Por MSc. Ronald Eduardo Díaz Bolaños*
Hoy nos corresponde hacer un análisis de la obra Para escribir la historia. Una invitación (2015) del científico social Mauricio Menjívar Ochoa y que lleva el número 27 de la Colección Cuadernos de Historia de la Cultura, producida por la sección del mismo nombre adscrita a la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica. El autor es un científico social de origen salvadoreño, hijo del economista y politólogo Rafael Menjívar Larín (1935-2000) y hermano del escritor y periodista Rafael Menjívar Ochoa (1959-2011), quien se ha destacado en el campo de la Historia por sus aportes en áreas tan diversas como el estudio de la niñez y la infancia, la construcción de las masculinidades, los estudios transareales y la transculturalidad en Centroamérica y el Caribe.
En esta obra, mediante un lenguaje sencillo que está al alcance de un público amplio, Menjívar aborda la manera en que las historiadoras y los historiadores desempeñan su labor en el campo de la ciencia social cuyo objeto de estudio es la sociedad humana desde una perspectiva temporal. No obstante, a través del texto, el autor destaca que la historia no es una simple construcción de hechos que tuvieron lugar en el pasado sino que más bien el historiador y la historiadora se aproximan al pasado desde la mirada del presente, con el propósito de responder a las preguntas que se hacen acerca de la sociedad en la que viven.
En el texto se aborda la diferencia del concepto de historia como producto de la experiencia humana, como ciencia social y como un conjunto de obras que se refieren a la forma en que se han venido documentando y analizando los hechos y procesos del pasado, en este caso, la historiografía.
Para el desarrollo del argumento, el autor recurre a varias citas de obras de célebres historiadores como Marc Bloch (1886-1944), Edward Hallett Carr (1892-1982), Georges Duby (1919-1996), Lucien Febvre (1878-1956), Eric Hobsbawm (1917-2012), Jacques Le Goff (1924-2014), Antoine Prost (1933), Edward Palmer Thompson (1924-1993) y Pierre Vilar (1906-2003), para enfatizar el papel que ha tenido la historia para la comprensión de las sociedades humanas en el presente.
Queda bastante claro que a diferencia de la concepción tradicional del positivismo histórico que consideraba a la historia como el recuento de las acciones de los grandes hombres, esta viene siendo más bien una construcción colectiva producto de los aportes de los seres humanos que integran una sociedad, lo que hace más compleja la explicación de los procesos que tuvieron lugar en el pasado, como se ejemplifica en la explicación ofrecida por Hobsbawm sobre los orígenes de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) producto de un contexto de disputas imperialistas entre las potencias europeas de la época, en vez de atribuirlo a las acciones de los gobernantes de dichos países en su tiempo.
Se insiste también en que la historia debe analizar las continuidades y los cambios presentes en las sociedades a través del tiempo cronológico y retoma el concepto de las diversas duraciones del tiempo histórico propuesto por Fernand Braudel (1902-1985), que va desde los acontecimientos que suceden en cuestión de horas o días a las estructuras que se van prolongando lentamente y pueden trascender los siglos y milenios.
Menjívar también realiza una síntesis de cómo las y los historiadores realizamos nuestra labor como científicos sociales, al emplear un método en el que se parte de una pregunta de investigación que permite buscar las fuentes requeridas para aproximarnos al pasado y construir los datos a partir de la información que estas nos ofrecen, por lo que se distancia de la idea tradicional que el dato es el simple resultado de un acontecimiento que tuvo lugar en el pasado. Esos datos se interpretan mediante el empleo de una teoría que permite explicar los procesos históricos para la comprensión de un pasado que es interrogado por las y los investigadores en el campo de la historia.
Tradicionalmente, las fuentes han sido asociadas a los documentos conservados en archivos y bibliotecas, pero el autor enfatiza la amplia gama de fuentes que cuenta el historiador, que incluso puede recurrir a los testimonios orales para comprender el pasado y lo ejemplifica al resumir el relato de Caperucita Roja como se contaba entre los campesinos franceses del siglo XVIII y que le permitió a Robert Darnton (1939) investigar su vida cotidiana y sus actitudes frente a la realidad que vivían.
Dentro de la investigación histórica, merecen atención los conceptos, que las y los historiadores construyen a partir de sus fuentes y que permiten esclarecer la dinámica de los procesos investigados e interpretados desde la teoría, sin que esta se aplique como mera “camisa de fuerza” que restrinja el quehacer de la persona profesional que investiga la historia, sino que ésta, con base en ella puede orientar su trabajo.
Ciertamente, las teorías que emplean las y los historiadores contribuyen a explicar los procesos que han experimentado las sociedades a través del tiempo y aunque estas y estos científicos sociales traten de mostrarse lo más imparciales frente a los hechos que construyen, pertenecen a un tiempo y una sociedad que contribuye a moldear las preguntas que les permiten iniciar su trabajo. En este sentido, Menjívar advierte: “cuando una historiadora o un historiador escriben historia, lo están haciendo desde el presente. Al ser un hijo de su tiempo, se formula preguntas que son propias de su época, de la sociedad que le condiciona, de las relaciones en las cuales se encuentra atrapado” (p. 39).
Al escribir desde el presente, las y los historiadores escriben desde el contexto político, económico, social y cultural en el que se desenvuelven y esto les invita a comprometerse con la sociedad en la que viven y trabajan. De esta forma, ellas y ellos al tener como referente al presente, se interrogan el pasado buscando respuestas para comprenderlo y fruto de ello, hacer que el resto de la sociedad se cuestione a sí misma sobre sus orígenes y los procesos que la han moldeado.
La invitación que nos hace Menjívar está abierta, no solo para quien se dedica investigar la historia sino para toda aquella persona que se sienta apelada por conocer el presente a la luz de los procesos que han marcado la sociedad a la que pertenece y proyectarse hacia un futuro que está en un constante proceso de construcción.
*MSc. Ronald Eduardo Díaz Bolaños. Correo electrónico:
