las personas agradecen su aporte, la incansable lucha que tuvo sin más recompensa que ver surgir a sus semejantes. Su solidaridad se reconoce y aplaude, gracias don Rodrigo por hacer de Costa Rica un mejor país, por mostrar que cuando se hace la labor con esmero se reciben frutos abundantes.
*Sonia Vargas Fernández. Profesora de la Cátedra de Historia. Correo electrónico:
