Ficha Técnica
Dirección: Ted Kotcheff.
Producción: Buzz Feitshans.
Guion: Michael Kozoll, William Sackheim, Sylvester Stallone.
Basada en: Primera sangre, de David Morrell.
Música: Jerry Goldsmith.
Fotografía: Andrew Laszlo.
Montaje: Joan E. Chapman.
Año: 1982
Duración: 97 minutos.
Traer una película del Cine de Acción a un espacio donde se analiza cine histórico podría sonar incongruente. Peor aún sí esa película pertenece a una de las sagas más sangrientas que ha emanado de Hollywood, pero todo tiene su razón. Estamos claros que esta película no aborda un hecho histórico como tal, pero sí toca una situación histórica de mucha importancia: ¿Cómo reciben las sociedades a los soldados que vuelven a su casa después de haber arriesgado su vida por el país? De Rambo, ha calado más la imagen típica de un hombre semidesnudo, musculoso, desgreñado y que carga una ametralladora enorme. Sin embargo, la primer película de la saga va más a allá de este cliché. “Rambo: First Blood” es totalmente distinta y conlleva una fuerte crítica a la sociedad occidental. Aunque la violencia es el eje central de la trama, a mi me caló más su mensaje secundario.
Primero vamos a relatar algunos aspectos biográficos de Rambo, el protagonista. Fue un joven más que acudió al llamado de la clase política para enlistarse en el ejército y pelear en Vietnam. Por supuesto que la propaganda del gobierno les vendía a los jóvenes cadetes que pelearían por la paz, la justicia, la libertad, la solidaridad y el bienestar de la loable sociedad estadounidense que merece sobrevivir sobre cualquier otra. Lo que muchos jóvenes no entendieron es que la guerra respondía a intereses particulares de oligarcas estadounidenses, vinculados a la industria armamentista y que financiaban campañas electorales. Una vez en la guerra, Rambo fue reclutado por un cuerpo de élite y entrenado como una máquina de matar. Ahí fue testigo de toda la violencia habida y por haber. Fue hecho prisionero, fue torturado, vio amigos morir de formas macabras y tuvo la necesidad de matar a otros seres humanos para sobrevivir. Todo esto hace que Rambo se vuelva una persona desequilibrada con tendencias a resolver cualquier violentamente. Una vez que la guerra termina, el gobierno le dice adiós, le paga una pensión mensual que apenas le alcanza para vivir y lo abandona en una sociedad que no lo comprende.
Al inicio de la película, Rambo camina despreocupado por una pequeña ciudad y es abordado por un comisario. Dado su aspecto desaliñado, el policía sospecha que Rambo es un delincuente en potencia y decide sacarlo de la ciudad para evitarse problemas. Entonces vemos el primer factor común de la sociedad estadounidense: Contar con cuerpos policiales que suelen abusar de su poder y violentar las libertades individuales de los ciudadanos. Esto lo hemos visto mucho, incluso fuera del cine. Podemos recordar el caso de un policía que asesinó a un hombre indefenso colocándole la rodilla en el cuello. Una vez que el policía saca a Rambo de su jurisprudencia y después de haber violado su derecho constitucional de libertad de tránsito, el exsoldado decide regresar a la ciudad.
Cuando el comisario lo encuentra de nuevo, lo requisa sin haber presunción de delitos (segunda violación a sus derechos), entonces le encuentra un cuchillo y decide arrestarlo sin ningún indicio de criminalidad, otra violación más. En la comisaría, Rambo es golpeado, humillado y torturado por los policías. Aquí el exsoldado revive los traumas de la guerra, se defiende, escapa, roba una motocicleta y se interna en la montaña. Para su mala suerte los policías lo persiguen y uno de ellos muere. Ahora tienen un pretexto para darle caza y la película entra en el ámbito de la violencia extrema y lo inverosímil.
Por supuesto que la película es entretenida, y desgraciadamente pone el dedo en la llaga de la brutalidad policial que se vive en Estados Unidos, y este es uno de los aspectos que el director quiere hacer sobresalir. Pero vemos contradicciones aún más profundas. En realidad, la sociedad estadounidense no estaba prepara para recibir a los veteranos de Vietnam. El gobierno los formó, los usó, los traumó y a los pocos que sobrevivieron los tiraron al mundo sin ni siquiera ofrecerles terapia psicológica. Aunque en el discurso el héroe de guerra ha salvado a la nación, en la práctica los exsoldados reciben todo tipo de discriminación, principalmente por su tendencia a resolver los conflictos con violencia. Y aquí notamos algo macabro, cuando la mente de un joven se programa para matar sin misericordia, tal cual se enseña en los ejércitos, muchos nunca lograrán adaptarse totalmente a la convivencia pacífica.
Sabemos que Sylvester Stallone no es el mejor actor musculoso de su época, pero hace bien el papel, creo que no se esfuerza mucho y sin embargo el papel es convincente. Rambo está programado para sobrevivir, es ingenioso para resolver problemas, pero no es totalmente racional. Al final de la película, en la escena más emotiva, el actor sobreactúa un poco, pero su discurso es revelador. Deja escapar toda su frustración entre llantos, cómo el recuerdo de haber visto morir a sus amigos lo atormenta y cómo siente el rechazo de las personas por las cuales él peleó.
Esta película es de las que ponen el dedo en la llaga, de las que penetran los tuétanos de la sociedad estadounidense, por eso es buena, su intención es incidir en el cambio de mentalidad. Al fin y al cabo, la desmilitarización de una sociedad que ha crecido peleando, es complicada. La película fue filmada en los 80, cuando no había CGI ni pantalla verde, entonces los equipos salían al campo a filmar. Los paisajes naturales le dan un toque de realismo a la fotografía que se ha perdido. Los efectos especiales son ingeniosos y convincentes. El ritmo de la película es bueno, ascendente y atrapa. Pero hasta ahí llegó, luego la saga se convirtió en un panfleto de la Guerra Fría que promueve la intolerancia entre los pueblos. Curiosamente, lo mismo le ocurrió a la otra saga de Satolle: “Rocky”.
*Mag. Wagner Ramírez Arroyo, Docente universitario de la Cátedra de Historia de la UNED, Bachiller en la Enseñanza de los Estudios Sociales y la Educación Cívica por la Universidad de Costa Rica y Licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad Americana. Correo electrónico:
