Causas y consecuencias
Elaborado por MSc. Alberto Enrique Rojas Vásquez
En el mes de abril del presente año se cumplen doscientos años de la primera guerra civil en Costa Rica, la cual determinará, no sólo el traslado geográfico del centro del poder del naciente Estado a la Villa Nueva de San José, también tendrá como corolario el acceso de un sector burgués que rivalizaban desde tiempos coloniales con Cartago, la antigua capital colonial.
Las postrimerías coloniales del siglo XVIII arrastraron a Costa Rica a una economía de exportación ligada a los puertos autorizados por la Corona española, tales como León, Nicaragua, y Portobelo en Panamá; estos lugares de encuentro comercial fueron las vías para el tráfico de mercaderías hacia España. El desarrollo de cultivos: cacao, palo del Brasil, caña de azúcar y el tabaco, complementándose con la actividad minera y ganadera, se constituyeron en la fuente de riqueza colonial a lo largo del Valle Central, pero no fue distribuida proporcionalmente a sus poblaciones, lo cual generó discordia entre las localidades de Heredia, San José, Alajuela y Cartago (esta última era la capital de la gobernación de Costa Rica).
A partir de 1766, de acuerdo con Solórzano (2014), la Corona española ordenó la creación de las factorías del tabaco y estancos de licor, en la sección occidental del Valle Central debido a su clima y suelos, lo que garantizó un dinamismo urbano, un aumento de riqueza e intercambio de mercancías. Pero estas ordenanzas afectaron a Cartago, favoreciendo a los centros de población de San José y Heredia, lugares donde se asentaron un sector importante de comerciantes; beneficiándose con el crédito y el acceso a mercados por vía marítima, más rápida al mercado de Granada, Nicaragua, esto si se compara con el tortuoso camino de mulas. (Gudmundson,1993: p.62).
La organización económica colonial persistió en las primeras décadas del siglo XIX, a pesar de la separación de Costa Rica en 1821 de España, lo que repercutió en dependencia hacia el mercado externo, y a nivel político, generó debilidad en la estructura de un poder centralizado. Al respecto, explica Molina (2000) que con la independencia “…la esfera del poder, en el contexto de cambios económicos y sociales, varió sin tardanza. La estructura política, que prevalecía en vísperas de la independencia destacaba por un soberanía fragmentada, basada en los cabildos, que alentaba las identidades locales” (p.44-45).
La fragmentación del poder y la oposición entre la economía urbana-capitalista de San José y la cerrada o colonial de Cartago, planteada por el historiador Rodolfo Cerdas (1978), siguió después de 1821, como una la lucha antagónica entre la naciente burguesía josefina y la sustentada por la aristocracia cartaginesa.
Ante lo descrito, las rivalidades entre las fuerzas cartagineses y de los demás cabildos, se mantuvieron ante la indecisión por conformar una sistema político-jurídico coherente, evidenciado en el Acta del 29 de octubre de 1821 y el Pacto Social fundamental Interino de Costa Rica o Pacto Concordia en 1821 (Botey, 2002, p. 215-2017). Este último documento, se fundamentaba en limar las diferencias entre los habitantes de las localidades de Cartago, Heredia, San José y Alajuela, particularmente sobre las alternativas políticas que había generado la independencia, situación que no sucedió.
Aunado a lo anterior, no cabía en las discusiones de los primeros ciudadanos libres, la idea de una Costa Rica como unidad política funcional y autosuficiente, debido a la pequeñez territorial y poblacional, la cual estaba asociada a una economía poco desarrollada y dispersada geográficamente de Cartago. Estas elucubraciones consternaron a los miembros de las Juntas de Legados y posteriormente la Junta Superior de Gubernativa e Interina de Costa Rica, órganos que se esforzaron por decidir la forma de gobierno apropiada (Molina y González,2016, p. 68-71).
Sobre lo anterior, Meléndez y Villalobos (1973) mencionan el:
“…1° de noviembre (1821) siguiente se celebró en San José un cabildo abierto en el que se tomaron algunos acuerdos, que traslucían va cierta disconformidad con algunos puntos de la aprobación en Cartago el día 29 (noviembre), en especial en lo referente a la obediencia al imperio mexicano, cosa que los josefinos consideraban improcedente”. ( p. 101)
Para 1822, la Junta Gubernativa tuvo que afrontar dificultades debido a las rivalidades localistas y antagonismos políticos entre los habitantes. Esta divergencia de opiniones generó dos tendencias: los imperialistas o unionistas y los republicanos o liberales. Los primeros se inclinaban por mantener la hegemonía de Cartago, papel que desempeñó durante la colonia, y sobre la posibilidad de anexar a Costa Rica a una unidad política más grande, como el Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide, recién proclamado emperador de México ó a Colombia (Meléndez, 1973). Los segundos, los republicanos, no aceptaron tales opciones y abogaron por un Estado con absoluta independencia jurídica y política.
Con la instalación de la Segunda Junta Superior Gubernativa el primero de enero de 1823, con un mayoría de miembros republicanos-liberales, generó gran descontento en las fuerzas conservadores de la tesis de unir a Costa Rica a México.
Al respecto, Fernández (1984) explica lo acontecido
“Los imperialistas se apoderaron del cuartel de Cartago el 29 de marzo de 1823 y proclamaron el imperio mejicano apoyados por Heredia. A la voz de don Gregorio José Ramírez se levantó entonces Alajuela en favor de la república y San José también, marchando las fuerzas de ambas ciudades contra Cartago. Republicanos e imperialistas se encontraron en el Alto de Ochomogo por la mañana del 05 de abril y allí se derramó la primera sangre costarricense en guerra fratricida.” (p.79)
De dicho enfrentamiento, salió victorioso los republicanos obligando los Cartagineses a capitular mediante las armas, trasladando la capital a San José por decreto del Congreso, que a la postre ocasionaría más disgustos entre las provincias.
A manera de conclusión
La Guerra de Ochomogo en 1823, como se evidenció en las fuentes históricas, fue el resultado de un débil control centralizado, legado desde la colonia, arrastrándose localismos que surgieron por las actividades económicas separadas geográficamente de la metrópoli cartaginesa.
La Corona española en tiempos coloniales se enfocaron en apoyar actividades que abastecieran el flujo comercial hacia la península, por lo que colateralmente, divide los intereses económicos y sectores del valle Central. (Germen del antagonismo entre ayuntamientos).
Una vez trascurrido el proceso de independencia, los antagonismos políticos aumentaron entre los cartagineses y josefinos, situación que se evidencia de los primeros documentos que originan la organización de Costa Rica.
La Guerra Civil en las colinas del Ochomogo, que separan Cartago de San José, fue claramente la defensa de intereses de un sector que veía más favorable unirse a estructuras políticas imperialistas, como opción más viable ante una Costa Rica que surgía con claras debilidades socioeconómicas y geográficas, cuyos resultados favorecieron la centralización estatal y la pérdida de numerosas vidas.
Fuentes consultadas:
-Botey, A.: coordinadora (2002) Costa Rica desde las sociedades autóctonas hasta 1914. San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica: Cátedra de las Historia de las Instituciones.
-Cerdas, R. (1978) Formación del Estado en Costa Rica. San José, Editorial Universidad de Costa Rica.
-Fernández, R. (1984) Cartilla Histórica de Costa Rica. San José Costa Rica, Lehmann editores.
-Gudmundson, L. (1993) Costa Rica antes del café. San José, Costa Rica, Editorial Costa Rica ,1993.
-Meléndez, C. y Villalobos, J. (1973) Gregorio José Ramírez. San José, C.R., Edición Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes.
-Molina, S. y González, E. (2016) Historia de Costa Rica. san José, C.R. Editorial Universidad estatal a Distancia.
-Molina, I. y Palmer, S. (2000) Historia de Costa Rica. San José, C.R. Editorial de la Universidad de Costa Rica.
-Solórzano, J. (2014) La Sociedad Colonial 1575-1821. San José, C.R., Cuadernos de Historia de las Instituciones de Costa Rica, #24, Editorial Costa Rica.
